jueves, 18 de febrero de 2021

EN EL DESIERTO CON CRISTO. Parte I


   Dios nos dijo su promesa antes de que naciéramos. Su Palabra es eterna y su promesa da salud y prosperidad a quienes eligen la vida. Pero debemos estar dispuestos a trabajar. Y no hablo de "trabajar y hacer obras" en el contexto de ganamos el camino hacia el favor de Dios. Esto, como he dicho antes, es absolutamente imposible. Efesios 2:8-9 declara:

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe".

   Hablo de presentarnos para cumplir con nuestro deber, de ser guiados y utilizados como boca, manos y piernas de Dios. En Egipto estaba usted oprimido, y en el desierto fue milagrosamente bendecido; sin embargo, al llegar a Canaán debe servir y madurar. Egipto equivale a trabajos forzados, en tanto Canaán es trabajo que nace de la iniciativa propia, de la elección. Egipto es un castigo, pero Canaán es disciplina. Egipto es presión y Canaán es responsabilidad.

   Vida entre las aguas.

   Cuando los hijos de Israel salieron de Egipto, lo primero que encontraron fue el Mar Rojo. Lo cruzaron y así entraron en el desierto. Allí anduvieron hasta que todo hebreo con mentalidad de esclavo hubo desaparecido. Delante de ellos había otro espejo de agua: el no Jordán. La preparación para la libertad debe darse entre estos dos espejos de agua.

   Creo, de todo corazón, que la Iglesia de hoy vive en la orilla del segundo espejo de agua, el río Jordán. Hemos avanzado y retrocedido sobre la orilla del desierto de Sinaí, saltando las rocas pero aun sin poner los pies en el agua. Así que no hemos entrado todavía.

   No hay salvación en la historia literal de los Israelitas, pero el pueblo israelita nos sirve como tipificación. La salvación viene a través de otro caminante del desierto, el Hijo de Dios, Jesucristo. Jesús también fue tentado en el desierto y pasó todas las pruebas. Y lo hizo en los cuarenta días en que Israel habría estado en el desierto si hubieran pasado sus pruebas. La vida de Jesús sirve como prototipo para el Viaje de todo ser humano de la opresión a la libertad.

   Jesús: el mas brillante ejemplo de libertad.

   Jesús es el más sublime ejemplo de libertad responsable que pueda tener la humanidad. Como hombre, caminó sobre la Tierra con las mismas necesidades de cualquier ser humano. Nació bajo el yugo de la sujeción humana, bajo el dominio de César y la opresión de los romanos. Creció bajo esa opresión, en sabiduría y favor de DIOS. Como ejemplo para nosotros, Jesús creció intelectualmente en la sinagoga local. Y luego a los treinta años estaba listo para iniciar su ministerio. Para hacerlo, fue al primer río, el Jordán, donde fue bautizado por Juan.

  "Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó" (Mateo 3:13-15).

   Jesús sabía que tendría que pasar por el agua como todos los demás. Así que fue donde estaba Juan. Al llegar, Juan pidió ser bautizado por Él, pero Jesús le dijo al profeta que cumpliera toda justicia. Cuando Jesús salió del agua, recibió al Espíritu Santo en tanto la voz de Dios anunciaba: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia" (v. 17).

   Quiero que observe usted dónde fue Jesús después de esto. Cuando el Espíritu Santo descendió sobre Él, no fue directamente a trabajar en su ministerio. El Espíritu no lo llevó directamente a la Tierra Prometida. En cambio, lo llevó al desierto para que pasara por sus pruebas.

"Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo" (Mateo 4:1).

   Jesús fue llevado al desierto para ser tentado, o puesto a prueba por el diablo. Al igual que el liberador de Israel, Moisés, llevó a los israelitas al desierto para ser probados y entrenados, Jesús se enfrentó al diablo en las calientes arenas del desierto. Y Jesús ganó, para mostrarnos cómo ganar. Si usted enfrenta su desierto de retos, recuerde que todo esto lo prepara para la libertad. Si el Espíritu Santo guio a nuestro ejemplo viviente, Jesús, a una confrontación con Satanás en el desierto, Dios también lo guiará a usted allí.

   Toda persona, comunidad, nación u organización debe pasar por el desierto de la vida como lo hizo Jesús. Agradezcamos a Dios porque todo lo que pasamos viene en su justo momento. No sintamos que el diablo está ganando o que Dios nos ha olvidado. Recuerde: usted está en el aula. Y si Jesús se inscribió y llegó a graduarse, también debe usted hacerlo hasta terminar con el curso.

   Muchos han ido directamente al ministerio o a un negocio exitoso. Quieren esas tarjetas elegantes con su nombre impreso, sin aprender primero las verdades de la responsabilidad, el entrenamiento y las pruebas. No están listos ni a la altura de las palabras de la TIerra Prometida de Josué, que nos exhortan a meditar en la Palabra y actuar de acuerdo a ella. No quieren aprender cómo disciplinarse o desarrollar carácter. Prefieren llamar a una reunión de oración o a un ayuno colectivo para poder mostrarse como el "líder". Entonces, cuando llega el tentador para destruir todo lo que hacen y humillar sus esfuerzos _y él siempre viene- vuelven corriendo al desierto, porque no estaban preparados para la prueba de responsabilidad.

  Tres pruebas.
   Para llegar a madurar, a desarrollar carácter, autodisciplina e integridad, todos debemos pasar por tres pruebas, comunes a toda la humanidad. Porque Dios quiere que seamos internamente controlados, nos llama mientras estamos en el desierto para pasar estas tres pruebas de responsabilidad. La prueba no dura por siempre. Jesús pasó cuarenta
días, y cuando terminó había pasado las tres pruebas perfectamente para servir de ejemplo para nosotros.

   Estas tres pruebas incluyen las áreas de disciplina física, motivación y codicia. Estas son las áreas que Dios pone a prueba en el desierto para prepararnos antes del cruce del Jordán. Una vez que pasamos las tres, estamos listos para mojarnos los pies.

   Las categorías de estas pruebas pueden denominarse de la siguiente manera:
1. Pruebas de apetito.
2. Pruebas de motivo, orgullo y fama.
3. Pruebas de codicia y poder.

   Estas pruebas son necesarias porque quien no está acostumbrado al poder, es peligroso. Lo mismo vale para quien es orgulloso, o para quien no puede tomar posesión de su propio cuerpo, porque no es capaz de controlar sus apetitos. Estas personas son irresponsables y peligrosas, y no son dignas de confianza. 

1. Prueba de apetito
"Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan" (Mateo 4:3).

   Esta primera prueba era la tentación de la auto gratificación y tiene que ver con nuestros tres apetitos básicos: alimento, bebida y sexo. Nadie es verdaderamente libre hasta que se ha disciplinado en las tres áreas. Permítame señalar que también fue la primera área de prueba para Israel en el desierto. Comenzaron a clamar por alimento: la auto gratificación. Muy pronto olvidaron el milagro de las plagas y del Mar Rojo, para concentrarse en su propia gratificación.

   ."Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y Vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud. Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no" (Éxodo 16:1-4).

   "Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin por sus jornadas, conforme al mandamiento de Jehová, y acamparon en Refidim; y no había agua para que el pueblo bebiese. Y al terco el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová? Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matamos de sed a nosotros, a nuestros hijos ya nuestros ganados?" (Éxodo 17:1-3).

   Una de las mayores responsabilidades de la libertad es la disciplina auto impuesta que debemos tener en el área de nuestros apetitos: comida, bebida y sexo. La libertad exige autocontrol.

2. Prueba de motivo, orgullo y fama
   "Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra" (Mateo 4:5-6).

   Esta prueba era la tentación de la fama instantánea y el éxito repentino. Si Jesús hubiera hecho esto habría sido famoso inmediatamente, Y miles de personas en el patio del templo habrían visto este milagro, y habrían creído en Él. Sin embargo, habría cancelado y obviado el proceso de formación de carácter y de crecimiento, necesarios para llegar a ser responsable para la libertad que Él poseía con el propósito de liberar a otros.

   La nación de Israel quería ir inmediatamente a su Tierra prometida de Canaán y la libertad, pero Dios requería el proceso de entrenamiento y desarrollo para la transformación mental.

"Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca; porque dijo Dios: Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y se vuelva a Egipto. Mas hizo Dios que el pueblo rodease por el camino del desierto del Mar Rojo. Y subieron los hijos de Israel de Egipto armados" (Éxodo 13:17-18).

   Para ser verdaderamente libre, usted -y la nación- deben pasar por un proceso de desarrollo de carácter. El verdadero éxito nunca es inmediato ni instantáneo.

3. Prueba de codicia y poder
"Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás" (Mateo 4:8-10).

   Cuando un hombre está libre de la necesidad de poder, califica para ejercer la autoridad. Así que esta tentación de poder y codicia era para probarlo, exigiendo el sacrificio de la integridad de Jesús y exigiendo su carácter, tentándolo con el poder. La comunidad israelita fracasó en esta prueba del desierto porque no lograron comprender la autoridad ni someterse a ella. Se rebelaron contra la autoridad, y por ello no calificaban para poseerla. Lo que sacrifiquemos para poder ganar, será lo que perdamos.

   Jesús pasó las tres pruebas en solo cuarenta días, uno por cada año que pasó Israel fracasando en sus pruebas del desierto. Y cuando hubo pasado los tres exámenes, los ángeles ministraron para Él. Recuerde: cuando uno es libre de la necesidad de poder, está listo para recibirlo. "El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían" (Mateo 4:11).

   Cuando Jesús salió del desierto fue ungido con el poder del Espíritu Santo. Había cumplido la voluntad de Dios en la tentación del desierto y con éxito pasó las pruebas de Dios. Jesús venció al diablo para darnos a usted y a mí el poder de vencerlo también. Este fue el cruce del segundo río, del que el Espíritu Santo dice: "El que cree en mí, como dlce la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva" Juan 7:38).

"Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor" (Lucas 4: 14).

   Si no ha habido ángeles en su vida durante mucho tiempo, quizá sea porque no ha pasado pruebas últimamente. Los ángeles son enviados a ministrar a quienes han pasado con éxito una prueba del desierto. Acompañaron a Josué y al ejército de Israel en su entrada a Jericó,
y acompañaron el ministerio de Jesús donde quiera que Él fuese. La unción de Dios también fue con ellos, con milagros que acompañaban sus obras y servicio.

   Observará que la liberación total del Espíritu sucedió después de la experiencia del desierto. Ese río de unción fue el .segundo ría. que nos lleva a la tierra de la libertad. Las personas, comunidades y naciones deben parar la prueba del desierto que lleva primero a la independencia, y en última instancia a la libertad.

   Según el proceso de Dios uno recibe la unción después de calificar para ese nivel de ministerio. Pero la mayoría de los cristianos  quieren a los ángeles de Dios y su unción sin pasar por la prueba. La unción depositada en nosotros es un talento, un don personal en el área en la que nacimos para servir (ver Mateo 25: 14-30). Pero no se desarrollará hacia el propósito de Dios de dárnoslo, hasta tanto califiquemos, pasando la prueba que construye nuestro carácter de confiablidad. La unción es la capacidad o la "licencia" divina para cumplir una tarea asignada. Todo ser humano tiene una unción para su único propósito y asignación. ".

   La unción no viene porque uno la pida. No Importa cuan grande sea su sueño, no podrá cumplirlo si no pasa la prueba que lo califica para administrarlo. Recuerde: la administración es la clave. Dios no otorga el titulo de administrador a quienes no pasan sus pruebas. La verdadera libertad consiste en poder dominar y utilizar nuestro talento para trabajar. Sin embargo, nuestra capacidad plena o nuestra unción no podrán ser maximizadas hasta haber completado el aprendizaje en la escuela de autodisciplina y motivación pura que presenta el desierto. El desierto de milagros nos prepara para nuestro trabajo.

   Después de ser ungido, Jesús fue directamente a la sinagoga, abrio el rollo y leyó la profecía de Isaac con respecto a sí mismo:

"El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor" (Lucas 4:18-19).

   Fue entonces, después del desierto, que Jesús volvió a cruzar el Jordán para comenzar su ministerio en la unción del poder de Dios. Echó demonios, curó a los enfermos, resucitó a los muertos y limpio a los leprosos. Luego murió por nuestros pecados y nos redimió. Y cuando venimos a Él, nos lleva por el mismo tipo de pruebas del desierto, para liberar nuestra unción para las responsabilidades de Canaán. Recuerde: Canaán es el lugar donde nos arremangamos y hacemos el trabajo de nuestro llamado en la vida, en el poder del Espíritu Santo de Dios. Es en Canaán donde no solo vemos milagros, sino que somos parte del milagro, en lugar de ser solamente inmaduros receptores. Antes de estar listos para entrar debemos poseer nuestro cuerpo, orgullo y necios deseos de poder. Este es el propósito del desierto: la preparación previa a la posesión.

Myles Munroe. En busca de la libertad. Primera edición 2005. Editorial Peniel. Pag 145 a la 153

sábado, 13 de febrero de 2021

GENTE EN EL DESIERTO Parte IV

 Ser fuerte y valiente

   Para ser responsables en nuestro llamado debemos saber quiénes somos para poder ser fuertes. Lo primero que le dijo Dios a Josué fue: "Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas" Josué 1:6-7). La libertad exige más fuerza que la esclavitud.

Dios quería que Josué supiera que los habitantes de su Tierra Prometida resistirían con tal dureza que tendría que utilizar hasta su último gramo de fuerza para pelear. Dios nunca le dijo a Moisés que fuera fuerte. Sin embargo, lo primero que le ordenó a Josué fue: "¡Sé fuerte!" Esto es lo que Dios le ordena hoya la Iglesia. La libertad exige fuerza personal y coraje, porque la libertad exige disciplina.

  Esta es la hora en que Dios llama a las personas religiosas a cancelar su membresía con el club "Bendíceme". Dios ya no nos dará lo que "reclamamos". Salimos del desierto del milagro del movimiento carismático y somos llamados por Dios a ser fuertes. Dios dice que ahora es el tiempo de arremangarnos, cavar, cultivar y tomar la tierra prometida. Algunos hemos cruzado el Jordán, pero muchos otros mueren en el desierto con sus tarjetas de membresía del club "Bendíceme", y su estilo de vida holgazán. Tomemos la responsabilidad de nuestro propio destino.

"Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas" Josué 1:9).

   Para vivir la verdadera libertad debemos entender la diferencia entre la libertad y la liberación, y aceptar la realidad de que la libertad exige responsabilidad personal y colectiva. Este principio debe aplicarse a las personas, a las organizaciones, a las comunidades y a las naciones.

   Dios también quiso que Josué supiera que algunas de las cosas que le esperaban serían difíciles y le darían miedo. Quería que lo supiera para inspirarlo y darle coraje. Lo mismo vale para usted. Dios le mostrará cosas que quizá lo asusten cuando esté madurando. Le dará algo que Él sabe que usted puede enfrentar, pero es posible que usted no crea poder hacerlo. Así que no tema al temor, porque es el suelo donde se siembra el coraje. El coraje no es la ausencia del miedo, sino la libertad de enfrentarlo. El miedo es necesario para poder llegar a obtener cobertura.

    El coraje de Dios llega junto con el miedo, por lo que Él quiere que su pueblo corra hacia la batalla y a enfrentar los desafíos de la vida. Es entonces cuando nos infunde su paz y la capacidad de tener coraje. Para Dios, los desafíos son la única oportunidad en que podemos ejercitar nuestro potencial.

  Luego del milagroso rescate de Egipto, Dios cuidó de Israel proveyéndoles de manera milagrosa. Esa fue la experiencia del desierto, un milagro total. Los egipcios se ahogaron en el Mar Rojo. Pero cuando los israelitas cruzaron el río Jordán, lo primero que vieron fue la ciudad de Jericó. Ahora llegaba el momento en que debían tomar sus espadas y lograr la victoria. Anteriormente habían sido meros observadores de los milagros de Dios: las plagas, la apertura del mar, la lluvia de maná. Ahora eran parte del milagro. Ahora debían arremangarse y actuar según la palabra de Dios.

Nuevas responsabilidades

   En el caso de estudio de la liberación de Israel, Canaán es el símbolo de la libertad y el destino. La palabra clave para entrar en Canaán es "responsabilidad", porque la libertad exige responsabilidad. Israel acampó dentro de la Tierra Prometida en el llano de Jericó cuando empezó esta nueva era. Y entonces comenzaron a comer el producto de su trabajo: cultivaban la tierra. La milagrosa provisión de alimento cesó repentinamente.

   "Al otro día de la pascua comieron del fruto de la tierra, los panes sin levadura, y en el mismo día espigas nuevas tostadas. Y el maná cesó el día siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra; y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año" Josué 5:11-12).

   Desde entonces, se esperó de los israelitas que comieran el producto de lo que la tierra de Canaán rendía como fruto de su trabajo. El pan de la libertad se cocina con la levadura de la responsabilidad.

No más maná

   Es a causa de las responsabilidades de la tierra prometida a la que Dios llama a su iglesia del siglo XXI, cuarenta años después de la renovación carismática. Dios nos lleva hoya un lugar donde ya no hará llover maná. Para algunos, ya no hay provisión de maná y piensan que Dios se ha ido. Un día todo comenzó a andar mal, así que se preguntaron en qué estarían errados. Pensaron que era el diablo o que Dios ya no hacía milagros. Pero era Dios, que quería que maduraran.

   Hay iglesias enteras que siguen buscando vivir en el milagroso desierto de la década de 1950. Entonces, todo lo que hacía falta era levantar una carpa, invitar a la gente y ver cómo explotaban los milagros cuando Dios aparecía. Desde entonces Dios nos ha enseñado a madurar en la verdad de su Palabra, en su milagroso desierto. Muchos han logrado madurar, pero hay otros que no han podido hacerlo. Siguen añorando los días de holgazanería en que lo único que tenían que hacer era estar presentes sin hacer nada.

   Dios quiere que su Palabra sea clara para nosotros hoy. "Sigo estando con ustedes. Pero ya no hay más maná. No hay más comida gratis. Es hora de que salgan de sus cómodas salas y acepten su responsabilidad como siervos míos, para que yo pueda bendecir el trabajo de sus manos. Es hora de pasar de los milagros al trabajo. Es hora de madurar. La madurez se caracteriza por la responsabilidad".

   "Pues Jehová tu Dios te ha bendecido en toda obra de tus manos' él sabe que andas por este gran desierto; estos cuarenta años Jehová' tu Dios ha estado contigo, y nada te ha faltado" (Deuteronomio 2:7). Cuando dejó de llover maná del otro lado del Jordán, también dejó de llegar el agua que brotaba de las piedras, y los vestidos ya no se mantenían limpios y frescos por sí mismos. Todo esto terminó cuando comenzaron a comer del fruto de la Tierra prometida. Ahora debían ser socios de Dios en sus milagros. Ahora debían madurar y aceptar su responsabilidad en la posesión de la Tierra Prometida.

   Si ha usted luchado en el desierto, espero que la verdad de este capítulo le haya hablado al corazón. Dios no hace lo mismo en Canaán que en el desierto. Esto es importante, porque quien no lo comprenda piensa que Dios lo ha abandonado. Muchos no salen de la fase del desierto porque se niegan a madurar. Quizá sea usted uno de ellos. Quizá se ha preguntado por qué Dios dejó de moverse en su vida el año pasado o hace muchos años. No ha dejado de moverse. Él espera que usted se mueva, desea que lo haga, porque el destino exige acción.

  Cuando Josué guio al pueblo hasta Canaán, los hititas, amorreos y cananitas eran el desafío que había que enfrentar. Aunque la tierra les había sido prometida, tendrían que tomar la responsabilidad de pelear por lo que ya les pertenecía. Lo mismo tendrá que hacer usted en la tierra de Dios, de leche y miel.

   Las victorias en las que creen llegarán, pero tendrán que pelear por ellas, porque es hora de ser responsables. Los días de maná gratis, ropa gratis yagua que brotaba de la roca han pasado. Pero está bien. Porque ahora podrá usted cavar su pozo de agua y cultivar su comida, porque Dios le dice: "Es hora de ser responsable". Esto también vale para las naciones. La independencia nacional no garantiza libertad; solo confiere liberación del imperialismo. El espíritu del trabajo, la creatividad y la responsabilidad será lo que determine el éxito y el desarrollo de la nación liberada.

   El precio de la libertad se escribe con mayúsculas: R-E-S-P-O-N-SA-B-I-L-I-D-A-D. ¿Está dispuesto a pagarlo? ¿Está preparado para dejar de jugar y presentarse para el puesto de trabajo? 

 Myles Munroe. En busca de la libertad. Primera edición 2005. Editorial Peniel. Pag 138 a la 144

jueves, 4 de febrero de 2021

GENTE EN EL DESIERTO Parte III

Ayuda del Lider

   Otra de las cosas que hará Dios para prepararnos antes de que crucemos el ]ordán, será darnos un mentor humano que nos guíe en nuestra preparación para la libertad. La persona que Dios ponga en nuestra Vida será dura con nosotros. Nos obligará a crecer, porque su tarea consiste en prepararnos para vivir en libertad. Moisés era el mentor de Israel, y es irónico que su dureza fuera justamente lo que le impidió cruzar personalmente el Jordán. Cuando se quejó con amargura de la tozudez y la mentalidad de esclavos de su pueblo, Dios lo juzgó por rebajarse a la altura de los quejosos. Porque gritó con ira por la rebelión de su gente y golpeó una roca para obtener agua, en lugar de obedecer la orden que Dios le había dado de simplemente hablarle:

    "Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la pena, y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta pena? Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias. Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado" (Números 20:10-12).

   El propósito de enseñar y entrenar no es solo para información; es para lograr una transformación. Somos transformados a través de la renovación de nuestras mentes. Fue Moisés quien lideró en integridad y entrenó a Josué para que terminara el trabajo.

   Este entrenamiento es tan importante para el Creador, que si usted no se gradúa de la escuela del desierto de Sinaí, nunca le permitirá entrar en la plenitud de su propósito y destino en Canaán.

La fase de Canaán

   La fase final de la libertad solo puede darse dentro de los límites de la tierra prometida. Dios mantuvo a los hijos de Israel en el desierto durante cuarenta años a causa de su irresponsabilidad ante su Palabra. Pero los mantuvo vivos, pues permitió el nacimiento de las siguientes generaciones. Esa siguiente generación, y los que tenían veinte años o más, pudieron ser entrenados por Josué y Caleb para tomar posesión de su Tierra Prometida. La libertad no es solo un derecho, es un privilegio.

   La libertad es una actitud, y no está garantizada; debemos ganarla. La libertad es una gran responsabilidad.

Comprenda la libertad

   "Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel" Josué 1:1-2).

   Moisés liberó al pueblo de la esclavitud, pero Josué sería el guerrero de la libertad enviado por Dios. Cuando uno cruza el río Jordán, Dios estará junto a nosotros, pero será entonces cuando Él espera que dejemos la bolsa de maná y tomemos nuestra espada. Después de cruzar el Jordán Dios siempre tendrá expectativas más altas de las que tenía cuando estábamos en el desierto. La palabra de Dios a Josué es la misma que nos dice hoya nosotros: "Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé" Josué 1:5).

   El problema que tienen muchas personas es que olvidan que Dios esta con ellos. No pasan mucho tiempo con Él, así que no sienten su presencia. Jamás debemos olvidar que Dios está con nosotros. Debemos acercarnos a Él como Padre nuestro, todos los días. Él es más grande que cualquier opresión que hayamos sufrido en el pasado, y nunca nos abandonará. Todo lo que nos ha prometido, hará que se cumpla. Esto permanece igual. Pero del otro lado del Jordán Dios espera que nos arremanguemos y nos pongamos a trabajar. Trata a su pueblo de la tierra prometida de manera diferente de cómo trata a quienes están en el desierto

   Dios le dijo a Moisés que partiera el Mar Rojo con un trozo de madera. Pero con Josué, Dios les dijo a los israelitas que caminaran por el agua. Con Moisés, DIOS les dio comida del cielo. Con Josué, los puso a cultivar la tierra. Con Moisés Dios les dio de beber agua que manaba de una roca cuando tenían sed. Los que entraron en Canaán con Josué teman que cavar pozos y aljibes.

   Hubo y hay una diferencia entre Moisés y Josué. Moisés fue un liberado, en tanto que Josué fue el guerrero que peleaba por la libertad. La tarea asignada a Moisés fue la de liberar a Israel de la opresión física. La tarea asignada a Josué fue la de guiarlos hacia la Tierra Prometida y, en consecuencia, hacia su libertad de la opresión mental.

   Dios era el mismo Dios, pero la fase de la vida de Israel había subido al siguiente nivel. El grupo de Moisés recibía el poder milagroso de Dios; el pueblo liderado por Josué recibió la orden de participar en el proceso de su milagroso poder.

   Cuando llega el momento de entrar en la libertad, los mares de la vida ya no se abrirán por sí mismos. Cuando estaba en la universidad oraba y el dinero para mi educación aparecía milagrosamente. Cuando oraba Dios también me alimentaba y vestía. Pero después de graduarme, él me dijo: "Ve a trabajar. Si no trabajas, no comerás". Fue el mismo Dios. Después de mi graduación, pero ahora había sido promovido al siguiente nivel de la vida: el nivel de la responsabilidad.

 Una vez que entramos en la tierra prometida Dios no abre los mares ante nosotros. Tenemos que "mojarnos los pies" como se dice popularmente. Josué tuvo que decirle al pueblo que se mojaran los pies. Tenían que utilizar la fe: "No estoy seguro de que esto funcione -habrán dicho algunos-, pero si Dios me dice que ponga mi pie allí, daré el siguiente paso".

Cuando hemos crecido Dios nos hace parte del milagro. Después de la muerte de Moisés Josué se hizo cargo, y el pueblo de Israel entró en una era distinta. Dios le dijo al nuevo líder: "Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien" Josué 1:8).

   "Moisés los santificó en el desierto -es lo que decía Dios, en esencia- pero en Canaán tendrán que santificarse a sí mismos. Ha llegado el momento de trabajar en su salvación. Ahora son responsables de conocer mi Palabra. Nadie los cuidará aquí para ver si andan pecando. Nadie controlará por qué no han venido a la iglesia. Es tiempo de madurar. Bienvenidos a Canaán. Aquí, tomen la pala, el pico y la espada. Es tiempo de ser responsables. Es tiempo de trabajar".

   La responsabilidad es el prerrequisito de la libertad. Por eso, el principio de la libertad es la responsabilidad, porque la libertad lo exige. 

Myles Munroe. En busca de la libertad. Primera edición 2005. Editorial Peniel. Pag 135 a la 138 

sábado, 23 de enero de 2021

GENTE EN EL DESIERTO. Parte II

La prueba del desierto.
   Cuando le pedimos a Dios que cumpla su promesa, estamos simplemente pidiéndole que nos ponga en el aula. La parte que no decimos en la oración es: "Entréname para ello". Si le pedimos a Dios algo grande, también le estamos pidiendo grandes pruebas, tribulación, experiencia y desafíos en el desierto. Todo esto nos prepara para la respuesta que vendrá después.

   Si intentamos evitar estas experiencias de maduración nos estamos convirtiendo en "presa gigante", porque Canaán solamente se inclina ante el hijo maduro de Dios (ver Números 14). Canaán -la libertad- exige carácter, y el carácter se construye a través del tiempo, las pruebas y la disciplina.

   Así que cuando ore, peregrino del desierto, asegúrese de que entiende que Dios lo preparará para la respuesta a lo que está pidiendo. Quizá quiera usted limitar su oración a "la voluntad de Dios", ya que El sabe lo que usted necesita y qué es lo que puede recibir según su preparación. No le dará las cosas para las que no esté preparado. En cambio, querrá entrenarlo, y. el entrenamiento quizá sea tan difícil que usted llegará a preferir que El olvide su pedido. Si Dios le promete algo, siempre lo preparara para que pueda recibirlo.

   Sé que quizá habría preferido que Dios olvidara el asunto en el caso de que me hiciera avanzar en ciertas áreas de mi ministerio antes de que estuviera preparado. Hoy superviso una de las únicas organizaciones cristianas representadas en las Naciones Unidas. Si Dios me hubiese dicho que avanzara en esto antes de que yo estuviera preparado, quizá le hubiera hecho pasar vergüenza y hubiera perdido mi credibilidad ante el mundo. También estamos en la TV internacional y recibimos invitaciones para dar conferencias, que no habrían llegado jamás si yo hubiera comprado mi tarjeta de presentación mientras aún estaba dando vueltas en  el desierto. Tuve que aprender a administrar mis talentos antes de que Dios abriera esas fructíferas puertas. Lo mismo sucede con usted. Recuerde que el viaje de Egipto a Canaán debiera haberle llevado a los israelitas unos cuarenta días. Cuando partieron del Monte Sinaí donde Dios llamó a Israel a adorar, y donde Moisés recibió la Ley, la gente camino en círculos por el desierto antes de llegar a Cades Barnea desde donde enviaron a un grupo de espías para que vieran la Tierra; Prometida. Pero diez de estos doce espías no estaban preparados para entrar y su informe fue malo:

. "Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros" (Números 13:31).

      El informe llenó de miedo a los que lo oyeron, y se reunieron para decir: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto" (Números 14:4). A raíz de que estos diez espías no preparados influyeran sobre la gente, les llevo cuarenta años el camino que cruzaría el río Jordán. Los diez espías -y todos aquellos influenciados por estos- debieron morir en el desierto antes de que sus hijos pudieran entrar en la Tierra Prometida. La Biblia dice que los israelitas faltaban a clase continuamente. No podían graduarse y por eso Dios seguía enseñándoles la misma lección. .Algunos de nosotros hemos vivido esta experiencia. Fracasamos. Evitamos la responsabilidad. Huimos de los desafíos. Tomamos un atajo, no aprendemos y luego estamos de vuelta en el lugar donde comenzamos, andando en círculos con esperanza en Dios, pero viviendo en rebelde derrota.

                                                                                                                                                            Todos intentamos evitar algunas pruebas. Pero Dios no permitirá 
que entremos en su tierra prometida sin que aprendamos las lecciones que las pruebas deben enseñarnos. ¿Por qué? Porque Dios quiere gente madura. La vida en el desierto nos entrena para vivir en la libertad. Dios no lo llevará a usted a Canaán hasta estar satisfecho de que ha aprendido las lecciones en Sinaí. Ahora, sé que esto entra en conflicto con algunas enseñanzas de la iglesia, pero la preparación para la verdadera libertad es la tribulación y las pruebas. Dios siempre nos llevará por el desierto para hacernos madurar. Por eso debemos aprender nuestras lecciones.                                                                                                                                                                                                                                                                                 La responsabilidad de vivir en libertad: aprender de las pruebas en el desierto
   Es en el desierto donde Dios provee y nos respalda para que podamos desarrollar la capacidad de vivir en libertad. La libertad entraña una carga de responsabilidad para la que debemos estar condicionados antes de que Dios nos permita pasar la prueba. Dios nos bendecirá durante este tiempo aunque sigamos actuando sin madurez, pero la bendición no es permanente.

   Cuando llegue al río Jordán, serán necesarios algunos cambios. Dios querrá que usted responda de manera nueva. Querrá que usted le muestre lo que es capaz de hacer con respecto a la responsabilidad. Le exigirá responsabilidad. En esencia, el propósito del desierto es el de condicionamos para Canaán. De hecho, la liberación no es libertad. En cambio, sí nos prepara para la libertad. Dios dirá: "O mueres de este lado del desierto, o cambias antes de cruzar el río. Cambia ahora, o morirás en este desierto".

  "Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Mas tan ciertamente como vivo yo, y mi gloria llena toda la tierra, todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá" (Números14:11,21-23).

   Dios le dijo a Moisés que su pueblo era tozudo. No habían cambiado, y por ello los hizo permanecer en el desierto para que murieran, durante cuarenta años. Suena horrible ¿verdad? La Biblia dice que murieron en el desierto porque no habían pasado la prueba que los habilitaba para cruzar el río (ver Josué 5:4-6).

   Si muere usted en el desierto jamás llegará a vivir lo que Dios tiene planeado para usted. Entrará al cielo, pero su vida en la Tierra será dura, seca, miserable y sedienta. Aprendamos nuestras lecciones en el desierto ? Para poder enfrentar la responsabilidad de Canaán. El principio es el siguiente: la transformación es más importante que el cambio de lugar. La libertad mental es más importante que la libertad física.

Preparándose para entrar en Ganaán
   Canaán representa nuestra promesa, sueño, visión, destino y deseo. Canaán es nuestro futuro preferido. Todo ser humano, toda nación tiene su Canaán. Canaán es el propósito predeterminado de Dios para nuestra vida. En esencia, Canaán representa la voluntad de Dios. Cuando llega el momento de entrar a Canaán, Dios hará algunas cosas. Pnmero, nos circuncidará.

"En aquel tiempo Jehová dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve a Circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel" Josué 5:2).

    La circuncisión es un "tipo" que representa una distinción y una partida. Distingue la singularidad de uno con respecto a los demás, el dejar atrás una vieja forma de vida para adoptar un nuevo estilo de vida. La circuncisión significa que Dios cortará las últimas ataduras, el viejo  pensamiento o recuerdo del desierto o de Egipto. No quiere que llevemos nada que nuestro pasado a nuestro nuevo futuro. Esos hábitos que uno adopto en Egipto o en el desierto, tendrán que desaparecer antes de poder entrar. Pablo nos dice en Romanos 2:29 que la circuncisión del Nuevo Testamento no es el corte de la carne humana, literalmente sino del corazón. En Colosenses 2: 11 dice: "Fuisteis circuncidados con 'circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso camal, en la circuncisión de Cristo".

   Es esencial observar que la palabra corazón aquí significa "mente subconsciente". Se refiere al condicionamiento mental.

   Sin embargo, Dios no pudo circuncidar los recuerdos  y hábitos de los padres  rebeldes de Israel, así que hizo que fueran sus hijos quienes lograran llegar a Canaán. Toda persona, comunidad o nación que no pase por la transformación mental, no llegará a V1V1r la plantad de su potencial y destino ¿Por qué? Porque el destino exige una Cierta mentalidad.

   "Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que todos los hombres de guerra que habían salido de Egipto fueron consumidos, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová. por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra de la cual ]Jehová había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel. A los hijos de ellos, que él había hecho suceder en su lugar, Josué los circuncidó; pues eran circuncisos, porque no habían sido circuncidados por el camino" Josué 5:6-7).

    Ni siquiera uno de los hebreos quejosos que seguían con Egipto en su corazón logró entrar en la Tierra Prometida de Abraham. La promesa estaba dicha pero no pudieron cumplirla hasta el final. Solo quienes no tenían memoria de la esclavitud pudieron entrar. Josué y Cale~ .fueron las únicas excepciones, porque comprendieron su responsabilidad y las oportunidades que les esperaban del otro lado del Jordán.

    No hay nada en el mundo que pueda corromper a Canaán más que el pensamiento de esclavitud propio de los hebreos que sallan de Egipto Es que Dios quería que Israel tuviera una v1da nueva, una nueva actitud y nuevos hábitos. Quería que en su nueva tierra todo fuera nuevo. y lo mismo quiere de nosotros. Canaán exige conversón.

   Es en el desierto cuando nos acercamos a Dios para agradecer por nuestra liberación. Él espera que renovemos nuestra mente cada vez más a las realidades de su nueva vida. Es allí donde Dios  Circuncidar  nuestro apetito de Egipto. Si sentimos nostalgia por nuestra antigua vida, Dios no nos llevará a su tierra de leche y m1el. AS1 que la responsabilidad de nuestra libertad depende enteramente de nosotros.

   En  esencia, el enemigo de Canaán es Egipto. El enemigo de la verdadera libertad es la mentalidad de esclavo.

Dios nunca permitirá que lleguemos a ser todo lo que podemos llegar a ser, hasta tanto no estemos hartos de ser lo que éramos. Jamás avanzaremos hacia el sueño de Dios para nuestra vida, hasta tanto odiemos la pesadilla que solíamos vivir. Tenemos que detestar lo que solíamos ser y abandonar completamente nuestro pasado, antes de que Dios pueda hacer de nosotros lo que Él quiere que seamos. Recuerde: la transformación mental es más importante que la reubicación física.

    Algunas personas siguen soñando con lo que solían ser. Siguen haciendo las mismas cosas que hacían con sus amigos egipcios. Siguen pasando por los lugares donde se reunían con los egipcios y se detienen, deseando comer la comida egipcia. Nada cambia a menos que cambie la mente. Es por eso que el Creador no puede confiarnos a muchos el sueño que nos tiene preparado. Porque la mayoría de nosotros seguimos pensando en Egipto, y entonces   Dios seguirá manteniéndonos en el desierto, veinte, treinta o cuarenta años, si nos negamos a cambiar. Muchos se sientan el domingo por la mañana en la iglesia, con arena del Sinaí en las suelas de sus zapatos, mientras el ministro predica acerca de Canaán. Van a casa después del servicio y murmuran sobre el mensaje, porque eso es lo que hacemos cuando vivimos en el desierto.

   Los israelitas querían volver a Egipto, a sus potes de carne, cebollas y ajo (ver Números 11:5). Los gustos conocidos de Egipto que les habían satisfecho durante cuatrocientos años seguían impidiéndoles adquirir el nuevo gusto por la leche y la miel de Canaán.

Salgan de en me dio da ellos
   "Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré. Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso"(2 Corintios 6:17-18)
.
     El modo en que Dios trató a Israel es el mismo en que nos tratará a nosotros. Si queremos vivir plenamente la vida que Dios quiere para nosotros, tendremos que cambiar nuestra dieta. Tendremos que salir de Egipto y apartarnos. Tendrán que cambiar nuestras papilas gustativas. ¿Qué es lo que hace que su vida sea excitante? ¿Siguen gustándole las drogas y el alcohol? ¿Sigue frecuentando las discos y los bares del Faraón? ¿Sigue pensando en la fornicación Y la pornografía? ¿Sueña con la leche y la miel mientras come cebolla y ajo? Si es así, tendrá que cambiar su dieta, porque el destino determina la dieta, y uno come
aquello en lo que desea convertirse.

   Cuando cambian nuestras papilas, también cambia nuestra dieta. ¿Cuál es su deseo respecto de la Palabra de Dios? ¿Le entusias.ma la verdad de la Biblia? ¿Se levanta por la mañana pensando: "Lo primero que quiero hacer es leer la Biblia?" Si es así, sus papilas gustativas están cambiando y el desierto se está esfumando. Canaán está del otro lado del] Jordán y sus pies están casi listos para cruzar. ¿Qué hay de los libros que lee, las películas que ve, los clubes que frecuenta y los amigos que tiene? ¿Están en conocimiento de Canaán?

   Si sigue pareciéndole aburrido ir a una reunión de oración -si el Espíritu Santo tiene que reprenderlo, y hacen falta ángeles para llevarlo hasta la puerta- entonces todavía no ha adquirido el gusto por las cosas de Dios.

   Si sigue pensando en la cebolla y el ajo, no podrá comer leche y miel. Aquí hay una extraña combinación de alimentos. Porque si come cebolla y ajo con miel y leche, sus papilas se rebelarán y su estómago enfermará. Esto es lo que sucede cuando uno conserva el gusto por la comida de Egipto y quiere comer la de Canaán: se enferma. ¡Nuevo deseo, nuevo destino!

   Dios prefiere que esté usted en Egipto o en Canaán, porque cuando está en Canaán, Jesús exigirá total compromiso de su iglesia. "¡Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente! ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca" (Apocalipsis 3:15-16), es lo que le dijo a la iglesia de Laodicea. y la palabra a Laodicea es la misma que nos dice hoy en nuestra iglesia moderna.

   Dios rechaza el gusto mezclado de la leche y el ajo. Así que debe decidir dónde vivir: en Egipto o en Canaán, en la esclavitud o en la libertad. Dios no quiere que nada de lo que vivió mientras era esclavo le impida avanzar cuando cruce el río Jordán. Quiere que todo lo que tenga que ver  con la opresión sea cortado en la circuncisión, para que pueda usted cruzar, con una mentalidad diferente. Recuerde: no se puede avanzar al futuro mirando el espejo retrovisor.

   Los adultos de Israel que habían sido liberados de Egipto no llegaron jamás a la Tierra Prometida. Fueron los hijos de ellos, los nacidos en el desierto, quienes recibieron el entrenamiento para poder entrar en Canaán. Hizo falta una generación entera para borrar de sus mentes la influencia de Egipto. Dios no permitió que los padres entraran en Canaán, porque llevaban a Egipto en su mente. Habían sido condicionados mentalmente durante cuatrocientos treinta años de esclavitud. No querían la transformación mental. Así es que, aunque parezca duro, una de las mejores cosas que Dios podía hacer para que su plan avanzara, era asegurarse de que permanecieran y murieran en el desierto de Sinaí.
Recuerde: llevar la corona puesta no implica que uno piense como rey. El desierto es el aula de Dios, donde nos entrena para Canaán. La libertad
exige preparación
Myles Munroe. En busca de la libertad. Primera edición 2005. Editorial Peniel. Pag 128a la 135

sábado, 16 de enero de 2021

GENTE EN EL DESIERTO. Parte I

   La vida de Israel bajo el látigo terminó con su liberación, pero los pensamientos castigados de cuatro siglos de opresión los siguió cuando iban hacia el Mar Rojo.

   Casi puedo imaginar lo que le parecería el cruce del Sinaí a Dios. La imagen que vi desde el avión ha quedado impresa en mi mente. El calor y el sol que mi esposa Ruth y yo sentimos al caminar por allí fue lo mismo que sintió Moisés. La mismas colinas, el mismo polvo, todo eso vio y vivió el pueblo hebreo.

   Los libros de Éxodo, Levítico y Números llenan los huecos de mi imaginación con el relato de lo que sucedió hace 3.400 años, cuando los esclavos más viejos fracasaron en su intento por llegar a la libertad y murieron en el polvo del Sinaí. Sin embargo, hubo otros que sí llegaron a cruzar el Jordán. Aquí veremos las lecciones que podemos aprender de ambos grupos: los mayores y las generaciones de jóvenes entre los israelitas.

   Las verdades sobre los mayores son importantes porque nos advierten de los peligros del pensamiento de opresión y rebeldía. Y las verdades sobre los hijos también son importantes porque pueden ayudarnos a romper con nuestras esclavitudes. 

   Los paralelos entre los procesos individuales y nacionales en el éxodo de los hebreos son asombrosos por su similitud. Vayamos en un viaje imaginario, por los caminos del desierto que recorrió Israel.

Vida responsable, que comienza con una promesa
   La primera lección que nos enseña Israel es que el llamado de Dios a la vida responsable siempre comienza con una promesa. Antes de que Israel fuera a Egipto bajo la dirección y protección de José, el hijo de Jacob, el patriarca de la familia, Abraham, recibió una promesa:

"Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición (. .. ) y serán benditas en ti todas las familias de la tierra" (Génesis 12:2-3).

   Hubo hambruna en la tierra de Israel, así que José, que había sido vendido a Egipto como esclavo y eventualmente llegó a ser primer ministro del Faraón por sus dones de administrador, invitó a su familia a vivir y comer en la seguridad de Egipto. Luego de que José y el Faraón murieran, un nuevo rey egipcio que desconocía a José, hizo esclavos a los hebreos. Pero aunque los israelitas eran ahora esclavos en Egipto, Dios no había olvidado la promesa que le había hecho a Abraham.

   El modo en que Dios condujo a los hijos de Israel es el modo en que sigue conduciendo a todas las personas y naciones. Así que veamos dos principios en las promesas de Dios.

Dios da una promesa antas da cumplirla, para crear una visión
   Este primer principio tiene sentido ¿verdad? No se promete algo que ya se ha dado. Así que el primer punto importante que vemos en este capítulo es que Dios siempre comienza por el resultado final. Siempre trabaja hacia la meta de nuestra libertad, pero necesita que captemos y creamos en la visión que nos lleva a ella. Dios nos da la visión de la libertad cuando aún estamos bajo la esclavitud.

   El proceso de la liberación de Israel comenzó con la promesa a Abraham, lo que estableció la nación hebrea. Pero cuando llegó el momento de liberar a Israel del yugo egipcio, Dios renovó la promesa, esta vez a Moisés, mientras este se hallaba de pie y descalzo ante la zarza ardiente en Sinaí: "Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel" (Éxodo 3:8).

   Ahora, esta era una promesa de veras. Dios le describe a Moisés la tierra que le había prometido a Abraham, como nunca la había descrito para Abraham. Todo sería hermoso, perfecto, próspero; la leche y la miel fluiría, y habría espacio y todo sería bueno. Una visión es la promesa de un futuro preferencial, y Dios promete lo mismo a toda la humanidad, a todas las naciones.

   Dios le ha prometido a todo hombre, mujer y niño en la Tierra, la esperanza del futuro y la vida celestial. Todo humano ha sido creado para cumplir esta promesa. Usted es producto de una promesa. Ahora observe el segundo principio de la promesa de Dios al hombre:

Dios siempre da la promesa mientras somos aun esclavos
  Dios nos da la buena noticia mientras aún vivimos la mala experiencia. Nos habla de libertad mientras somos todavía esclavos. Cuando nos habla de la cima, estamos aún en el pozo. ¿Por qué? Porque las promesas son siempre de cumplimiento futuro, y tienen por objeto traer esperanza. De eso se trata la esperanza. La promesa hace nacer la visión. La promesa hace nacer la fe.

   Dios le prometió a Abraham que llegaría a ser una gran nación. Pero cuando llegó el momento de cumplir esa promesa los israelitas sufrían en el pozo de la esclavitud en Egipto. Así que, en cumplimiento de su promesa Dios hizo surgir a Moisés, quien aceptó ser el administrador del llamado a la liberación de los hebreos. Una promesa divina es mientras comían ajo y cebolla. Sin embargo, no les dijo cual era el proceso necesario para que llegaran a la libertad.

Las tres fases de la libertad en el camino de la responsabilidad.
   Los hombres, las mujeres y las naciones de hoy deben progresar avanzando por tres fases idénticas a las del proceso por el que pasaron los israelitas mientras Moisés los guiaba hacia la libertad.

   El camino hacia la responsabilidad recorre las rutas del mundo, en el Mar Rojo, en el desierto y cruzando el río Jordán hacia la tierra prometida. Así que la primera fase es la esclavitud -o Egipto-. La segunda fase es el desierto. y la tercera fase es el cruce del río Jordán hacia la tierra prometida. 

   Toda nación o persona, grande o pequeña, Joven o Vieja, debe pasar por estas tres fases en su camino hacia la verdadera libertad. Como señalé en los capítulos anteriores, si uno no puede sobreponerse a las realdades de su pasado, todo lo que puede esperar es la experiencia del desierto. Porque la verdadera libertad es siempre cuestión de mente y corazón.

La fase de la Esclavitud en Egipto
   La fase de Egipto es el tiempo de la opresión y la esclavitud. Israel había sido esclavo de Egipto durante más de cuatrocientos años. Estaban deprimidos, oprimidos, suprimidos y en algunos casos habían sido esclavos durante más de diez generaciones. Veamos su historia, según la registra Éxodo 1:

"Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés. Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían, de manera que los egipcios temían a los hijos de Israel. Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor" (vv. 1I-14).

   La dura servidumbre y el maltrato del pueblo esclavizado los movía a clamar diariamente por su libertad: "Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre" (Éxodo 2:23). Dios oyó su clamor, según los versículos 24-25
:
"Oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios".

   Dios hizo surgir a un liberador del mismo palacio de Egipto. Recogido de entre los juncos del Nilo por la hija del Faraón, quien lo crio como a un hijo, Moisés sería el liberador de Israel. Llamado de entre los campos de pastoreo de Madián, a los ochenta años, Dios lo usaría sobrenaturalmente como predecesor de Jesús para mostrar a todo ser humano cuán fútil es intentar la salvación de manera natural. Moisés, antes de ser fugitivo, había intentado liberar a su pueblo utilizando una estrategia propia ... y mató a un egipcio

   Cuando Moisés o su hermano y compañero de ministerio, Aarón, alzaban en alto su cayado de pastor, Dios lo convertía en milagrosa herramienta de liberación. Hubo terribles plagas que se desataron sobre Egipto, manifestando la divinidad. Al salir de Egipto e iniciar su viaje por el desierto, se abrió el Mar Rojo, cayó maná del cielo, las columnas de fuego y las nubes los preservaban del frío y el calor mientras guiaban su camino, salía agua de las rocas y su ropa se mantuvo limpia y fresca durante todo el viaje. Era la sombra y el tipo de salvación que hoy tenemos en Cristo, porque la humanidad es salva por milagrosa gracia de Dios y no por obras religiosas. La liberación siempre es milagrosa.

   Cuando Jesús estuvo en la Tierra probó la realidad de la divinidad y el amor. de Dios por medio de los muchos milagros que Dios hizo a través de El. Jesús caminó sobre el agua, sanó a los enfermos, ordenó que las redes se llenaran de peces, alimentó milagrosamente a miles de personas, calmó tormentas con su palabra y resucitó a personas que habían muerto. Luego sangró, murió y resucitó para salvarnos, sin pedirnos hizo todo. Lo único que tenemos que hacer es estar de acuerdo con El, y Él nos salva. No podemos morir por nosotros mismos ni hay obra buena que nos haga "ganar" la salvación. Jesús hizo todo lo que necesitaba hacerse para liberarnos del pecado -Egipto-.

   Las señales milagrosas que Dios obró cuando Moisés alzaba su cayado hicieron que una serie de milagrosas plagas debilitaran al Faraón, y que Israel pudiera librarse para salir del barro hacia Sinaí. No hubo nada natural en su liberación: todo fue milagroso. Y es así exactamente como Dios libera a las personas de su fase de Egipto hoy: milagrosamente. Hoy Dios envía al Espíritu Santo para confirmar su realidad por medio de señales milagrosas, y llega a nuestros corazones para hacernos nueva creación en nuestro ser interior. Pablo escribe:

"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Corintios 5:17).

  Solo Dios puede hacerlo. Es milagro. Y entonces Él nos guía hacia la siguiente fase de liberación en el camino hacia la libertad, por medio del milagro que abre nuestro propio Mar Rojo.

La fase de Mar Rojo
    La segunda fase en el camino hacia la libertad comienza con la apertura del Mar Rojo, que siempre lleva al desierto. Recuerde que Dios no llevó a los israelitas directamente de Egipto a Canaán. Los llevó al desierto primero, para sacarles el Egipto que tenían adentro.

    Fue en Egipto donde Dios obró sus milagros de liberación. Cuando las plagas del agua sangrienta, las ranas, los insectos, las llagas y el granizo se mezclaron con el fuego, las langostas y la oscuridad que cubrió a los egipcios, Israel se mantuvo a salvo de todas. Sin embargo, en Sinaí Dios obró sus milagros de providencia. La experiencia en el desierto de Sinaí se caracteriza por la milagrosa provisión de Dios.

   Muchos enseñan que la experiencia de Israel en el desierto fue solamente un tiempo de sueños sin concretar y fracasos continuos. Y para los hebreos de mayor edad, los que tenían mentalidad de esclavos, era verdad. Pero el desierto fue también el lugar donde Dios consoló y proveyó milagrosamente, en abundancia. Durante nuestros primeros años de fe en el desierto vivimos del milagroso maná de Dios. Él hace todo durante ese período, sin que contribuyamos nada.

   Lo mismo sucede con las naciones. Cuando Dios permite que nazca una nueva nación, provee un período de gracia y abundancia para que puedan aprender y prepararse para la responsabilidad de la libertad. ¿ Primero Dios nos saca de Egipto, por medio de su milagroso poder que abre el Mar Rojo:

"extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como
¿ muro a su derecha y a su izquierda" (Éxodo 14:21-22).

   Entonces, una vez que hemos sido liberados del opresor y entramos en el desierto, recibimos de Dios el milagroso pan del cielo como alimento cotidiano. En la liberación Dios milagrosamente provee y cubre nuestras necesidades.

"He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá cIaramente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no" (Éxodo 16:4).

 Si somos sinceros en nuestra búsqueda y nos encontramos en necesidad del poder milagroso de Dios, Él hará salir agua de la roca donde no podríamos encontrarla. 

"He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb' y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo': (Éxodo 17:6).

y Dios proveerá de manera sobrenatural lo que nos haga falta: alimentos, refugio, ropa.
"Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años" (Deuteronomio 8:4).

   A causa de nuestra joven fe en el desierto, Dios extiende mucha gracia sobre nosotros. Y aunque los hijos de Israel maldecían a Dios continuamente, murmurando antes Moisés y diciendo que querían regresar a Egipto, Dios seguía alimentándolos, vistiéndolos y proveyéndoles agua y comida gratis, milagrosamente.

   Es por esto que la experiencia del desierto se caracteriza por los milagros. Los israelitas quizá hayan vagado por el desierto durante cuarenta años mientras la Tierra Prometida se hallaba a tan solo a un mes de distancia, pero sus necesidades siempre se vieron satisfechas. Lo mismo sucede en el proceso de la salvación.

   Este principio también vale en el proceso de salvación y redención personal o nacional. Cuando por primera vez uno es liberado de la esclavitud del pecado, habrá muchos milagros en su vida, su ministerio, iglesia y trabajo. Muchas personas inician un negocio y experimentan repentina prosperidad. Se sienten tan entusiasmados durante los primeros tres meses que piensan que lloverán los millones. Pero a medida que avanza el tiempo y no llegan a madurar en los asuntos de Dios, la milagrosa providencia gradualmente se va secando y pronto comienzan a preguntarse cómo harán para poder mantener el negocio a flote.

  ¿Recuerda usted el comienzo de su salvación? ¿Sentía que quería salvar a todo el mundo, verdad? Acababa de vivir una experiencia milagrosa y estaba muy entusiasmado. Oraba por la pasta dentífrica, y aparecía en la mañana. Dios hacía todo por usted. Pero ahora que han pasado años de su salvación, se pregunta usted si Dios se acuerda de sus dientes.

   Cuando estamos en la experiencia del desierto siempre tendremos provisiones gratis. Dios proveerá y cuidará de nosotros durante este período. Es por ello que muchos nuevos conversos creen que Dios es Santa Claus. Lo mismo pensaban los hebreos en el desierto.

   Dios es nuestro patrocinador mientras estamos en el desierto. Es allí donde Dios suple toda necesidad, sin rendición de cuentas. Y lo hará a pesar de su tendencia pecadora, traída de los oscuros días en que vivió en Egipto.

   Dios lo alimentará en el desierto aún si usted murmura y se queja. Dios lo bendecirá aún si peca. Dios proveerá para usted. Lo cuidará aún si usted lo insulta al caminar por el desierto. Si siente celos, enojo, si se involucra en cosas detestables, Dios seguirá alimentándolo y cubriendo sus necesidades ¿Por qué? Para guardar su Palabra e integridad, para mostrarle a usted su naturaleza y confirmar su amor por usted. Sin embargo, y lo que es más importante, le dará también el tiempo y la oportunidad de renovar su mente y cambiar su espíritu de esclavo.

  Quizá haya estado usted pecando y Dios siguió bendiciéndolo. Ha estado protestando y Dios siguió bendiciéndolo. ¿Por qué? Mire alrededor de usted. ¿Ve arena y arbustos? Sí, seguro, porque sigue en el desierto. Aun es un niño en crecimiento. Quizá haya aceptado la salvación hace poco tiempo. Y Dios sigue bendiciéndolo, aún en sus pecados. Usted es un hijito de Dios, y aunque siga portándose mal, Dios seguirá bendiciéndolo.

   La gente del desierto se ha librado de la esclavitud, pero todavía no es libre. El desierto nos prepara para la libertad. Llegará un día en que los milagros cesarán y entonces usted, por fe, deberá arremangarse y trabajar en su salvación como socio de Dios.

   No importa qué piense usted que Dios quiera hacer con su vida no importa cuántas cosas buenas Él le haya prometido, Dios hará que usted califique para recibirlas antes de dárselas. Para eso es el desierto. Es un lugar de pruebas. Dios lo hará calificar para la promesa. El desierto lo hará calificar para Canaán.

   Dios no confía en las personas que acaba de liberar, en gente que todavía sigue siendo haragana y espiritualmente irresponsable. No conocen la Biblia aún, así que no saben administrar con efectividad. No son creativos ni automotivados en los asuntos de Dios. No pueden enfrentar la presión espiritual, las luchas de la vida, las dificultades o los desafíos de la libertad fuera del control de opresor. Constantemente necesitan que otros cuiden de ellos. Dios no permitirá que ese espíritu entre en Canaán. Lea sus palabras dichas a Moisés en lo referente a por que primero llevó a los israelitas al desierto:

"Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y se vuelva a Egipto" CExodo 13:17).

 El versículo 18 dice: "Mas hizo Dios que el pueblo rodease' por el camino del desierto del Mar Rojo. Y subieron los hijos de Israel de Egipto armados",

   Quizá algunos le piden a Dios que los lleve hacia lo que Él les mostró como propósito para su vida. Uno quiere abrir ese negocio ahora mismo. Quiere entrar ya mismo en esa escuela. Quiere ese ministerio hoy mismo. Pero Dios quizá les dice que todavía no puede confiarle un negocio, porque no han aprendido todavía a administrar su propia vida. Así que Él lo mantendrá en el desierto hasta poder madurarlo y enseñarle a administrar. Recuerde que Dios pide administración. Es en el desierto donde Dios revela su amor. Pero un día, del otro lado del Jordán, Él le dará un talento. Y quienes aprenden a administrar podrán comerciar con éxito. El principio es: la promesa exige preparación.

   Hay muchas personas en el ministerio hoy que no fueron puestas allí por Dios. Dios no los había graduado del Sinaí, pero ellos compraron sus tarjetas de presentación de todos modos. Es por eso que causan muchos problemas en la iglesia: cometen errores, caen, causan líos. Se han arrogado títulos sin pasar por la prueba del desierto que Dios tiene para nosotros.

   Dios nunca nos dará aquello para lo que no nos haya preparado como administradores. Así que tenemos bebés del desierto que tropiezan en la tierra prometida, representan un papel, juntan dinero y viven como el diablo. Dios quiere bendecimos con lo que nos ha prometido, pero es la vida en el desierto, sancionada por Él, lo que nos califica para su entrada a Canaán -la libertad-
Myles Munroe. En busca de la libertad. Primera edición 2005. Editorial Peniel. Pag 119 a la 128 .