jueves, 19 de marzo de 2020

LA ORACIÓN EN EL SANTO ESPÍRITU.

   La oración es abrir el corazón o el alma a Dios en una forma sincera, sensible, y afectuosa, por medio de Cristo, con la ayuda y en el poder del Espíritu Santo, para cosas como las que Dios ha prometido, o que son conforme a la Palabra de Dios, para el bien de la Iglesia, sometiéndonos en fe a la voluntad de Dios.

   Orar por medio de Cristo, orar en unión con Cristo y orar con la ayuda y en el poder del Espíritu Santo dependen tanto uno de otro que encontrará que es imposible que nuestras oraciones puedan ser oraciones aparte de esa relación. Aunque algunas oraciones pueden ser famosas, aparte de Cristo y del Espíritu Santo, Dios las rechaza. Porque sin un abrir sincero, sensible y afectuoso del corazón a Dios, su oración será solo de labios para afuera. Si sus oraciones no son elevadas por medio de Cristo, Dios no les va aprestar atención.

   De igual manera, si sus oraciones no son presentadas con la ayuda y en el poder del Espíritu Santo, puede suceder que estéactuando como los hijos de Aarón cuando ofrecieron fuego extraño. Recuerde este doloroso incidente:

  "Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová. Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mi se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló" (Levitico. 10:1-3).

  Hablaré más sobre esto más adelante. Mientras tanto, recordemos que aquellas cosas que no son pedidas por medio de la enseñanza y ayuda del Santo Espíritu no pueden ser de ninguna manera según la voluntad de Dios.

   Pablo escribió a los Romanos: "Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos" (Romanos:8.26, 27).

   Ninguna persona o iglesia en el mundo puede acudir a Dios en oración excepto mediante la ayuda del Espíritu Santo. "Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre" (Efesio. 2:18).

   Consideremos primero a la persona que está hablando, el apóstol Pablo y mediante su persona hablan también todos los demás apóstoles. Parece como si estuviera diciendo: "Nosotros los apóstoles, siervos extraordinarios de Dios, ministros edificadores, algunos de los cuales fueron llevados en el Espíritu al paraíso, no sabríamos cómo pedir", si no contáramos con la ayuda del Santo Espíritu (véase Romanos 15:16; 1 Corintios 3:10; 2 Corintios 12:4).

   Por supuesto, nadie va a pensar que Pablo y sus compañeros no eran capaces de hacer cualquier tarea para Dios como cualquier pastor, papa o prelado orgulloso. Podían haber escrito un Libro de oraciones para el pueblo tan bien como los que hoy conocemos. No estaban para nada menos capacitados en gracia o dones que cualquier papa o prelado, pero ellos decidieron no escribir un Libro de oraciones,' Pero vean lo que pasa hoy, los sabios de nuestro tiempo se sienten tan capacitados que conocen al dedillo tanto la manera
como la materia de sus oraciones. Pueden establecer una oración para cada día y escribirlas para un día determinado que vendrá dentro de veinte años. Escriben una para Navidad, otra para el domingo de Resurrección, y otras para los seis días siguientes a esas fechas. Han determinado también cuántas sílabas deben decirse en cada una de sus oraciones en sus ejercicios públicos. Ya tienen oraciones escritas para que se digan en el día de cada santo para las generaciones venideras. Algo que los mismos apóstoles no se atrevieron a hacer, no se "sintieron capaces de hacer ¡en una manera tan profunda!"

   "Pedir como conviene, no lo sabemos" la realidad de las cosas por las que deberíamos orar, tampoco conocemos los propósitos por los cuales tenemos que orar, ni tampoco el medio por el cual orar: no conocemos ninguna de estas cosas aparte de la ayuda y asistencia del Espíritu Santo. ¿Debemos orar por comunión con Dios por medio de Cristo? ¿Debemos orar por fe, por justificación por gracia. y por un corazón verdaderamente santificado? No Sabemos nada acerca de estas cosas a menos que el Espíritu nos dirija a orar por ellas. Las Escrituras declaran: "Porque ¿quién de los hombres Sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Corintos. 2:11). El apóstol habla aquí de las cosas espirituales e internas que el mundo no conoce.

ORACIÓN
   Amoroso Padre, te pido en el nombre de Jesús que envíes tu Espíritu Santo sobre mí para ungirme, llenarme, usarme, enseñarme a orar como debo. Padre celestial, nada soy limitado a mis escasos recursos humanos. Fortaléceme para poder obedecerte y llevar a cabo las tareas que me has asignado hoy. Motívame a orar más allá de cualquier oración escrita para expresarte verdaderamente mis más profundos anhelos y necesidades. Te alabo cuando tu Espíritu Santo me revela algún pecado no confesado que está bloqueando mi camino hacia una comunión más profunda contigo, y gracias por mi Salvador Cristo Jesús que está siempre dispuesto a interceder por mí. Ayúdame a ser más amoroso y más compasivo con los que necesitan mi ayuda, mi cuidado y compasión por medio de Jesucristo. Amén.
Juan Bunyan. Cómo orar en el Espíritu. Primera edición 2013. Editorial Portavoz Paginas 35-38

jueves, 12 de marzo de 2020

LA ORACIÓN POR MEDIO DE CRISTO.

  La oración es abrirel corazón o el almaa Dios en una forma sincera, sensible 1:f afectuosa, por medio de Cristo, con la ayuda y en el poder del Espíritu Santo, para cosas comolasque Diosha prometido, o que son conforme a la Palabra de Dios, para el biende la Iglesia, sometiéndonos en fe a la voluntad de Dios.

   Debemos añadir por medio de Cristo a toda consideración de la  oración con el fin de saber si es o no una verdadera oración, aunque en apariencia pueda parecer eminente y elocuente. Cristo es el camino. Jesucristo es la persona por medio de la cual tenemos acceso a la presencia de Dios. Sin Cristo, nuestros deseos no caerán bajo el cuidado de Dios. Las Escrituras lo indican muy claramente, porque Jesús declaró: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan. 14:6). Y notemos, además, que Jesús también dijo: "Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré" (Juan. 14: 13,14). 

   Así lo hizo Daniel cuando oró por el pueblo de Dios. Lo hizo en el nombre de Cristo: 'Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor" (Daniel. 9:17). Y encontramos que David hizo lo mismo: "Por amor de tu nombre, oh Jehová", es decir, en el nombre de Cristo, "perdonarás también mi pecado, que es grande" (Salmos. 25:11).

   No todos los que mencionan el nombre de Cristo en oración auténtica, oran verdadera y eficazmente a Dios en el nombre de Cristo o por medio de Él. La parte más difícil en la oración es acercarse a Dios por medio de Cristo. Una persona puede ser sensible a las obras del Señor y desear sinceramente su misericordia y, no obstante, no ser capaz de ir a Dios por medio de Él. La persona que acude a Dios por medio de Cristo debe primero tener conocimiento de Él: "Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" (Hechos. 11:6). Y los que acuden a Dios por medio de Cristo deben estar posibilitados de conocerle. "Si he hallado gracia en tus ojos", dijo Moisés, " te ruego que me muestres ahora tu camino para que te conozca, y halle gracia en tus ojos" (Exodo. 33:13).


   Nadie sino el Padre puede verdaderamente revelar a Cristo Jesús a su alma. "Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar (Mateo. 11:27). Acudir a Dios por medio de Cristo Jesús significa que Dios le ha puesto a usted bajo la sombra del Señor Jesús, como una persona es puesta bajo un refugio para su protección. De ahí que David a menudo llama a Cristo su escudo, refugio, torre, castillo y roca de defensa (véase los Salmos 18, 27 Y28). David ora de esta manera no solo porque vence a sus enemigos por medio de Cristo, sino porque a través de Él halla gracia con Dios el Padre.

   De igual manera, Dios le dijo a Abraham en una visión: "No temas, Abram yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande" (Génesis 15:1). Por tanto, la persona que acude a Dios por medio de Cristo debe tener fe, mediante la cual pone su confianza en Él, de manera que se presenta ante Dios en Cristo.


   La persona que tiene fe ha nacido de Dios o ha nacido de nuevo, de modo que llega a ser uno de los hijos de Dios. Queda unido por la fe a Cristo y hecho miembro de Él. "Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de Ia carne. carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es" (Juan. 3:5,6). Por lo tanto, le digo a usted que ha nacido de nuevo, como un miembro de Cristo usted puede acudir a Dios. Usted puede orar como un miembro de Cristo, de modo que Dios le ve como una parte de Cristo, como una parte de su cuerpo, su carne y sus huesos. Está unido a Él por elección, conversión, iluminación y por el Espíritu Santo que le ha sido puesto en su corazón por Dios: "Porque somos miembros de su cuerpo" (Efesio. 5:30).


   Así, pues, podemos acudir a Dios en los méritos de Cristo, en su sangre, en su justicia, en su victoria e intercesión. Podemos estar en la presencia de Dios, ser aceptados en aquel que Él ama ( Efesio. 1:6). Porque usted es un miembro del Señor Jesucristo, porque está bajo esta consideración, es admitido en la presencia de Dios y puede acudir a Dios en oración. Por virtud de su unión con Cristo, recibe el Espíritu Santo que mora en usted. Por esta razón, usted está habilitado para abrirse (derramarse) a sí mismo delante de Dios en oración, con su atención centrada en usted y con su disposición de responder.


ORACIÓN:
   Oh Señor, te doy las gracias porque acudo a ti por medio de Cristo Jesús en todas mis oraciones, porque su sangre derramada a mi favor me limpia de mis pecados y me habilita para acercarme al trono de la gracia. Quiero reconocer más conscientemente mi necesidad de Jesús en todo lo que hago, y especialmente en mis oraciones. Que yo pueda honrarle más al buscar glorificarte a ti en todas mis oraciones. Enséñame a orar por todas aquellas cosas que serán buenas para el progreso de tu iglesia. Inspírame mediante tu Espíritu Santo a orar por aquellas personas y cosas por las que tú hubieras orado, en la confianza de que escucharás y responderás a mi oración elevadas a ti en el nombre y por el amor de Jesús. Amén.
Juan Bunyan. Cómo orar en el Espíritu. Primera edición 2013. Editorial Portavoz Paginas 31-34

domingo, 1 de marzo de 2020

HABRA SU CORAZÓN A DIOS.

   La oración es abrir el corazón o el alma a Dios en una forma sincera, sensible y afectuosa, por medio de Cristo, con la ayuda y en el poder del Espíritu Santo, para cosas como las que Dios ha prometido, o que son conforme a la Palabra de Dios, para el bien de la iglesia, sometiéndonos en fe a la voluntad de Dios.

  Cuando usted ora, abre su corazón o su alma a Dios.  La oración es desahogarse, es aliviarse al derramar su corazón ante Dios, es abrir afectuosamente su alma en solicitudes, suspiros y gemidos. David dice: "Señor, delante de ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto" (Salmos. 38:9). Y en el Salmo 42:2, 4 agrega:

   "Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuando vendré, y me presentaré  delante de Dios?. Me acuerdo de estas  cosas, y derramo mi alma dentro de mí; de como yo fui con la multitud y le conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta"

   Note especialmente sus palabras: "derramo mi alma dentro de mí". Esta expresión significa que en la oración usted entrega toda su vida y fuerzas a Dios. Yen otro lugar David declara: "Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio" (Salmos. 62:8).

   En este tipo de oración Dios nos promete liberarnos, a nosotros pobres criaturas, de la cautividad: "Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma" (Dt. 4:29).

   La oración debe ser un abrir el corazón o el alma a Dios. Esto muestra la excelencia del espíritu de oración. La oración se centra en el gran Dios del universo. Alguien puede preguntar: "¿Cuándo acudir y presentarse ante Dios?" Nuestra respuesta es que el que de verdad ora a Dios, lo hace cuando ve un vacío en todas las cosas debajo del cielo, cuando se da cuenta de que solo en Dios hay verdadera satisfacción para el alma. Pablo escribió: "Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día" (1 Timoteo. 5:5). David expresa el mismo sentimiento:

   "En ti, oh Jehová, me he refugiado; no sea yo avergonzado jamas. Socórreme y librame en tu justicia; inclina tu oído y sálvame. Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente. Tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza. Dios mío, líbrame de la mano del impío, de la mano  del perverso y violento. Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud" (Salmos. 71:1-5).

   Para orar correctamente, usted debe hacer que Dios sea su esperanza, morada y su todo. La oración correcta ve que todo lo demás, en comparación con Dios, es relativo y no merece la pena. y que eso lo hace la oración, como dije antes, en una forma sincera, sensible y afectuosa.

 ORACIÓN:

   Oh Señor, mis enemigos me rodean por todas partes, incluso mis enemigos espirituales. Me hubieran hundido de nuevo en el lodo cenagoso de mi pecado y derrotado. Me hubieran seducido de nuevo a pecar. O hubieran arrastrado a otros a pecar contra mí. Protégeme, oh mi Dios. Envía a tus ángeles ministradores para atender a mis necesidades. Que edifiquen una cerca protectora a mi alrededor para que los dardos del maligno no lleguen a mi corazón. Oh Señor, te entrego toda mi vida. ¿A quién puedo acudir sino a ti, oh Dios? Tú eres mi fortaleza y mi redentor, Pongo mi confianza en ti y no temeré, porque tú estás es tu trono y yo estoy siempre delante de ti por medio del sacrificio de Cristo Jesús. En su nombre elevo mis oraciones a ti. Amén.
Juan Bunyan. Cómo orar en el Espíritu. Primera edición 2013. Editorial Portavoz Paginas 27-29

sábado, 8 de febrero de 2020

LA ORACION DEBE SER AFECTUOSA.




   La oración es abrir el corazón o el alma a Dios en una forma sincera. sensible y afectuosa. por medio de Cristo, con la ayuda y en el poder del Espíritu Santo, para cosas como las que Dios ha prometido, o que son conforme a la Palabra de Dios, para el bien de la Iglesia, sometiéndonos en fe a la voluntad de Dios.

   iOh, cuánto calor, fortaleza, vida, vigor y afecto encontrará en la oración correcta! ¿f'uede orar en su corazón con las palabras de estos salmos? "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía" (Sal. 42:1). "He aquí yo he anhelado tus mandamientos; vivifícame en tu justicia" (Sal. 119:40). "He deseado tu salvación, oh jehová, y tu leyes mi delicia" (Sal. 119:174). "Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo" (Sal. 84:2). "Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo" (Sal. 119:20). Note esta oración: "Quebrantada está mi alma de desear". iOh, cuánto afecto puede haber en la oración!

   Encontramos una devoción semejante en Daniel: "Oye, Señor; oh, Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo" (Dn. 9:19). Cada sílaba lleva una gran vehemencia y urgencia en ella. Esto es lo que el apóstol Santiago llama la oración ferviente, u oración eficaz. Y eso es lo que se dice una y otra vez de Jesús: "Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra" (Lc. 22:44).

   Jesús tenía sus afectos extendidos hacia Dios buscando su mano ayudadora. ¡Oh, cuán lejos está la mayoría de las personas de los ejemplos de la Biblia cuando oran! En la opinión de Dios, la oración debe ser hecha con fervor y urgencia. ¡Ay! La mayoría de las personas no tiene conciencia del deber de la oración; y para las que lo tienen, temo que muchas de ellas no le prestan atención a abrir el corazón o el alma a Dios de forma sincera, sensible y afectuosa. Demasiados se contentan con simples ejercicios de labios para afuera, oraciones dichas de forma mecánica; diciendo entre dientes una pocas oraciones imaginarias. Cuando sus afectos están verdaderamente involucrados, e involucrados de tal manera que su alma no se va a distraer con nada, sino a concentrarse en el bien deseado, usted disfrutará de comunión y consuelo con Cristo. Ya esto han dedicado los santos sus fuerzas y han perdido su vida, antes que quedarse sin la bendición que Dios tenía reservada para ellos.

   Te invito hacer está oración:

   Querido Padre, te amo con todo mi corazón y mi ser. Tú me has dado vida y luz en Cristo Jesús. Me has dado un mundo en el que toda la creación apunta hacia ti y a tu divino carácter y gracia. Me has dado la oportunidad de unirme a todos los santos en oración por la Iglesia y por su establecimiento en todos los lugares de la tierra. Anhelo verte en toda tu belleza y excelencia, y ese anhelo me fortalece en mi peregrinación. Anhelo que vengas de nuevo en poder y gloria. Anhelo la redención de toda la creación, que gime ser liberada de la sujeción a la decadencia. Me deleito en la promesa de que habrá un tiempo cuando lo veremos todo cara a cara . Lléname ahora con tu Santo Espíritu como un medio para no solo amarte de forma perfecta, sino para fortalecerme para las tareas que tengo aquí en la tierra. Telo pido por el amor de Jesús. Amén.
Juan Bunyan. Cómo orar en el Espíritu. Primera edición 2013. Editorial Portavoz Paginas 25-26

sábado, 25 de enero de 2020

CÒMO ORAR POR MISERICORDIA.

    La oración es abrir el corazón o el alma a Dios en una torma sincera, sensible y afectuosa por medio de Cristo, con la ayuda y en el poder del Espírítu Santo,para cosas como las que Dios ha prometido, o que son conforme a la Palabra de Dios, para el bien de la Iglesia,sometiéndonos en fe a la voluntad de Dios.

   La oración no es soltar una pocas expresiones de un parloteo elogioso y de vanas repeticiones, sino un sentimiento sensato en el corazón. La oración es sensible a muchas cosas diferentes. A veces oramos con un sentido de pecado, otras veces con un sentido de misericordia que necesitamos o recibimos, y otras veces con un sentido de que Dios está listo para otorgarnos su misericordia y perdón.

   Debido a que comprendemos el peligro del pecado, sentimos a menudo en oración nuestra necesidad de misericordia. Nuestra alma siente. Ese sentimiento nos hará suspirar, gemir y ablandará el corazón. La oración correcta puede rebosar del corazón cuando esta presionada por el dolor y la amargura. Cuando Ana oraba por un hijo, la Biblia dice: "Con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente", y el Señor escuchó su oración y
concibió y dio a luz al gran profeta Samuel (1 Samuel. 1:10).

   David describe algunas de sus oraciones diciendo: "Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios" (Salmos. 69:3). David clama, llora, se debilita su corazón, languidecen sus ojos: "Estoy debilitado y molido en gran manera; gimo a causa de la conmoción de mi corazón. Señor, delante de ti están todos mis deseos; y mi suspiro no te es oculto. Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor, y aun la luz de mis ojos me falta ya" (Salmos 38:8-10).

   Ezequias gemía como una paloma: "Como la grulla y como la golondrina me quejaba; gemía como la paloma; alzaba en alto mis ojos. Jehová, violencia padezco; fortaléceme
" (Is. 38:14). Efraín se quejaba delante del Señor y el Señor escuchó su clamor: "He oído a Eíraín que se lamentaba" (Jeremias. 31:18).

   En el Nuevo Testamento encontramos las mismas cosas. Pedro lloró amargamente: "Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente" (Mt. 26:75). Cristo clamó con voz fuerte y lágrimas en sus oraciones: "En los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la rnuerte, fue oído a causa de su temor reverente" (He. 5'.7). Cristo clamó y lloró debido a su sentido de la justicia de Dios, de la culpabilidad del pecado y de los dolores del infierno y de la destrucción.

   Encontramos gran consuelo en los salmos cuando expresan nuestra interna sensibilidad en oración:

"Amo ha Jehovà, pues ha oído mi voz y mis súplicas; porque ha inclinado a mí su oido; por tanto, le invocaré en todos mis días. Me rodearon ligaduras de muerte, me encontraron las angustias del Seol; angustia y dolor había yo hallado. Entonces invoque el nombre de Jehová, diciendo: Oh Jehová, libra ahora mi alma" (salmos.116:1-4).

   Cuando abrimos nuestro corazón y alma a Dios en forma sincera y sensible en nuestras oraciones, entonces recibirá a veces un dulce sentido de misericordia que le alienta, le consuela, le fortalece, le reaviva y le ilumina. Por esa razón David abre su alma para bendecir, alabar y admirar la grandeza de Dios por su amor y compasión por pecadores tan menospreciables:

   "Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila" (Salmos. 103:2-5).

   Las oraciones de los santos a veces están llenas de alabanza y acción de gracias. Este es un gran misterio: el pueblo de Dios ora con sus alabanzas, como está escrito:

"Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: iRegocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Filipenses. 4:4-7).

   Cuando usted ora a Dios con una gratitud sensible por las misericordias que ha recibido de su mano, su oración es poderosa a los ojos de Dios. Esa oración prevalece con Él indeciblemente.

  A veces en oración, nuestra alma tiene un sentido de la misericordia que necesitamos recibir, Esto llena nuestra alma de fervor como David oró:

   "Porque tú, jehová de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por eso tu siervo ha hallado en su corazón valor para hacer delante de ti esta súplica. Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y tú has
prometido este bien él tu siervo" (2 S. 7:27- 28).

   Jacob, David, Daniel y otros recibieron un sentido de que Dios quería bendecirlos. Esto los animó a orar, no a tropezones (trancas y barrancas, a rachas), no para repetir de manera descuidada una pocas palabras escritas en un papel, sino para clamar delante del Señor acerca de su situación en forma ferviente, poderosa y persistente, siendo sensibles, digo sensibles, de sus necesidades, de su miseria, y de la disposición de Dios de mostrarles a ellos su misericordia.

                                                  ORACIÓN

   Oh Señor, a veces gimo bajo la agonía de pecados no confesados y sin haberme arrepentido de ellos; perdóname por pensar que puedo esconder de ti mis pensamientos más íntimos. Gimo cuando veo los terribles efectos que el pecado tiene sobre mi vida y sobre las vidas de otros. Gimo y agonizo sobre el estado de este mundo caído y por el mal que le causan los enemigos crueles y sin corazón de tu reino. Oro ahora por misericordia, y te pido que me confirmes mediante tu Palabra que la victoria está ciertamente ganada por medio de la fe en Cristo Jesús.

   Señor, a medida que oro, te alabo y te doy gracias por tus preciosas promesas de las Escrituras que puedo aplicar a las necesidades y agobios de mi vida diaria. Te alabo porque por medio del sacrificio que hiciste en la cruz, he recibido misericordia sobre misericordia tanto en esta vida como en la venidera. Usa mis aflicciones, oh Dios, para demostrar tu amor y poder, sabiduría y fidelidad, incluso para la alabanza de tu gloria. Amén.
Juan Bunyan. Cómo orar en el Espíritu. Primera edición 2013. Editorial Portavoz Paginas 20-24

sábado, 18 de enero de 2020

LA ORACIÓN SINCERA.

 

 

  La oración es abrir el corazón o el alma a Dios en una forma sincera, sensible y afectuosa, por medio de Cristo, con la ayuda y en el poder del Espíritu Santo, para cosas como las que Dios ha prometido, o que son conforme a Su Palabra, sometiéndonos en fe a Su voluntad.

  Recuerde siempre, sus oraciones deben siempre abrir sinceramente su corazón o alma a Dios.

 Lo que debe ser cierto en cuanto a las acciones sinceras será igualmente verdad de la oración. David habla de esto cuando menciona sus propias oraciones: "A él clamé con mi boca, y fue exaltado con mi lengua. Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. Mas ciertamente me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica" (Sal. 66:17-19).

   La sinceridad es un elemento crucial en la oración. A menos que seamos sinceros, Dios no va a considerar nuestras palabras como una oración en el mejor sentido:

"Oh alma mía, díjiste a Jehová: Tú eres mi Señor: no hay para mí bien fuera de ti. Para los santos que están en la tierra, y para los íntegros, es toda mi complacencia. Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro Dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre, ni en mis labios turnaré sus nombres". (Sal. 16: 2-4)

   y Dios también nos dice: "Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón" (Jer. 29:12, 13).

    El Señor ha rechazado muchas oraciones por su falta de sinceridad. Dios dijo por medio de los profetas: "y no clamaron a mí con su corazón", es decir, con sinceridad, "cuando gritaban sobre sus camas" (Os. 7:14). Sus oraciones eran pretenciosas. Sus oraciones eran hipócritas, un espectáculo para que los vieran los demás. Oraban para ser aplaudidos por sus ruidosas oraciones.

   Jesucristo elogió a Natanae! por su sinceridad cuando estaba sentado bajo la higuera. Leemos: "Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engarro" (Jn. 1:47). Supongo que este buen hombre estaba abriendo su corazón a Dios en oración debajo de la higuera. Jesús sabía que oraba con un espíritu sincero y genuino delante del Señor. La sinceridad es uno de los principáles
ingredientes en la oración que llevan a Dios a escucharla y considerarla. Así, pues, "el sacrificio de los impíos es abominación a Jehová; mas la oración de los rectos es su gozo" (Pr. 15:1;).

¿Pór qué debe ser la sinceridad un elemento esencial de la oración que es aceptable para Dios? Porque la sinceridad le lleva a abrir su corazón a Dios con toda sencillez y a hablarle de su situación claramente y sin equívocos (evasivas). La sinceridad en la oración estimula su corazón a condenar su pecado sin rodeos, sin ocultar los hechos, intenciones o sentimientos bajo falsas excusas ni disimulos.

   Cuando oramos de corazón, clamamos a Dios con ganas sin halagamos a nosotros mismos o elogiar nuestra justicia. El Señor le declaró al profeta Jeremías:

   "Escuchando, he oído a Efraín que se le lamentaba: Me azotaste, y fui castigado como novillo indómito; conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Jehová mi Dios. Porque después que me aparté tuve arrepentimiento, y después que reconocí mi falta, herí mi muslo;  y me confundí, porque llevé la afrenta de mi juventud".(Jer. 31:18, 19)
 
   La sinceridad es siempre igual en una persona, ya sea que ore en un rincón a solas o delante de todo el mundo. La sinceridad no sabe cómo llevar dos máscaras diferentes, una para aparentar delante de los demás y otra en un rincón para un momento breve con Dios. Los cristianos sinceros deben tener a Dios. Deben estar con Él en lo que ellos conocen como el deber placentero de la oración del corazón.

   La oración sincera no es de labios para afuera, porque Dios examina el corazón. La oración del corazón mira a Dios. La oración del corazón y del alma que Dios reconoce es aquella oración de sus hijos que va acompañada de sinceridad.

                                                           ORACIÓN
   Oh Señor mi Dios, deseo que tú me encuentres a mí como Jesús halló a Natanael a lo largo del camino: en oración de profunda sinceridad y devoción a ti. Confieso que algunos de mis motivos para orar han sido egoístas e interesados. Reconozco que a menudo no he dedicado tiempo a examinar mi corazón y a abrirlo completamente delante de ti en oración. Por el contrario, he acudido a ti buscando solo cosas que yo quería que tú hicieras por mí. Me inclino ante ti, oh Dios, en humilde sometimiento, y te pido que pongas en mí un corazón limpio y me des un espíritu recto. Al examinar mi propio corazón, acudo a ti en completa sinceridad de que seré conocido como tuyo y tú serás conocido como mío, para que tu Hijo pueda ensalzarme cuando nos encontremos, para que no haya nada falso en mí, para que me sienta libre de orar en el nombre del Salvador sabiendo que estoy limpio por su sangre expiatoria. Amén
 
Juan Bunyan. Cómo orar en el Espíritu. Primera edición 2013. Editorial Portavoz Paginas 16-20

sábado, 11 de enero de 2020

LA VERDADERA ORACIÓN




    Dios nos manda que oremos. Nos manda que los hagamos en público y en privado. La oración lleva a los que tienen el espíritu de súplica a disfrutar de una maravillosa comunión y companerismo con Dios; por tanto, Dios ha ordenado la oración como un medio para que crezcamos en la relación personal con El.

   Cuando oramos frecuente y activamente, nuestras oraciones obtienen grandes bendiciones de parte de Dios, tanto para aquellos por los que oramos como para nosotros mismos. La oración abre nuestro corazón a Dios. Nuestras oraciones son el medio mediante el cual Dios llena nuestra alma, aunque vacía, hasta rebosar. En nuestras oraciones, los cristianos podemos abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo, y recibir una renovada confirmación de su amistad con nosotros.


   Podría dedicar muchas palabras a distinguir entre la oración pública y la privada. Podría también distinguir entre la oración en el corazón y la oración expresada en voz alta. A veces también podría hablar en cuanto a las diferencias entre los dones y las gracias de la oración. Pero prefiero dedicarme a mostrarle tan solo el corazón de la oración, sin lo cual todos nuestros gestos piadosos, tanto de las manos como de los ojos y de la voz, no tendrían ningún propósito.


   Necesitamos aprender y aplicar lo que las Escrituras nos enseñan. Pablo escribió y nos dio un ejemplo: "Oraré con el espíritu" (1Corintios. 14:15).


   La oración es abrir el corazón o el alma a Dios en una forma sincera, sensible y afectuosa, por medio de Cristo, con la ayuda y en el poder del Espíritu Santo, para cosas como las que Dios ha prometido, o que son conforme a la Palabra de Dios, para el bien de la Iglesia, sometiéndonos en fe a la voluntad de Dios.


   Esta definición incluye siete aspectos las cuales son:

 Primero, sus oraciones deben ser sinceras.

Segundo, sus oraciones deben ser sensibles. 

Tercero. sus oraciones deben servir para abrir afectuosamente su alma a Dios el Padre por medio de Cristo Jesús.

 Cuarto, si quiere que sus oraciones sean eficaces, debe orar con el poder y la ayuda del Espíritu Santo.

 Quinta, para que sus oraciones sean respondidas conforme a la voluntad de Dios, debe orar por cosas tales como las que Dios ha prometido, o que sean conforme a su Palabra, la Biblia.

 Sexta, sus oraciones no debieran ser egoístas, sino que debieran tener en mente el bien de la Iglesia así como el de otros.

 Séptimo, debería orar siempre en fe y con sometimiento a la voluntad de Dios.

                                                     ORACIÓN
Oh Dios, las presiones de mi vida tan ocupada pesan sobre mí, y confieso que no he dedicado tiempo a desarrollar una familiaridad y compañerismo profundos contigo. No he abierto en realidad mi corazón a ti, ni tampoco he dedicado tiempo a conocer por experiencia la disposición de tu corazón hacia mí. Ayúdame a que durante los próximos días dedique tiempo a aprender acerca de la verdadera oración por medio de un hombre del que se enseñoreó el Espíritu Santo mediante la oración, que supo lo que era aprender acerca de ti dentro de las paredes de la cárcel. Ayúdame a orar a fin de conocerte mejor. Ayúdame a orar a fin de que pueda ser fortalecido para dar testimonio delante de los que necesitan aceptar la verdad del evangelio de tu amado Hijo, en cuyo nombre oro. Amén.

 Juan Bunyan. Cómo orar en el Espíritu. Primera edición 2013. Editorial Portavoz Paginas 10-14