jueves, 12 de marzo de 2020

LA ORACIÓN POR MEDIO DE CRISTO.

  La oración es abrirel corazón o el almaa Dios en una forma sincera, sensible 1:f afectuosa, por medio de Cristo, con la ayuda y en el poder del Espíritu Santo, para cosas comolasque Diosha prometido, o que son conforme a la Palabra de Dios, para el biende la Iglesia, sometiéndonos en fe a la voluntad de Dios.

   Debemos añadir por medio de Cristo a toda consideración de la  oración con el fin de saber si es o no una verdadera oración, aunque en apariencia pueda parecer eminente y elocuente. Cristo es el camino. Jesucristo es la persona por medio de la cual tenemos acceso a la presencia de Dios. Sin Cristo, nuestros deseos no caerán bajo el cuidado de Dios. Las Escrituras lo indican muy claramente, porque Jesús declaró: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan. 14:6). Y notemos, además, que Jesús también dijo: "Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré" (Juan. 14: 13,14). 

   Así lo hizo Daniel cuando oró por el pueblo de Dios. Lo hizo en el nombre de Cristo: 'Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor" (Daniel. 9:17). Y encontramos que David hizo lo mismo: "Por amor de tu nombre, oh Jehová", es decir, en el nombre de Cristo, "perdonarás también mi pecado, que es grande" (Salmos. 25:11).

   No todos los que mencionan el nombre de Cristo en oración auténtica, oran verdadera y eficazmente a Dios en el nombre de Cristo o por medio de Él. La parte más difícil en la oración es acercarse a Dios por medio de Cristo. Una persona puede ser sensible a las obras del Señor y desear sinceramente su misericordia y, no obstante, no ser capaz de ir a Dios por medio de Él. La persona que acude a Dios por medio de Cristo debe primero tener conocimiento de Él: "Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" (Hechos. 11:6). Y los que acuden a Dios por medio de Cristo deben estar posibilitados de conocerle. "Si he hallado gracia en tus ojos", dijo Moisés, " te ruego que me muestres ahora tu camino para que te conozca, y halle gracia en tus ojos" (Exodo. 33:13).


   Nadie sino el Padre puede verdaderamente revelar a Cristo Jesús a su alma. "Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar (Mateo. 11:27). Acudir a Dios por medio de Cristo Jesús significa que Dios le ha puesto a usted bajo la sombra del Señor Jesús, como una persona es puesta bajo un refugio para su protección. De ahí que David a menudo llama a Cristo su escudo, refugio, torre, castillo y roca de defensa (véase los Salmos 18, 27 Y28). David ora de esta manera no solo porque vence a sus enemigos por medio de Cristo, sino porque a través de Él halla gracia con Dios el Padre.

   De igual manera, Dios le dijo a Abraham en una visión: "No temas, Abram yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande" (Génesis 15:1). Por tanto, la persona que acude a Dios por medio de Cristo debe tener fe, mediante la cual pone su confianza en Él, de manera que se presenta ante Dios en Cristo.


   La persona que tiene fe ha nacido de Dios o ha nacido de nuevo, de modo que llega a ser uno de los hijos de Dios. Queda unido por la fe a Cristo y hecho miembro de Él. "Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de Ia carne. carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es" (Juan. 3:5,6). Por lo tanto, le digo a usted que ha nacido de nuevo, como un miembro de Cristo usted puede acudir a Dios. Usted puede orar como un miembro de Cristo, de modo que Dios le ve como una parte de Cristo, como una parte de su cuerpo, su carne y sus huesos. Está unido a Él por elección, conversión, iluminación y por el Espíritu Santo que le ha sido puesto en su corazón por Dios: "Porque somos miembros de su cuerpo" (Efesio. 5:30).


   Así, pues, podemos acudir a Dios en los méritos de Cristo, en su sangre, en su justicia, en su victoria e intercesión. Podemos estar en la presencia de Dios, ser aceptados en aquel que Él ama ( Efesio. 1:6). Porque usted es un miembro del Señor Jesucristo, porque está bajo esta consideración, es admitido en la presencia de Dios y puede acudir a Dios en oración. Por virtud de su unión con Cristo, recibe el Espíritu Santo que mora en usted. Por esta razón, usted está habilitado para abrirse (derramarse) a sí mismo delante de Dios en oración, con su atención centrada en usted y con su disposición de responder.


ORACIÓN:
   Oh Señor, te doy las gracias porque acudo a ti por medio de Cristo Jesús en todas mis oraciones, porque su sangre derramada a mi favor me limpia de mis pecados y me habilita para acercarme al trono de la gracia. Quiero reconocer más conscientemente mi necesidad de Jesús en todo lo que hago, y especialmente en mis oraciones. Que yo pueda honrarle más al buscar glorificarte a ti en todas mis oraciones. Enséñame a orar por todas aquellas cosas que serán buenas para el progreso de tu iglesia. Inspírame mediante tu Espíritu Santo a orar por aquellas personas y cosas por las que tú hubieras orado, en la confianza de que escucharás y responderás a mi oración elevadas a ti en el nombre y por el amor de Jesús. Amén.
Juan Bunyan. Cómo orar en el Espíritu. Primera edición 2013. Editorial Portavoz Paginas 31-34

domingo, 1 de marzo de 2020

HABRA SU CORAZÓN A DIOS.

   La oración es abrir el corazón o el alma a Dios en una forma sincera, sensible y afectuosa, por medio de Cristo, con la ayuda y en el poder del Espíritu Santo, para cosas como las que Dios ha prometido, o que son conforme a la Palabra de Dios, para el bien de la iglesia, sometiéndonos en fe a la voluntad de Dios.

  Cuando usted ora, abre su corazón o su alma a Dios.  La oración es desahogarse, es aliviarse al derramar su corazón ante Dios, es abrir afectuosamente su alma en solicitudes, suspiros y gemidos. David dice: "Señor, delante de ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto" (Salmos. 38:9). Y en el Salmo 42:2, 4 agrega:

   "Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuando vendré, y me presentaré  delante de Dios?. Me acuerdo de estas  cosas, y derramo mi alma dentro de mí; de como yo fui con la multitud y le conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta"

   Note especialmente sus palabras: "derramo mi alma dentro de mí". Esta expresión significa que en la oración usted entrega toda su vida y fuerzas a Dios. Yen otro lugar David declara: "Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio" (Salmos. 62:8).

   En este tipo de oración Dios nos promete liberarnos, a nosotros pobres criaturas, de la cautividad: "Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma" (Dt. 4:29).

   La oración debe ser un abrir el corazón o el alma a Dios. Esto muestra la excelencia del espíritu de oración. La oración se centra en el gran Dios del universo. Alguien puede preguntar: "¿Cuándo acudir y presentarse ante Dios?" Nuestra respuesta es que el que de verdad ora a Dios, lo hace cuando ve un vacío en todas las cosas debajo del cielo, cuando se da cuenta de que solo en Dios hay verdadera satisfacción para el alma. Pablo escribió: "Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día" (1 Timoteo. 5:5). David expresa el mismo sentimiento:

   "En ti, oh Jehová, me he refugiado; no sea yo avergonzado jamas. Socórreme y librame en tu justicia; inclina tu oído y sálvame. Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente. Tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza. Dios mío, líbrame de la mano del impío, de la mano  del perverso y violento. Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud" (Salmos. 71:1-5).

   Para orar correctamente, usted debe hacer que Dios sea su esperanza, morada y su todo. La oración correcta ve que todo lo demás, en comparación con Dios, es relativo y no merece la pena. y que eso lo hace la oración, como dije antes, en una forma sincera, sensible y afectuosa.

 ORACIÓN:

   Oh Señor, mis enemigos me rodean por todas partes, incluso mis enemigos espirituales. Me hubieran hundido de nuevo en el lodo cenagoso de mi pecado y derrotado. Me hubieran seducido de nuevo a pecar. O hubieran arrastrado a otros a pecar contra mí. Protégeme, oh mi Dios. Envía a tus ángeles ministradores para atender a mis necesidades. Que edifiquen una cerca protectora a mi alrededor para que los dardos del maligno no lleguen a mi corazón. Oh Señor, te entrego toda mi vida. ¿A quién puedo acudir sino a ti, oh Dios? Tú eres mi fortaleza y mi redentor, Pongo mi confianza en ti y no temeré, porque tú estás es tu trono y yo estoy siempre delante de ti por medio del sacrificio de Cristo Jesús. En su nombre elevo mis oraciones a ti. Amén.
Juan Bunyan. Cómo orar en el Espíritu. Primera edición 2013. Editorial Portavoz Paginas 27-29

sábado, 8 de febrero de 2020

LA ORACION DEBE SER AFECTUOSA.




   La oración es abrir el corazón o el alma a Dios en una forma sincera. sensible y afectuosa. por medio de Cristo, con la ayuda y en el poder del Espíritu Santo, para cosas como las que Dios ha prometido, o que son conforme a la Palabra de Dios, para el bien de la Iglesia, sometiéndonos en fe a la voluntad de Dios.

   iOh, cuánto calor, fortaleza, vida, vigor y afecto encontrará en la oración correcta! ¿f'uede orar en su corazón con las palabras de estos salmos? "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía" (Sal. 42:1). "He aquí yo he anhelado tus mandamientos; vivifícame en tu justicia" (Sal. 119:40). "He deseado tu salvación, oh jehová, y tu leyes mi delicia" (Sal. 119:174). "Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo" (Sal. 84:2). "Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo" (Sal. 119:20). Note esta oración: "Quebrantada está mi alma de desear". iOh, cuánto afecto puede haber en la oración!

   Encontramos una devoción semejante en Daniel: "Oye, Señor; oh, Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo" (Dn. 9:19). Cada sílaba lleva una gran vehemencia y urgencia en ella. Esto es lo que el apóstol Santiago llama la oración ferviente, u oración eficaz. Y eso es lo que se dice una y otra vez de Jesús: "Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra" (Lc. 22:44).

   Jesús tenía sus afectos extendidos hacia Dios buscando su mano ayudadora. ¡Oh, cuán lejos está la mayoría de las personas de los ejemplos de la Biblia cuando oran! En la opinión de Dios, la oración debe ser hecha con fervor y urgencia. ¡Ay! La mayoría de las personas no tiene conciencia del deber de la oración; y para las que lo tienen, temo que muchas de ellas no le prestan atención a abrir el corazón o el alma a Dios de forma sincera, sensible y afectuosa. Demasiados se contentan con simples ejercicios de labios para afuera, oraciones dichas de forma mecánica; diciendo entre dientes una pocas oraciones imaginarias. Cuando sus afectos están verdaderamente involucrados, e involucrados de tal manera que su alma no se va a distraer con nada, sino a concentrarse en el bien deseado, usted disfrutará de comunión y consuelo con Cristo. Ya esto han dedicado los santos sus fuerzas y han perdido su vida, antes que quedarse sin la bendición que Dios tenía reservada para ellos.

   Te invito hacer está oración:

   Querido Padre, te amo con todo mi corazón y mi ser. Tú me has dado vida y luz en Cristo Jesús. Me has dado un mundo en el que toda la creación apunta hacia ti y a tu divino carácter y gracia. Me has dado la oportunidad de unirme a todos los santos en oración por la Iglesia y por su establecimiento en todos los lugares de la tierra. Anhelo verte en toda tu belleza y excelencia, y ese anhelo me fortalece en mi peregrinación. Anhelo que vengas de nuevo en poder y gloria. Anhelo la redención de toda la creación, que gime ser liberada de la sujeción a la decadencia. Me deleito en la promesa de que habrá un tiempo cuando lo veremos todo cara a cara . Lléname ahora con tu Santo Espíritu como un medio para no solo amarte de forma perfecta, sino para fortalecerme para las tareas que tengo aquí en la tierra. Telo pido por el amor de Jesús. Amén.
Juan Bunyan. Cómo orar en el Espíritu. Primera edición 2013. Editorial Portavoz Paginas 25-26

sábado, 25 de enero de 2020

CÒMO ORAR POR MISERICORDIA.

    La oración es abrir el corazón o el alma a Dios en una torma sincera, sensible y afectuosa por medio de Cristo, con la ayuda y en el poder del Espírítu Santo,para cosas como las que Dios ha prometido, o que son conforme a la Palabra de Dios, para el bien de la Iglesia,sometiéndonos en fe a la voluntad de Dios.

   La oración no es soltar una pocas expresiones de un parloteo elogioso y de vanas repeticiones, sino un sentimiento sensato en el corazón. La oración es sensible a muchas cosas diferentes. A veces oramos con un sentido de pecado, otras veces con un sentido de misericordia que necesitamos o recibimos, y otras veces con un sentido de que Dios está listo para otorgarnos su misericordia y perdón.

   Debido a que comprendemos el peligro del pecado, sentimos a menudo en oración nuestra necesidad de misericordia. Nuestra alma siente. Ese sentimiento nos hará suspirar, gemir y ablandará el corazón. La oración correcta puede rebosar del corazón cuando esta presionada por el dolor y la amargura. Cuando Ana oraba por un hijo, la Biblia dice: "Con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente", y el Señor escuchó su oración y
concibió y dio a luz al gran profeta Samuel (1 Samuel. 1:10).

   David describe algunas de sus oraciones diciendo: "Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios" (Salmos. 69:3). David clama, llora, se debilita su corazón, languidecen sus ojos: "Estoy debilitado y molido en gran manera; gimo a causa de la conmoción de mi corazón. Señor, delante de ti están todos mis deseos; y mi suspiro no te es oculto. Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor, y aun la luz de mis ojos me falta ya" (Salmos 38:8-10).

   Ezequias gemía como una paloma: "Como la grulla y como la golondrina me quejaba; gemía como la paloma; alzaba en alto mis ojos. Jehová, violencia padezco; fortaléceme
" (Is. 38:14). Efraín se quejaba delante del Señor y el Señor escuchó su clamor: "He oído a Eíraín que se lamentaba" (Jeremias. 31:18).

   En el Nuevo Testamento encontramos las mismas cosas. Pedro lloró amargamente: "Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente" (Mt. 26:75). Cristo clamó con voz fuerte y lágrimas en sus oraciones: "En los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la rnuerte, fue oído a causa de su temor reverente" (He. 5'.7). Cristo clamó y lloró debido a su sentido de la justicia de Dios, de la culpabilidad del pecado y de los dolores del infierno y de la destrucción.

   Encontramos gran consuelo en los salmos cuando expresan nuestra interna sensibilidad en oración:

"Amo ha Jehovà, pues ha oído mi voz y mis súplicas; porque ha inclinado a mí su oido; por tanto, le invocaré en todos mis días. Me rodearon ligaduras de muerte, me encontraron las angustias del Seol; angustia y dolor había yo hallado. Entonces invoque el nombre de Jehová, diciendo: Oh Jehová, libra ahora mi alma" (salmos.116:1-4).

   Cuando abrimos nuestro corazón y alma a Dios en forma sincera y sensible en nuestras oraciones, entonces recibirá a veces un dulce sentido de misericordia que le alienta, le consuela, le fortalece, le reaviva y le ilumina. Por esa razón David abre su alma para bendecir, alabar y admirar la grandeza de Dios por su amor y compasión por pecadores tan menospreciables:

   "Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila" (Salmos. 103:2-5).

   Las oraciones de los santos a veces están llenas de alabanza y acción de gracias. Este es un gran misterio: el pueblo de Dios ora con sus alabanzas, como está escrito:

"Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: iRegocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Filipenses. 4:4-7).

   Cuando usted ora a Dios con una gratitud sensible por las misericordias que ha recibido de su mano, su oración es poderosa a los ojos de Dios. Esa oración prevalece con Él indeciblemente.

  A veces en oración, nuestra alma tiene un sentido de la misericordia que necesitamos recibir, Esto llena nuestra alma de fervor como David oró:

   "Porque tú, jehová de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por eso tu siervo ha hallado en su corazón valor para hacer delante de ti esta súplica. Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y tú has
prometido este bien él tu siervo" (2 S. 7:27- 28).

   Jacob, David, Daniel y otros recibieron un sentido de que Dios quería bendecirlos. Esto los animó a orar, no a tropezones (trancas y barrancas, a rachas), no para repetir de manera descuidada una pocas palabras escritas en un papel, sino para clamar delante del Señor acerca de su situación en forma ferviente, poderosa y persistente, siendo sensibles, digo sensibles, de sus necesidades, de su miseria, y de la disposición de Dios de mostrarles a ellos su misericordia.

                                                  ORACIÓN

   Oh Señor, a veces gimo bajo la agonía de pecados no confesados y sin haberme arrepentido de ellos; perdóname por pensar que puedo esconder de ti mis pensamientos más íntimos. Gimo cuando veo los terribles efectos que el pecado tiene sobre mi vida y sobre las vidas de otros. Gimo y agonizo sobre el estado de este mundo caído y por el mal que le causan los enemigos crueles y sin corazón de tu reino. Oro ahora por misericordia, y te pido que me confirmes mediante tu Palabra que la victoria está ciertamente ganada por medio de la fe en Cristo Jesús.

   Señor, a medida que oro, te alabo y te doy gracias por tus preciosas promesas de las Escrituras que puedo aplicar a las necesidades y agobios de mi vida diaria. Te alabo porque por medio del sacrificio que hiciste en la cruz, he recibido misericordia sobre misericordia tanto en esta vida como en la venidera. Usa mis aflicciones, oh Dios, para demostrar tu amor y poder, sabiduría y fidelidad, incluso para la alabanza de tu gloria. Amén.
Juan Bunyan. Cómo orar en el Espíritu. Primera edición 2013. Editorial Portavoz Paginas 20-24

sábado, 18 de enero de 2020

LA ORACIÓN SINCERA.

 

 

  La oración es abrir el corazón o el alma a Dios en una forma sincera, sensible y afectuosa, por medio de Cristo, con la ayuda y en el poder del Espíritu Santo, para cosas como las que Dios ha prometido, o que son conforme a Su Palabra, sometiéndonos en fe a Su voluntad.

  Recuerde siempre, sus oraciones deben siempre abrir sinceramente su corazón o alma a Dios.

 Lo que debe ser cierto en cuanto a las acciones sinceras será igualmente verdad de la oración. David habla de esto cuando menciona sus propias oraciones: "A él clamé con mi boca, y fue exaltado con mi lengua. Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. Mas ciertamente me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica" (Sal. 66:17-19).

   La sinceridad es un elemento crucial en la oración. A menos que seamos sinceros, Dios no va a considerar nuestras palabras como una oración en el mejor sentido:

"Oh alma mía, díjiste a Jehová: Tú eres mi Señor: no hay para mí bien fuera de ti. Para los santos que están en la tierra, y para los íntegros, es toda mi complacencia. Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro Dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre, ni en mis labios turnaré sus nombres". (Sal. 16: 2-4)

   y Dios también nos dice: "Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón" (Jer. 29:12, 13).

    El Señor ha rechazado muchas oraciones por su falta de sinceridad. Dios dijo por medio de los profetas: "y no clamaron a mí con su corazón", es decir, con sinceridad, "cuando gritaban sobre sus camas" (Os. 7:14). Sus oraciones eran pretenciosas. Sus oraciones eran hipócritas, un espectáculo para que los vieran los demás. Oraban para ser aplaudidos por sus ruidosas oraciones.

   Jesucristo elogió a Natanae! por su sinceridad cuando estaba sentado bajo la higuera. Leemos: "Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engarro" (Jn. 1:47). Supongo que este buen hombre estaba abriendo su corazón a Dios en oración debajo de la higuera. Jesús sabía que oraba con un espíritu sincero y genuino delante del Señor. La sinceridad es uno de los principáles
ingredientes en la oración que llevan a Dios a escucharla y considerarla. Así, pues, "el sacrificio de los impíos es abominación a Jehová; mas la oración de los rectos es su gozo" (Pr. 15:1;).

¿Pór qué debe ser la sinceridad un elemento esencial de la oración que es aceptable para Dios? Porque la sinceridad le lleva a abrir su corazón a Dios con toda sencillez y a hablarle de su situación claramente y sin equívocos (evasivas). La sinceridad en la oración estimula su corazón a condenar su pecado sin rodeos, sin ocultar los hechos, intenciones o sentimientos bajo falsas excusas ni disimulos.

   Cuando oramos de corazón, clamamos a Dios con ganas sin halagamos a nosotros mismos o elogiar nuestra justicia. El Señor le declaró al profeta Jeremías:

   "Escuchando, he oído a Efraín que se le lamentaba: Me azotaste, y fui castigado como novillo indómito; conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Jehová mi Dios. Porque después que me aparté tuve arrepentimiento, y después que reconocí mi falta, herí mi muslo;  y me confundí, porque llevé la afrenta de mi juventud".(Jer. 31:18, 19)
 
   La sinceridad es siempre igual en una persona, ya sea que ore en un rincón a solas o delante de todo el mundo. La sinceridad no sabe cómo llevar dos máscaras diferentes, una para aparentar delante de los demás y otra en un rincón para un momento breve con Dios. Los cristianos sinceros deben tener a Dios. Deben estar con Él en lo que ellos conocen como el deber placentero de la oración del corazón.

   La oración sincera no es de labios para afuera, porque Dios examina el corazón. La oración del corazón mira a Dios. La oración del corazón y del alma que Dios reconoce es aquella oración de sus hijos que va acompañada de sinceridad.

                                                           ORACIÓN
   Oh Señor mi Dios, deseo que tú me encuentres a mí como Jesús halló a Natanael a lo largo del camino: en oración de profunda sinceridad y devoción a ti. Confieso que algunos de mis motivos para orar han sido egoístas e interesados. Reconozco que a menudo no he dedicado tiempo a examinar mi corazón y a abrirlo completamente delante de ti en oración. Por el contrario, he acudido a ti buscando solo cosas que yo quería que tú hicieras por mí. Me inclino ante ti, oh Dios, en humilde sometimiento, y te pido que pongas en mí un corazón limpio y me des un espíritu recto. Al examinar mi propio corazón, acudo a ti en completa sinceridad de que seré conocido como tuyo y tú serás conocido como mío, para que tu Hijo pueda ensalzarme cuando nos encontremos, para que no haya nada falso en mí, para que me sienta libre de orar en el nombre del Salvador sabiendo que estoy limpio por su sangre expiatoria. Amén
 
Juan Bunyan. Cómo orar en el Espíritu. Primera edición 2013. Editorial Portavoz Paginas 16-20

sábado, 11 de enero de 2020

LA VERDADERA ORACIÓN




    Dios nos manda que oremos. Nos manda que los hagamos en público y en privado. La oración lleva a los que tienen el espíritu de súplica a disfrutar de una maravillosa comunión y companerismo con Dios; por tanto, Dios ha ordenado la oración como un medio para que crezcamos en la relación personal con El.

   Cuando oramos frecuente y activamente, nuestras oraciones obtienen grandes bendiciones de parte de Dios, tanto para aquellos por los que oramos como para nosotros mismos. La oración abre nuestro corazón a Dios. Nuestras oraciones son el medio mediante el cual Dios llena nuestra alma, aunque vacía, hasta rebosar. En nuestras oraciones, los cristianos podemos abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo, y recibir una renovada confirmación de su amistad con nosotros.


   Podría dedicar muchas palabras a distinguir entre la oración pública y la privada. Podría también distinguir entre la oración en el corazón y la oración expresada en voz alta. A veces también podría hablar en cuanto a las diferencias entre los dones y las gracias de la oración. Pero prefiero dedicarme a mostrarle tan solo el corazón de la oración, sin lo cual todos nuestros gestos piadosos, tanto de las manos como de los ojos y de la voz, no tendrían ningún propósito.


   Necesitamos aprender y aplicar lo que las Escrituras nos enseñan. Pablo escribió y nos dio un ejemplo: "Oraré con el espíritu" (1Corintios. 14:15).


   La oración es abrir el corazón o el alma a Dios en una forma sincera, sensible y afectuosa, por medio de Cristo, con la ayuda y en el poder del Espíritu Santo, para cosas como las que Dios ha prometido, o que son conforme a la Palabra de Dios, para el bien de la Iglesia, sometiéndonos en fe a la voluntad de Dios.


   Esta definición incluye siete aspectos las cuales son:

 Primero, sus oraciones deben ser sinceras.

Segundo, sus oraciones deben ser sensibles. 

Tercero. sus oraciones deben servir para abrir afectuosamente su alma a Dios el Padre por medio de Cristo Jesús.

 Cuarto, si quiere que sus oraciones sean eficaces, debe orar con el poder y la ayuda del Espíritu Santo.

 Quinta, para que sus oraciones sean respondidas conforme a la voluntad de Dios, debe orar por cosas tales como las que Dios ha prometido, o que sean conforme a su Palabra, la Biblia.

 Sexta, sus oraciones no debieran ser egoístas, sino que debieran tener en mente el bien de la Iglesia así como el de otros.

 Séptimo, debería orar siempre en fe y con sometimiento a la voluntad de Dios.

                                                     ORACIÓN
Oh Dios, las presiones de mi vida tan ocupada pesan sobre mí, y confieso que no he dedicado tiempo a desarrollar una familiaridad y compañerismo profundos contigo. No he abierto en realidad mi corazón a ti, ni tampoco he dedicado tiempo a conocer por experiencia la disposición de tu corazón hacia mí. Ayúdame a que durante los próximos días dedique tiempo a aprender acerca de la verdadera oración por medio de un hombre del que se enseñoreó el Espíritu Santo mediante la oración, que supo lo que era aprender acerca de ti dentro de las paredes de la cárcel. Ayúdame a orar a fin de conocerte mejor. Ayúdame a orar a fin de que pueda ser fortalecido para dar testimonio delante de los que necesitan aceptar la verdad del evangelio de tu amado Hijo, en cuyo nombre oro. Amén.

 Juan Bunyan. Cómo orar en el Espíritu. Primera edición 2013. Editorial Portavoz Paginas 10-14
  

sábado, 16 de noviembre de 2019

¿QUIEN ES JESÚS?

                          
¿QUIÉN ES JESÚS?
Que es más apropiado preguntar, “¿Quién es Jesús?” o “¿Quién fue Jesús?”
   Jesús de Nazaret es tanto una figura contemporánea como histórica. Como ser humano, no se quedó en la tumba después de morir en la cruz. Él fue resucitado después de haber asegurado nuestra salvación y reconciliación con el Padre. Como Dios, Él no está limitado por el pasado o el futuro; ni pueden estos términos aplicarse a él. Más bien, ¡Él es!

   El Jesús vivo es la influencia más poderosa en el mundo de hoy, no sólo por su impacto histórico sino también por su habilidad para transformar vidas, tales como la tuya y la mía, ahora mismo y por la eternidad. Por tanto, es apropiado referirnos a Él en tiempo presente. Jesús fue, Jesús es y Jesús siempre será el mismo para nosotros ¡hoy, mañana y por siempre!
En búsqueda de un mejor futuro.
   Cientos de millones de personas en el transcurso de los ciclos han tenido un encuentro con el Jesús vivo a través de una relación personal. El siguiente es el testimonio de un hombre de negocios llamado Carlos Gutiérrez.

   “Me escape del régimen cubano por bote, arriesgando mi vida para llegar a Estados Unidos en búsqueda de un mejor futuro. Sin embargo, ese “mejor futuro” no se iba a dar. Yo había sido un hombre humilde, inocente y noble, pero cuando cumplí 22 años comencé a ir a clubs donde probé la droga la primera vez. Ese fue el principio de mi adicción, y con la adicción también vino la vida desorganizada. Pasaba mis días y noches en el club. También me convertí en un estafador que arruinó muchas vidas.

   “Un día, en una fiesta, tomé una mezcla de tres tipos de drogas y sufrí un a taque al corazón. Me desmayé y quedé como muerto. Muy pocas personas sobreviven a una sobredosis de ácido, pero creó que Jesús me resucitó. Mi estilo de vida afecto a mi familia grandemente. A mi madre le dio cáncer, probablemente del sufrimiento, y a mi padre le salió un tumor y sólo le dieron tres meses de vida.

  “Entonces, un amigo que antes consumía drogas conmigo me invitó a la iglesia. Para entonces sufría de una depresión total. Dos veces había tratado de suicidarme, pero no tuve la suficiente fuerza para terminar lo que empecé. En la iglesia, las palabras del pastor parecían estar dirigidas específicamente a mí. Mi amigo me tomó del brazo y me guió hacia el altar. Ellos oraron por mí y algo cambio. Jesús había entrado en mí vida y la cambiaría para siempre.

   “Ese día la presencia de Dios llenó mis ojos de lagrimas. Llorando le pedí perdón a mí madre. Desde ese día, mi vida se enderezo. Terminé mis estudios secundarios y me uní al departamento de policía. También puse mi propio negocio. Me casé y hoy en día tengo una hermosa familia. No tengo ningún mal hábito y tengo paz en mi corazón. Mis padres se convirtieron al cristianismo gracias a la gran transformación que vieron en mí. Mi vida cambió radicalmente el día que tuve un encuentro con Jesús resucitado”. Ese Jesús resucitado también puede transformar su vida si sólo le da la oportunidad. El siguiente es el testimonio de Alan Correa, un estudiante colombo-americano, quien también testifica una vida cambiada por Jesús.

   “Vengo de una familia disfuncional con problemas de drogadicción, alcoholismo, violencia y maldiciones generacionales de pobreza, enojo, orgullo, rebelión, inmoralidad sexual y confusión. Cuando tenía 17 años, influenciado por las personas a mí alrededor, comencé a robar y a vender drogas. Esto hizo fácil que dedicara mi vida al crimen y la maldad.

   “El estado de mi vida en aquel tiempo puede ser ilustrado con el siguiente incidente, el cual se quedó grabado en mi memoria. En cierta ocasión, una joven me ofreció para que yo la vendiera por dinero; así que la prostituí. La mañana siguiente, cuando pensé lo que había hecho, por sólo unos cuantos billetes, me sentí asqueado de mi mismo. Aunque era mayor que yo, y ya estaba acostumbrada a ese estilo de vida, no era el estilo de vida que yo deseaba para cualquiera de las mujeres de mi familia. Sin embargo, lo continué haciendo por dinero.

   “Estaba siguiendo los pasos de mi padre. A menudo sentía que iba a morir habiendo desperdiciado mi vida, y no quería terminar como mi padre, quitándome la vida con una bala. No deseaba suicidarme, pero sabía que al final alguien terminaría con mi vida si continuaba ese estilo de vida.

   “Un día un amigo me invitó a la iglesia. Siempre me animaba a ir y yo siempre me negaba. Cuando finalmente confesé a Jesús como mi señor, un inmenso deseo de conocer más de Jesús y de la biblia comenzó a crecer en mí. Fui bautizado en agua y después asistí a una conferencia cristiana en la cual la presencia de Dios se hizo palpable en mi vida. ¡Dios me mostró su poder! Mi cuerpo comenzó a sudar y a experimentar lo que parecía ser un fuerte choque eléctrico. Por un instante tuve miedo y dije, ‘Señor, ¡por favor para!’ Pero su poder sólo se hizo más fuerte sobre mí.

“¡Esa experiencia transformó mi vida para siempre! Encontré al verdadero Jesús. Fui liberado de las maldiciones generacionales de auto destrucción, crimen y adicción a las drogas. Ha pasado un año desde el primer día que comencé a servir a Jesús, tomando su mensaje y demostrando el poder de Dios a los que los necesitan. Sé que mi destino ha cambiado para bien. Hoy puedo decir que tengo ¡vida verdadera!.

“FIEL ES QUIEN LO LLAMA”.
¿Por qué creer en Jesús? A través de este libro, hemos visto que Jesús es el camino, la verdad y la vida. Él nos ha liberado de las garras de la naturaleza pecaminosa y nos ha permitido ser perdonados de todos los pecados que hemos cometido. Él nos rescato del castigo eterno. Nos ha dado vida nueva y una relación eterna con Dios el Padre. Y Él nos ha dado acceso a la vida abundante de Dios en todas sus facetas a través del gran intercambio de su vida por la nuestra.

   Cuando respondemos a la invitación de Jesús de seguirlo, el requiere que le demos todo –nuestra vida entera- . Esa es la única forma cómo podemos recibir la plenitud de vida que él nos ofrece. Jesús dijo,Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tomé du cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar du vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿Qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde así mismo. (Lucas 9.23-25)
 
   ¿Reconocerá a Jesús como su salvador todo suficiente y Señor absoluto? Si, seguir a Jesús tiene un precio. Pero las recompensas son vida verdadera en este mundo y vida verdadera por la eternidad. Además, Jesús sabe que usted no puede seguirlo sin su constante presencia y ayuda. Él le asegura: “No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13.5)

   Las Escrituras dicen, “Y el mismo Dios de paz os santifiquen por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará (1Tesalonisense 5.24) Dios le permitirá a usted permanecer fiel a Jesús a medida que lo obedece y aprende a vivir en el poder del Espíritu Santo.

¿QUIEN ES JESÚS PARA USTED?
   La pregunta “¿Quién es Jesús?” es la misma que las personas se han hecho por miles de años. De hecho, una vez Jesús les pregunto a sus discípulos, “¿Quién dicen los hombres que es el hijo del hombre?” (Mateo 16.13) Los discípulos dieron varias respuestas acerca de lo que la gente en los días de Jesús erróneamente decía de Él (Mateo 16-14) Jesús entonces le pregunto a los discípulos, “Y vosotros ¿quién decís que soy yo? (Mateo 16.15)

   El discípulo Pedro le contesto, “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Mateo 16.16) Pedro fue capaz de responder a esta pregunta con precisión, pero no debido a su propia perspicacia. Jesús entonces le dijo a Pedro, “Eso no te lo revelo ni sangre ni carne, sino mi Padre que está en los cielos (Mateo 16.17) Dios el Padre, por medio del Espíritu Santo, le había revelo a Pedro la verdad: que Jesús era su Hijo, “El Cristo”; un término que significa “ungido”.

   Nosotros también necesitamos una revelación del Espíritu de Dios con respecto a quien es Jesús. Jesús dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6.44)
Guillermo Maldonado. ¿Por qué creer en Jesús? Poder. Primera edición.2015. Editorial Ministerio internacional El Rey Jesús. Paginas 106 - 111