jueves, 20 de agosto de 2020

LA IRRESPONSABILIDAD: EL ENEMIGO FATAL DE LA LIBERTAD. Parte I

   No hay nada más destructivo en la sociedad que la irresponsabilidad. La mala administración de Adán afectó a todas las generaciones de la humanidad desde que comió del fruto prohibido
con su esposa e intentó ocultar el hecho. Hoy, a causa de la trasgresión de Adán hace seis mil años, el mundo en que vivimos está bajo el hechizo de su espíritu irresponsable. y a causa de ello sigue en su inamovible rumbo hacia el choque y la autodestrucción.

   La razón por la que tenemos tantos conflictos y experiencias debilitantes en el mundo hoy, es porque el mundo está lleno de gente infectada con el espíritu de la irresponsabilidad. 

El Espíritu de la irresponsabilidad

   La palabra irresponsabilidad significa "que no responde a la autoridad". ¿Le suena familiar? Mucha gente hoy no quiere que le digan qué durante el tiempo que quieran hacerlo.

   La palabra irresponsabilidad también significa "carecer del sentido de la rendición de cuentas, de la capacidad o la posibilidad de responder por las consecuencias". Muchas personas no quieren rendir cuentas ante nadie, y esto incluye la actitud de negarse a responder ante Dios y ante su iglesia. Cuando desde el púlpito se habla de pecado, el mensaje por lo general se recibe como referido a la persona que está sentada al lado de nosotros, y no a nosotros mismos. Nuestra línea de pensamiento está a la defensiva: yo oró pidiendo perdón y Dios me perdona siempre, así que no me molestes más.

   Hay muchos cristianos que calientan el asiento en la iglesia, que llevan su Biblia de un lado a otro, pero que viven vidas impuras y no quieren que nadie los corrija o repruebe. Este es el espíritu de irresponsabilidad.


   La palabra irresponsabilidad también quiere decir "falta de conciencia" o "incapacidad o falta de voluntad de responder a la conciencia". Es la conciencia lo que nos permite distinguir entre el bien y el mal. Cuando nos permitimos un estilo de vida irresponsable, gradualmente acallamos la voz de la conciencia. Algunas personas hacen cosas increíbles, pero no sienten culpa ni remordimiento alguno. Se matan, hay esposos que golpean a sus esposas, padres que duermen con sus hijas, que se despiertan, toman una ducha, desayunan y salen de la casa como si nada hubiera pasado. Ha muerto la conciencia en gran parte de la sociedad, porque heredamos un espíritu de irresponsabilidad.

   Ser irresponsable también significa ser "cambiante, poco estable". La gente irresponsable puede ser volátil, descuidada de los sentimientos de los demás, apresurada, poco confiable, inestable, suelta, laxa e inmoral. Pueden tener carácter impredecible, que no merezca nuestra confianza. Y no es solo el "problema del mundo". También existe este espíritu en la iglesia cristiana de hoy. 

El juego de la culpa.

La gente irresponsable es experta en culpar a otros por su irresponsabIlidad. Recuerde la defensa de Adán: "Dios, esa mujer que me diste ... recuerda, fuiste tú quien me la dio ... ella me dio el fruto, y porque tu me diste a esta mujer, y ella me dio el fruto ... ustedes dos ....Y NO YO... son quienes me hicieron comer. Soy inocente, Dios. 'Déjame en paz! "

   Hoy todo el mundo es experto en culpar a la sociedad por nuestros problemas. La gente se ve atrapada en la mentalidad de que no hay responsabIlidad por la conducta, las decisiones y las situaciones en que nos encontramos. Todo se remite a la mala administración de Adán en el jardín.

   Al ver estas definiciones de la irresponsabilidad, vemos que muchas de nuestras comunidades viven en un floreciente desastre. Todo el mundo sufre bajo la destructiva influencia de la irresponsabilidad humana. Vivimos en una generación irresponsable que cree que el mundo le debe algo. La gente se niega a responsabilizarse por sus vidas, decisiones y acciones. ¿Pueden volverse a la iglesia, para que esta les ayude a encontrar su propósito responsable en la vida? Sí, pero la iglesia debe estar firmemente asentada en su propia responsabilidad.

El origen de la irresponsabilidad.

   ¿Cuándo entró en la sociedad este espíritu de la irresponsabilidad? Una vez más, la respuesta es simple. Este espíritu destructivo fue liberado en el jardín del Edén. En Génesis encontramos que el primer hombre -que llevaba a todos los hombres en sus espermatozoides- violó su mandato de mayordomía. Se le confió a Adán la responsabilidad sobre toda la Tierra. Tenía la responsabilidad de mantener los parámetros santos y Justos del DIOS Creador en este planeta, por medio de la obediencia. "y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra" (Génesis 1:28) .

   La palabra "señorear" literalmente significa "liderar, administrar, controlar, mantener y administrar". La orden de Dios a Adán deja en claro que la humanidad fue creada para administrar la Tierra. Se nos dio la responsabilidad de administrar, desde el comienzo mismo. Así que debemos mirar lo que sucedió en el jardín del Edén para entender dónde comenzó el problema. Cada una de las instrucciones que Dios le dio a Adán tenía un propósito específico para la humanidad. Veamos cada una de ellas.

 Fructificar por medio del trabajo

 Cuando Dios le dio a Adán el jardín del Edén, lo primero que le dijo que debía hacer era trabajar. "Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase" (Génesis 2: 15).

   Dios no le dijo a Adán exactamente lo que tenía que hacer. Solo le dijo que fuera productivo. Cuando Dios le hablaba a Adán, le hablaba a cada una de las generaciones humanas que él llevaba en sus espermatozoides. Cuando Dios dijo: "Adán, trabaja", nos decía a todos que debíamos trabajar. Esto indica que el trabajo es resultado natural de la responsabilidad que Dios nos confía. 

   El trabajo no es una maldición. Existía ya en el jardín cuando el hombre estaba en perfecta relación con Dios. Por eso, si a usted no le gusta trabajar, está resistiéndose a la voluntad natural de Dios para su vida.

   Cuando Eva conoció a Adán, él ya tenía un empleo. Así que lo primero que necesita un hombre no es una esposa, sino un trabajo. y una mujer no debería casarse con un hombre que no quiere trabajar.

   La palabra fructífero significa "producir resultados, ser redituable". Para ser fructífero uno debe tomar lo que está escondido en la semilla y hacer que florezca y crezca. La instrucción de Dios a ser fructíferos no se limita a tener hijos. Dios quería que Adán y Eva fueran fructíferos en todo. Puso "fruto" en la semilla del planeta y les ordenó obtener el "fruto". Lo mismo vale para nosotros: "Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos" (Génesis 1:28).

   Es por esto que Dios nunca hizo una silla para Adán. En cambio, escondió la silla en el árbol. Nunca hizo una mesa para Adán, sino que la puso dentro del árbol. Nunca hizo un automóvil para Adán, sino que lo escondió dentro de las vetas de metal en las montañas y dejó todo lo demás librado al hombre. Dios le dio a Adán la materia prima, y con su ingenio y productividad, Adán debía ser productivo y dar fruto a partir de esta materia.

   Luego Dios le dijo a Adán que diera nombre a los animales (Génesis 2: 19). Sabía que esto activaría la capacidad mental de Adán. Adán tenía un cerebro que jamás había usado, así que Dios quiso que Adán lo pusiera a prueba dando nombre a todos los animales. ¿Puede imaginar esto? Hay millones de animales, y el cerebro de Adán les ha dado nombres a todos. No pasó mucho tiempo antes de que el primer hombre se diera cuenta de que tenía un potencial que aún no estaba desarrollado. Esto es la administración: maximizar los recursos que debemos administrar.

   Es por esto que Dios siempre nos da algo para hacer: para que descubramos todo lo que podemos llegar a hacer. La responsabilidad de la "capacidad de responder" ante las habilidades y potencial que Dios nos dio. Así que la única manera de descubrir todo lo que puede usted hacer, es buscando algo que hacer.

 Multiplicarse.

   Para ser fructíferos y llenar la Tierra, había que reproducirse. Así que Dios puso a Adán a dormir. 

"Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre" (Génesis 2:21-22). 

   Entonces Dios tomó a Eva del costado de Adán, y les dijo que se multiplicaran y llenaran la Tierra. 

   Multiplicarse significa "tomar lo que uno produce y duplicarlo para que pueda diseminarse". Y llenar es "lograr la plenitud". También significa "distribuir". Para hacer esto, Adán debía tomar lo que producía en el Jardín y reproducirlo en otros lugares. Ese era el plan de Dios. Dios puso a Adán y Eva en el Edén. La palabra Edén significa "lugar". Dios eligió un lugar en la Tierra y lo hizo perfecto. También puso su presencia allí, y todo lo que había allí era perfecto. Entonces le dijo a Adán que duplicará este lugar en todo el planeta hasta que todo el mundo se viera como este. Si el hombre hubiera logrado esto con éxito, habría dominado la Tierra. Es lo que Dios tenía en mente. Dios quería que el hombre llenará la Tierra con todo lo que le había sido confiado. Dios quería que Adán multiplicará el Jardín para que llenara la Tierra. 

Señorear.

   Dios bendijo a nuestros padres humanos y dijo: "Señoreen". Les dio la responsabilidad de gobernar la Tierra: "Llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra" (Génesis 1:28).

   Este es el proceso de Dios, y no es diferente este proceso en usted ni en mí. En la perspectiva de administración de Dios uno no puede señorear hasta haber sido fructífero y productivo. Después de ser fructífero, uno tiene que reproducir o multiplicar lo que produce. Y entonces, después de multiplicar hay que duplicar o distribuir hasta llenar el hogar, el pueblo y la región, hasta llenar toda la Tierra. Y entonces tiene dominio y gobierno sobre ello.

   La mejor forma de mantener a la gente en la pobreza es restringiendo su productividad, asegurándose de que no puedan duplicar lo que producen. El espíritu de la pobreza hace que la gente de despoje del poder que Dios les dio para multiplicarse y llenar la Tierra con sus dones. La gente codiciosa intentará robarle a usted su idea para impedir que usted la multiplique. Y cuando usted no es fructífero, productivo y multiplicador, será pobre. Recuerde: cuando los israelitas estaban en Egipto producían únicamente lo que los egipcios les permitían producir. Todo don creativo que tuvieran estaba oprimido.

El hombre, cimiento del hogar.

   El hombre es el cimiento del hogar porque Dios inició la raza humana con el hombre. Él vino primero, y fue creado con todo ser humano de su descendencia en sus espermatozoides. Es por esto que Dios no recurrió al polvo para crear a la mujer; la mujer ya estaba hecha dentro del ser de Adán. Dios hizo un hombre del polvo, y nunca volvió a recurrir al polvo para crear.

   Cuando Adán estaba ya formado, Dios le instruyó acerca del árbol. El cartel de "No pasar", fue puesto allí para sus ojos solamente. Así que, prepárense hombres, porque aquí viene una enorme verdad: Dios nunca le habló a Eva acerca del árbol. Cuando llegó la orden sobre el árbol, Eva ni siquiera estaba formada de la costilla de Adán. Dios instruyó al macho, lo cual significa que formó el cimiento de la familia en el macho. El macho sería responsable de mantener a su familia alejada de ese árbol, y de enseñarles sobre los mandamientos de Dios.

   Si quiere uno derribar un edificio, ¿romperá las ventanas? No. Puede romper las ventanas, claro, pero el edificio seguirá en pie. ¿Puede uno derribar un edificio quitando un tablón de la pared? No. ¿Y rompiendo el techo? Tampoco. El único método efectivo para destruir un edificio es romper sus cimientos, y el cimiento de la familia humana fue el primer ser humano, el hombre, un macho.

   Así que si el cimiento falla, el resto de la casa caerá. Millones de mujeres han sufrido porque Satanás siempre ha sabido que el macho era el secreto del hogar. Es por eso que el diablo intentará apartar al esposo de su esposa. Lo tentará a que abandone a su esposa y su familia. ¿Por qué? Porque si falta el macho, la casa sufre. La mala administración del factor masculino es la raíz de nuestra crisis familiar.

   A lo largo de los años he sido consejero de familias, y aprendí que si uno quiere sanar a una familia, debe llegar al hombre. Las mujeres suelen ser las primeras en comunicar sus problemas de familia. Pero la respuesta para la sanación está en el hombre de la casa, porque él es el cimiento de la familia.

   Dios le dio al hombre todas sus instrucciones, porque quería que este fuera el administrador responsable, la cabeza del hogar. Cabeza no significa "jefe", sino "el que es responsable". Cuando uno está a cargo de algo, no significa que lo haya creado; significa que uno es responsable de administrarlo. Si su hogar se derrumba, como hombre es usted responsable por esto. Es esta la responsabilidad que Adán tenía sobre su familia. Sin embargo, allí estaba Adán, viendo cómo Eva caía en las garras del tentador. Él debiera haber cumplido con su función, ordenándole a la serpiente que se alejara.

   El hombre es responsable de sostener lo que produce. Es por esto que la Biblia nunca dice que la esposa debe mantener y sostener al esposo. Por el contrario, indica siempre que es el marido que mantiene y sostiene a la esposa.
Myles Munroe. En busca de la libertad. Primera edición 2005. Editorial Peniel. Pag 67 a 74

jueves, 6 de agosto de 2020

UNA PROMESA QUE NO LLEGABA A CUMPLIRSE. Parte II


Nacido para administrar.
   Cuando tenemos la Biblia a través de los ojos del propósito de Dios, vemos que El es un Dios que "trabaja". A causa de mi formación profesional en materia de administración de empresas, reconozco este principio en las páginas de las Escrituras, y allí están para que todos lo veamos. Sí, Dios es un Dios que trabaja con propósito, un Dios de potencial, del dar, de principios, de amor y de autoridad, y también es un Dios de la administración. Esto significa que si vamos a andar con Dios, debemos comenzar a pensar como administradores. Si va a trabajar usted con Dios debe reorganizar su pensamiento y sus conceptos. ¿Por qué? Porque todo lo que Dios hace tiene relación con su espíritu de administración. La administración del liderazgo fue la razón por la que creó al hombre, y la clave de la plenitud de este.

   El primer hombre fue creado para que dominara, para que administrara el planeta. A Adán se le confiaron los recursos que había en la Tierra, y se le indicó que administrara, señoreara y "llenará" la Tierra. Así que empecemos a pensar como Dios, definamos qué es la administración.

   La administración es el uso eficiente y efectivo de los recursos de otro, con la intención de rendir cuentas sobre el uso de los recursos a quien le ha confiado estos recursos, para que usted los utilizara. La Biblia lo llama mayordomía. Si se detiene a pensar en la administración bajo este punto de vista, descubrirá que ha trabajado en esta tarea desde
que conoció al Señor.

  A todos se nos han confiado recursos. Estos recursos pueden incluir los hijos, la capacidad, la creatividad, las finanzas, sus activos, su casa y su jardín, para mencionar unos pocos nada más. Por ello, todos somos administradores de algo.

   Ahora, si hablamos desde una perspectiva espiritual, más elevada, la mayordomía o administración es la utilización de los recursos que Dios nos confió para el cumplimiento efectivo de sus objetivos en la Tierra. Rendimos cuentas ante Dios según este modelo -como sucedió con Adán en el comienzo- . Si el creyente ha de salir de la mentalidad opresiva de la esclavitud, entonces debe comprender este modelo de responsabilidad y rendición de cuentas.

La administración para la libertad.
    La vida en Egipto era fácil para los israelitas porque eran administrados. La parte difícil llegó cuando Dios los llamó a ser administradores, porque la mayoría de ellos no estaba a la altura de las circunstancias. El propósito original de Dios para cada ser humano es el libre albedrío y un ambiente de libertad donde pueda ejercitarse el mismo. Así que mi responsabilidad número uno ante Dios es la administración, y también lo es la suya. Nos ha dado a cada uno una tarea asignada, y no solamente a los jefes.

   La verdadera libertad debe administrarse personalmente. Pero no todos aceptamos esta responsabilidad divina. Las personas que aprenden a identificar y administrar sus recursos siempre emplearán a quienes no lo hacen. Son quienes deciden tomar un trozo de tierra y administrarlo quienes se convierten en empleadores, tanto dentro como fuera de la iglesia.

   Piense en la persona para la que usted trabaja. Hubo un punto en la vida de su empleador en que debió decidir ya no ser administrado sino administrar. Quizá este punto haya estado representado por una máquina de coser, por una imprenta o un almacén. Una vez que el negocio de su empleador creció más allá de lo que podía atender individualmente, necesitó contratar a otros para que lo ayudaran. Y así fue como se unió usted al negocio.

   Ahora piense en usted mismo. ¿Dónde estaría hoy si hubiera aceptado el llamado de Dios a administrar, hace veinte años, y hubiera administrado bien los recursos de Dios? ¿Estaría haciendo lo que hace hoy? Piénselo.

   Una de las más grandes promesas de Dios sobre la vida en el reino, está en Mateo 5:5. Invita a los humildes y mansos a heredar la Tierra.

   Jesús quiere que su pueblo sea tan eficiente cumpliendo su tarea como administrador, como para extender su capacidad e influencia a toda la Tierra. Dios quiere que su pueblo administre la Tierra. El señoreo de Adán no ha cambiado. Jesús quiere que su iglesia sea el empleador y no el empleado. Y podemos serlo si aprendemos a seguir su modelo de administración para una vida fructífera.

   Comencemos por vivir responsablemente, aprendiendo seis elementos inmutables en el principio de la administración. Funcionarán tanto en su hogar como en su lugar de trabajo.

Los elementos de la administración.

l. Autoridad.
   La libertad que le espera del otro lado del desierto requiere de cuidadosa preparación y administración. El primer elemento a comprender antes de llegar allí, es el de nuestra posición bajo la autoridad. Todo quien administre algo debe entender claramente quién es su jefe. Y también conocer su propio perímetro en la estructura de la autoridad. ¿QUé es lo que no puede hacer usted con los recursos que le ha confiado la autoridad ante quien debe responder? ¿Y qué es lo que puede o no puede hacer cuando llega el momento de hacer negocios?

2. El propósito de la autoridad.
   No solo deberá entender a quién le ha confiado sus recursos, sino también por qué se los ha confiado. ¿En qué pensaba su Creador o su empleador cuando le confió estos recursos? Cuando llegué a comprender esto, la clave que le servirá de criterio para tomar decisiones será el propósito. Si su jefe le confía un millón de dólares y le instruye ganar un retorno del veinte por ciento durante un año, sabrá cuál es su propósito al entregarle los fondos para que usted los administre. No solo le ha dado los recursos, sino también el propósito de confiarle los recursos. Esta información guiará su criterio al hacer inversiones. Conocer el propósito de la autoridad que ha confiado en usted es esencial para el éxito.

3. Los recursos a administrar.
   En el proceso de llegar a ser un administrador efectivo también deberá conocer muy bien los recursos o bienes sobre los que se le ha confiado autoridad. No hay nada peor que quien no entiende lo que posee. El hombre que vende su casa y recién allí se entera de que estuvo sentado durante años sobre un pozo de petróleo, no se había tomado el trabajo ni el tiempo de enterarse sobre lo que poseía.

   Lo mismo sucede con las personas. Si no conocemos y entendemos el valor de nuestros propios talentos y recursos, habrá quien intente compramos a menor precio. Nos harán quedar trabajando hasta muy tarde y nos pagarán poco. Su creatividad será de provecho para el otro, mientras usted no gana nada. Funciona de la misma manera para quien está al frente de un departamento, porque si es usted un gerente honesto y no conoce la capacidad de quien trabaja para usted, no llegará a aprovechar su máximo potencial. Debemos conocer tanto nuestro propio potencial como el de quienes trabajan bajo nuestra autoridad.

4. El valor de los recursos.
El cuarto elemento de la administración efectiva es el conocimiento del verdadero valor de los recursos disponibles. Uno podrá administrar efectivamente solo si conoce el valor real de los recursos con que cuenta. Jesús, el sumo administrador de la historia, comprendió el valor real y la utilización de los pájaros y las flores, un valor que pocos podrían entender. 

Dijo: "Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? (. ..) Y por el vestido, ¿por qué os afanéis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos" (Mateo 6:26, 28-29).

   Jesús, el Creador manifiesto que había fabricado los pájaros y las flores, utilizó este ejemplo para enseñar a sus seguidores que uno de los aspectos de su valor intrínseco era el de no afanarse y confiar en Dios siempre. ¿Cuántos seres humanos se toman el tiempo de pensar en los pájaros? Todos los días corremos alocadamente, tras las horas, semanas y meses, sin siquiera pensar en una flor. Pasamos junto a ellas y ni las miramos. ¿Por qué? Porque no reconocemos el valor de lo que pueden enseñarnos.

   Nunca debiéramos permitir que nuestras vidas se tomaran tan alocadas o miopes como para que ignoremos el valor de los recursos que nos rodean, especialmente el de las personas. En general la gente no valora a la gente. Jesús hacía pausas en sus enseñanzas ante la multitud solo para bendecir a los niños, para sanar al sirviente de un hombre, para resucitar a la hija de un líder de la sinagoga o para hablar con dos ciegos a quienes la multitud quería silenciar (ver Mateo 8:5-19; 20:29-34; Marcos 5:35-43; 10:13-16). Jesús entendía el valor de los recursos que había a su alrededor, y gracias a su percepción administraba todo eficientemente.

5. La responsabilidad viene con la tarea asignada.
   El quinto elemento de la administración que debemos entender es la responsabilidad que viene con la tarea que nos asignan. Seremos buenos administradores si sabemos qué se espera de nosotros y por qué responderemos. Vea el ejemplo de los israelitas. Israel podría haber llegado a Canaán en un mes, a causa de la promesa de Dios, de sus recursos y su poder para cumplirla. Pero despilfarraron los recursos y todos los adultos, excepto Moisés, Caleb y Josué, murieron en la arena.

  Jesús enseñó una parábola paradigmática con respecto a la negligencia en la administración de nuestros asuntos. La encontrará en Lucas 16, bajo el título "El mayordomo infiel".

   El mayordomo infiel en la parábola de Cristo era haragán e inescrupuloso. Cuando su empleador descubrió esto, le dio dos semanas -alegóricamente- para dejar su lugar de trabajo. El mayordomo irresponsable respondió diciendo: "Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas" (Lucas 16:4). Entonces utilizó la autorización legal que tenía para borrar parte de la deuda de algunos deudores, como favor personal. Aunque el hombre sabía exactamente cuál era su responsabilidad, no cumplió con sus obligaciones y utilizó sus privilegios para provecho personal.

   La acusación de Jesús en el versículo 8 es la conclusión de la parábola: "Porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz".

   La gente del mundo sabe cómo hacer dinero, de manera escrupulosa y de manera ilegal. Es un hecho histórico. Pero la acusación de Jesús sobre la iglesia en esta parábola indica que demasiados "hijos de luz" son negligentes con respecto a su responsabilidad en la vida. Permiten que el mundo los atropelle a causa de su ignorancia e irresponsabilidad en el área comercial y social. Jesús dijo que sus seguidores estarían en el mundo, pero que no pertenecerían al mundo. Esto significa que su iglesia debería hacer las cosas de manera más grande, más inteligente y mejor que quienes no han aceptado el principio del reino de Dios. Para hacerlo debemos ser disciplinados y estar sagazmente entrenados en la realidad de la organización de nuestros días.

6. Los parámetros de expectativa.
   El sexto elemento clave para la administración efectiva es la necesidad de comprender los parámetros de expectativa. Toda asignación viene con una expectativa. La persona que lo nombra a usted gerente de un departamento, espera de usted calidad en el servicio. Espera ciertas cosas porque le está confiando recursos.

   Lo mismo sucede en nuestra relación con Dios. Dios nos ha confiado la administración del planeta, y tiene parámetros que espera que cumplamos. A diferencia de la mayoría de las empresas comerciales, lo que Dios más espera de nosotros es la integridad. Quiere que todos los que nos conozcan sepan que hemos conocido al Dios viviente. Y cuando administremos los recursos que Él nos ha confiado de acuerdo a sus parámetros de expectativa, todos se beneficiarán, y no solamente unos pocos.

La administración es lo primero.
   Como la administración comienza en nuestra vida personal, cada uno de estos elementos comienza y termina en casa, donde nadie nos observa. Si no tiene usted mentalidad de administrador, su conducta producirá la clase de experiencia de mala administración que produjo Israel en el desierto. Proverbios 23:7 nos dice: "Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él". Los israelitas, como muchos otros pueblos de hoy, pensaban como esclavos. Y su patrón de pensamiento les impidió llegar a la tierra prometida. La administración es ante todo una decisión mental y espiritual. La administración comienza en la mente. Uno de los puntos en la parábola de Jesús sobre el mayordomo irresponsable tiene que ver con la confianza: "El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y e! que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto" (Lucas 16:10). Nuestra capacidad para administrar determina cuánto más tiene Dios, que puede no darnos. Dios nos dará tanto de su más, como se nos pueda confiar.

La administración eficiente le permite a Dios aumentar el más. Le aconsejo a los jóvenes que estudian, que aprendan sobre administración, aún si su vocación es el seminario. Aún si saben qué es lo que quieren estudiar -biología, enfermería, ingeniería o lo que fuere- les aliento a tomar también un curso de administración ¿Por qué? Porque el administrador entiende las responsabilidades de la libertad, y por eso empleará a los empleados y liderará a los seguidores en los asuntos de la sociedad.

   Cuando estudiaba en la universidad para mi maestría, decidí que no estudiaría teología. En cambio, estudié administración. Fue ese curso de administración de empresas lo que marcó una diferencia en mi capacidad para organizar las relaciones en mi vida, entre los negocios y el ministerio. Me dio conocimiento que me permitió reconocer la dinámica de la administración, del liderazgo, de la comunicación y del valor de las cosas.

   Si está usted en el ministerio profesional, quizá atesore su puesto, pero probablemente haya dejado de lado la administración de su hogar. Quizá le guste el título "Reverendo" o "Doctor", y se vea absorbido totalmente por sus deberes en el ministerio. Sin embargo, a Dios no le importa su título; le importa ante todo la administración. Pablo escribe:

   "[El supervisor] que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)" (l Timoteo 3:4-5).

   Así que, la administración es la clave para la vida. Si un pastor no puede manejar a sus propios hijos, Pablo dice que será incapaz de manejar a los hijos de Dios. Algunos líderes cristianos ganan el mundo, pero pierden su mundo personal. Y a nivel administrativo, si un líder cristiano no sabe administrar su cuenta bancaria, ¿cómo podría Dios confiarle la administración de una cuenta de dos millones de dólares perteneciente a una organización?

   Si en su vida personal actual, lo único que lo separa de un viaje de un mes, con respecto a otro de cuarenta años, es la voluntad de cambiar, ¿cuán exitoso ha sido su viaje? ¿Vive usted en la tierra prometida de Dios, del éxito y el bienestar en su vida? ¿O sigue dando vueltas en el desierto de la mediocridad, sin visión de éxito? Cuando se es mal administrador, se pierde 

   Espero que para este momento haya podido ubicarse en relación a su condición presente con respecto al llamado de Dios, para que seamos administradores. Dios tiene un plan para el futuro de su vida -más allá del río Jordán- . Jesús quiere que conozca los recursos que están al alcance de sus manos.

Recuerde:
1. La autoridad.
2. El propósito de la autoridad.
3. Los recursos a administrar.
4. El valor de los recursos.
5. La responsabilidad que viene con la tarea asignada.
6. Los parámetros de expectativa.
Myles Munroe. En busca de la libertad. Primera edición 2005. Editorial Peniel. Pag 57 a 65

jueves, 30 de julio de 2020

UNA PROMESA QUE NO LLEGABA A CUMPLIRSE. Parte I

   Cuando mi esposa Ruth y yo viajamos a Egipto nos sorprendió que desde Israel fuera tan corto el vuelo. Parecía que acabábamos de despegar, y ya estábamos aterrizando. Pensé que se trataba de un aterrizaje de escala. Pero al aterrizar en El Cairo, supe que había visto al Desierto de Sinaí y a Israel al mismo tiempo. Entonces pensé: ¿cuarenta años? ¿Tardaron cuarenta años en llegar? 

   Durante una excursión por el desierto donde anduvieron los antiguos israelitas en su viaje hacia la libertad, supimos que el viaje debía haberles llevado solo treinta y cinco días. Los israelitas estaban solo a un mes de su libertad. Nos sorprendió lo poco que había cambiado la zona del Nilo desde que gobernaran los faraones en el mundo antiguo. Los ladrillos aún se hacen con paja y barro, como sucedía en los tiempos en que la Esfinge estaba rodeada de andamios y constructores. Durante el viaje seguí pensando en lo corta que era la distancia que esta legión de refugiados semitas había tenido que recorrer. Con lo cual, vi con nuevos ojos la magnitud de la rebeldía de esta nación. Revisemos la historia.

   Las doce tribus del patriarca hebreo Jacob comenzaron como hombres y mujeres libres, disfrutaban de la riqueza y la prosperidad que produce la libertad. Huyeron a Egipto en tiempos de gran hambruna. Allí cayeron bajo la dirección del penúltimo hijo de Jacob, José, que habla llegado a ser primer ministro en la corte del Faraón. Cuando José y el Faraón murieron, el sucesor del Faraón, Ramses 1, tomo como esclavos a los extranjeros. Éxodo 1:9-11 nos dice:
"He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros. Ahora, pues, seamos sabios para con él, para que no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, el también se una a nuestros enemigos y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra. Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las Ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés".

   El libro de Éxodo también presenta al famoso hebreo Moisés, quien liberaría al pueblo. Moisés había sido hallado por la hija del Faraón en una canasta sobre las aguas del Nilo, y lo había criado en la realeza. Sabemos poco sobre los primeros años de Moisés, hasta que asesina a un hombre y huye a Madián donde, durante cuarenta años, fue pastor de ovejas. Fue el modo en que Dios lo preparó para liderar. En el Monte Sinaí Moisés tuvo un asombroso encuentro con el Señor, junto a una zarza ardiente. El esperado liberador de Israel fue llamado desde la.oscuridad. El momento era el adecuado y Dios inició la tarea de reubicar a los esclavos, bajo el liderazgo de Moisés en la famosa Tierra Prometida de Canaán. El viaje debiera haberles llevado un mes y, sin embargo, tardaron cuarenta años.

Largo camino a la nada.
   Los israelitas recorrían un largo camino a la nada. La Biblia también dice que cuando Dios liberó a este pueblo, los llevó por un camino más largo, para evitar la tierra de los filisteos, donde podrían tentarse a abandonar su camino.

"Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca; porque dijo Dios: Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y se vuelva a Egipto" (Éxodo 13: 17, frase destacada por el autor).

   Veamos qué es lo que le importaba al Creador del universo aquí: "Si ven la guerra, quizá se arrepientan", decía Dios. Su mentalidad de esclavos podría rechazar la promesa de Dios, así que quería evitar el encuentro. Ahora, esto sí es sorprendente. Porque después de los tantos milagros y manifestaciones sobrenaturales de parte de Dios por liberar a su pueblo, Él mismo entendía que el pensamiento y la mentalidad terrenal podrían frustrar su plan de redención.

   Sabe usted que al haber crecido en el Caribe, puedo entender al menos parcialmente el pensamiento de los antiguos israelitas. Habían sido esclavos durante cuatrocientos treinta años. Mi país estuvo bajo el dominio británico durante doscientos cincuenta años. Así que sabemos lo que se siente al estar bajo el poder de otros. Muchos de mis compatriotas siguen sufriendo hoy los efectos de la mentalidad que nos mantenía cautivos.

   Israel había vivido en la opresión, pero el opresor también representaba protección. Mi nación entiende esto. Israel no era un pueblo guerrero y tampoco lo es mi pueblo. La mayoría de mis ancestros en las Bahamas llegaron como esclavos provenientes de África Occidental para trabajar en las tierras que los británicos poseían en el Caribe. El pueblo de Israel estaba condicionado para comportarse como sirviente, y lo mismo sucedía con mi pueblo. Se nos hizo trabajar en los campos de caña de azúcar, hasta 1827, cuando se abolió la esclavitud británica. Luego se nos trató como ciudadanos de segunda clase, hasta que en 1973 se ratificó nuestra independencia como nación, y dejamos de ser colonia. Recuerde: el mudarse de país, ciudad o continente puede modificar las circunstancias, pero no nos cambia a nosotros.

   Los hebreos habían sido sirvientes, trabajaban como esclavos para los egipcios durante tantos años, que la servidumbre y la esclavitud se habían convertido en un legado nacional. Sus vidas eran controladas estrictamente, y pasaban sus días fabricando ladrillos para construir mansiones egipcias y las famosas pirámides. También construyeron los acueductos de irrigación y cultivaban trigo en el desierto. Nada de todo esto les pertenecía. Se les decía qué hacer, cuándo y dónde, y así había sido su vida durante más de cuatrocientos años. Cuando el reloj redentor de Dios marcó la hora de su liberación, los hebreos no supieron manejar su libertad, y el camino de un mes se convirtió en un viaje de
cuarenta años ... hacia la nada.

El hombre es lo que su corazón piensa.
   Somos la suma total de las decisiones que tomamos día tras día. Cuando los hebreos se encontraron libres de sus opresores egipcios, Dios hizo milagros tomando decisiones por ellos durante su éxodo para cumplir con su soberana voluntad. Pero la voluntad de Israel era diferente. Estaban acostumbrados a que otros pensaran por ellos, y cuando las cosas no iban bien, se quejaban: "Queremos volver a Egipto, queremos volver a casa". "Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos" (vea Números 11:5).

Andando sin rumbo en el desierto de la mediocridad
Le llevó a Dios cuarenta años reeducar a Moisés en los campos de pastoreo de Madián antes de que estuviera listo para cumplir con su asignación divina de liberar a Israel. Moisés pronto aprendería de la manera más dura que lo más difícil en el mundo es reeducar y reconstruir a potenciales liberadores. El rey Salomón nos dice en Proverbios 23:7: "Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él". y los hebreos pensaban que eran esclavos. No les importaba lo que habían visto, ni que habían vivido el poder de Dios cuando Él aniquiló a los egipcios hasta que se rindieron incondicionalmente, porque en sus mentes estos hebreos seguían siendo esclavos sin pensamiento propio. Estaban tan oprimidos que no podían creer en la Palabra de Dios, aún cuando la veían de manifiesto. Lo mismo sucede con tantos individuos que andan sin rumbo en el desierto de la mediocridad, en un mundo tan competitivo como el de hoy.

   Soy como un embajador internacional de las islas Bahamas porque viajo por el mundo, y durante mis viajes he conocido a muchas personas que luchan por avanzar y subir los peldaños de la escalera de la vida, sin lograrlo a causa de esta enfermedad llamada mediocridad. He visto esto en mis estudios de la Rusia moderna, después de que rompieran con su esclavitud del comunismo. Mientras el martillo y la hoz dominaban sobre la cortina de hierro, el Politburó indicaba cuándo, dónde, cómo y por qué cumplían los ciudadanos sus deberes obligatorios hacia el Estado colectivo.

   A cambio, a los "ciudadanos" soviéticos se les daban en raciones vivienda básica y artículos de primera necesidad. Hoy, después de años de haber sido liberados del comunismo, hay muchos que gritan que quieren "volver a Egipto". ¿Por qué? Porque nada se ha hecho por alterar la mentalidad de la nación. Los "faraones" rusos han evolucionado en su ideología, y el pensamiento innovador es escaso entre el común de la gente, habituada al control continuo. Quizá puedan romper con sus viejos patrones de pensamiento. Setenta años de esclavitud es solo una quinta parte del tiempo que pasó el pueblo de Israel, como títeres sin voluntad, manejados por el Estado. Por ahora, sin embargo, andan sin rumbo, como lo hicieron los hebreos. Lo mismo hace gran parte de la población mundial que ha pasado por alguna forma de opresión prolongada. Este principio también vale para la opresión espiritual.

   Deténgase y piense en esto: ¿alguna vez ha observado a alguno de sus colegas en el trabajo, con una actitud similar a la siguiente?: "Sabes, ese hombre ha trabajado en el mismo puesto durante los últimos diez años. Le han dado las mismas herramientas que a mí, y sigue siendo un pobre empleado raso". Ahora, la pregunta es: ¿alguien habrá dicho lo mismo de usted?

La información no implica transformación.
   La razón por la que el Sr. Tal o el Sr. Cual sigan aún donde están, en los peldaños inferiores de la escalera, es porque la información no implica transformación. Solo la conversión lo logra. No es lo que somos lo que nos impide avanzar, sino lo que creemos no ser. Si piensa usted que no es del tipo de persona que puede disciplinar su mente para obtener nuevos conocimientos, cambiar donde se necesita cambiar y destacarse hasta sobresalir, entonces no verá los carteles que anuncian posibles promociones y ascensos. Pero si cree en usted mismo y está dispuesto a correr ciertos riesgos, podrá subir los peldaños de la caprichosa escalera, mantendrá el paso firme. 

   Ahora veamos esto con los ojos del creyente cristiano. Los cristianos viven y trabajan en el mundo real. No vivimos en una burbuja. Mire su vida. ¿Ha glorificado a Dios en su trabajo?

   ¿Cuán exitoso ha sido su viaje? ¿Su experiencia de vida actual incluye la voluntad de cambiar lo que lo separa de un viaje de solo un mes, a diferencia de otro que le llevará cuarenta años? ¿Vive usted en la tierra prometida del bienestar y el éxito que Dios nos ofrece? ¿O anda sin rumbo en el desierto de la mediocridad, sin visión de éxito alguno?


   ¿Cuántas veces ha estado de acuerdo en principio con algo que oyó o leyó, sabiendo que podría ayudarle a mejorar sus circunstancias personales, pero simplemente no lo hizo? ¿Cuántas veces se ha dicho a sí mismo: "Sí, es cierto, Dios es poderoso y quiere que salga de Egipto... sé que Dios tiene un sistema financiero mejor que todas mis tarjetas de crédito con deudas ... y sé que la TV se ha convertido en un ídolo en mi vida ... sé que mi peso está fuera de control ... sé que necesito orar por las mañanas y estudiar más... " y, sin embargo, no ha hecho nada de esto? Quizá esté usted de acuerdo con los principios del éxito que presenta Dios en la Biblia, pero hasta que no comparta la suprema opinión de Dios, su absoluta convicción acerca de ellos, no habrá verdad bíblica ni plan de logros que puedan cambiar su vida.

   La parte más difícil para Moisés durante esos cuarenta años de camino hacia la Tierra Prometida ha de haber sido la realidad de saber que lo único que le impedía a Israel progresar, era la actitud de sus mentes. Lo que vemos y lo que oímos es poco comparado con lo que pensamos. Es el poder de la mente lo que puede hacer que un hombre o una mujer que comienzan como empleados rasos en una empresa lleguen a ocupar un puesto en la gerencia a tan solo cinco años de haber comenzado a trabajar allí. Es también el motivo por el que otro empleado seguirá marcando tarjeta de entrada y salida en el mismo puesto durante diez años. Uno marca tarjeta, y solo intenta sobrevivir. El otro mira hacia el futuro, al siguiente paso, busca excelencia y logros. Uno cree y concibe, el otro solamente oye.

   El proceso de pensamiento en la mente humana cambia solamente cuando el operador concibe y cree lo que entra por sus ojos y oídos. La concepción debe suceder antes de que pueda haber un cambio real. Los matrimonios saben que aunque el acto sexual ocurra varias veces, el embarazo no se dará hasta tanto la mujer conciba. Y cualquier madre podrá decirle que cuando concibe un hijo, hay un cambio que se produce en su interior. Su fisiología cambia por completo: sus hormonas, su actitud, su humor y también la forma en que ve el futuro.

   Lo mismo vale para los empleados que reciben instrucción y órdenes de ejecutivos superiores. Cuando las verdades ejecutivas que sus líderes quieren impartir son concebidas en el corazón del empleado, allí ocurre el cambio. Ese empleado sobresaldrá, avanzará por la escalera empresarial y traerá honor a su profesión, una vez que conciba la verdad del éxito.

   También vale esto para el que va a la iglesia y se sienta bajo la Palabra de Dios: finalmente concibe en su corazón la verdad de lo que oye. Ocurrirá un cambio. El creyente que concibe saldrá y honrará a Dios en su vida. Pero el creyente o el empleado que continuamente oye sin concebir, seguirá sentado con la misma actitud y los mismos problemas del desierto, sin aprovechar las oportunidades que se presentan. ¿Por qué? Porque esa es la voluntad de esta persona.

La voluntad humana: la fuerza más poderosa que hay en la Tierra
   La voluntad humana es la fuerza más poderosa que hay sobre la Tierra. En el desierto Israel probó que el Creador no violará la voluntad humana ni dominará la mente de las personas. Usted ha comprobado esto también en su vida. Si vive en una sociedad libre, hace hoy exactamente lo que desea hacer. Dios puede fortalecer nuestras mentes, pero somos nosotros quienes debemos fortalecer nuestra voluntad.

   La vida cristiana es una decisión cotidiana. A veces pensamos: ¿No sería maravilloso si todas las mañanas Jesús entrara en mi dormitorio, me tomara del cuello de la camisa y me arrastrara con Él todo el día para que lo siguiera? "Señor Jesús, administra mi tiempo y asegúrate de que mantenga el equilibrio entre mi trabajo y mi espíritu." ¿No sería hermoso, oh, Dios, si tú, en un instante, me mostraras la sabiduría de hacer lo que tú quieres que hagamos? La vida andaría sobre ruedas, y yo no tendría que tomarme el tiempo de leer tu Palabra, ni de orar todos los días.

   Pero la vida no es así. De hecho, la afirmación de Jesús en las Escrituras dice: "Quien quiera seguirme, que me siga". La tierra prometida siempre está delante de nosotros, pero debemos querer avanzar hacia ella. Si tomamos en cuenta todo esto, creo que he descubierto un lugar en la Biblia donde Dios parece haber fallado. Sé que esta afirmación suena controversial, porque nos han enseñado que Dios, en su suprema omnipotencia, nunca falla. Pero cuando vemos ese pedacito de tierra donde el Creador de la humanidad quería que su pueblo fuera, para tomar posesión de la Tierra Prometida, creo que estará usted de acuerdo conmigo. Dios no pudo lograr rápidamente el éxito con el gran éxodo de Israel. ¿Por qué? Porque no podía hacer que los hebreos adultos cambiaran de mentalidad.

   Era más fácil liberar a Israel del poder del Faraón que del poder de sus propios pensamientos. No había problema con el envío de las peores plagas, ni con ahogar al ejército de Egipto. Los problemas aparecieron cuando la gente decidió que ni Dios ni Moisés hacían lo que ellos creían que sería mejor para el pueblo.

   Esto particularmente me asombra, porque he visto a Dios hacer milagros extraordinarios a lo largo del camino de mi vida. Aunque no he visto abrirse el mar ni he podido caminar entre pilares de agua. Tampoco he visto vestiduras sobrenaturales que no se gasten, ni fuego sobrenatural por las noches para calentarme, ni una nube que avance sobre mí y me proteja mientras camino por el desierto. Todos estos milagros visuales que rodearon al éxodo hebreo eran evidentes y, sin embargo, su presencia no cambió la mentalidad de los hebreos acostumbrados a la esclavitud. y si el milagroso poder de los cielos no logró que los ex esclavos cambiaran de mentalidad, tampoco podrán los milagros de Dios cambiarle a usted la mentalidad. Quizá se asombre usted por la demostración del Señor, y se conmueva sintiendo confianza y fe. Pero el único que puede cambiar su mentalidad es usted. Y Dios busca muchas mentes que cambien en su iglesia hoy, para que podamos salir del desierto y cumplir su propósito en la Tierra prometida.
Myles Munroe. En busca de la libertad. Primera edición 2005. Editorial Peniel. Pag 49 a 57