sábado, 3 de agosto de 2019

¿POR QUÉ HAY DOLOR Y SUFRIMIENTO EN EL MUNDO? Parte IV


LA BONDAD DE DIOS NOS LLEVA AL ARREPENTIMIENTO.
   Las Escrituras dicen que “Su bondad quiere llevarte al arrepentimiento” Romanos 2.4. Quizás ha habido ocasiones en que alguien le ha hablado sobre el amor de Jesús y el sacrificio que hizo por usted. O quizá ha habido momentos en los cuales, después que ha hecho algo malo, su conciencia le ha redargüido y usted se lamenta de haber hecho lo que hizo. Esos son casos en que la bondad de Dios Padre estaba moviéndolo  a arrepentirse para que pudiera clamar a Él. Ser reconciliado con Él a través de Jesús y disfrutar de una relación personal con Él. Dios quiere estar cerca de usted. Su amor por usted es tan grande que Él nunca cesa de llamarle y ofrecerle salvación y una vida completamente nueva.

   Bismarck es un supervisor de bodega que experimentó esa bondad de Dios que lo llevó al arrepentimiento, perdón y una nueva vida. “Yo vine a los Estados Unidos desde Nicaragua cuando tenía catorce años. Inmediatamente me uní a una pandilla y empecé a consumir marihuana, cocaína y crack. No le tenía miedo a nada; era violento y buscaba experimentar emociones fuertes. Debido a ese estilo de vida, terminé en las calles, robando para conseguir el dinero que necesitaba para comprar más droga. Mi adicción era tal que hasta vendía mi ropa y zapatos por cinco o diez dólares sólo para comprar drogas.

  “Estuve hospitalizado varias veces por sobredosis de drogas. También trate de cometer suicidio cinco veces. Las primeras cuatro me clave un cuchillo en el cuerpo. La quinta vez, me colgué de un cinturón. Me encontraron sin vida, pero por un milagro de Dios, reviví. Creo que fue porque Dios tenía un propósito para mi vida.

   “En ese tiempo no estaba buscando a Jesús, pero Dios uso a alguien para invitarme a una casa donde varios se reunían a orar y aprender sobre la biblia. Más todo lo que yo hacía era criticar su iglesia y su pastor, llamándole ladrón. Seguí criticándolos hasta que, una mañana, mientras estaba en mi habitación, empecé a sentirme mal, por todas las críticas. Lloré inconsolablemente. Nunca olvidaré lo que pasó después: oí una voz que dijo, ‘Así era como quería verte’. La convicción de parte de Dios fue tan fuerte que no pude dejar de llorar.

   “A partir de ese momento, mi vida dio un vuelco increíble. Jesús borró mi pasado y me dio un nuevo comienzo. Había sido un drogadicto por veinte años, y miembro de una pandilla, fornicario y adúltero. No le temía a nada, y no me importaba mi vida ni la de nadie más. Pero hoy, soy un hombre que teme a Dios, y me siento totalmente restaurado y feliz. Estoy empleado, cuido de mi hogar, y sirvo en la iglesia”.

PASOS PARA UN GENUINO ARREPENTIMIENTO.
   El verdadero arrepentimiento no es simplemente una creencia intelectual de Dios y reconocer nuestra condición espiritual de pecado. También involucra los siguientes pasos:
1-. Reconocer y confesar nuestro pecado, con convicción genuina.
   Debemos reconocer honestamente delante de Dios las faltas que hemos cometido de pensamiento, palabra y obra, con convicción genuina por haber vivido de una manera que es contraria a Su naturaleza. Hay un libro en la biblia llamado “Salmos”, y en uno esos salmos leemos: “el sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido” Salmos 51.17

   Cuando miramos a Dios nuestro creador y admitimos delante de Él nuestros pecados, y también cuando le expresamos nuestros deseos de ser transformado, Él activa el perdón que hemos recibido a través de Cristo. La sangre de Jesús derramada en la cruz, se hace efectiva como el pago por nuestras transgresiones. Las escrituras dicen, “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y limpiará de toda maldad” 1Juan 1.9 Y que “quien encubre su pecado jamás prospera, quien lo confiesa y lo deja, halla perdón” Proverbios 28.13 Dios espera que nos demos cuenta de la condición pecaminosa en la que estamos y que recurramos a Él para perdón, limpieza y renovación.

2-. Tomar la decisión de abandonar el pecado.
   Cuando nos arrepentimos genuinamente, nos alejamos de las actividades, personas, objetos y lugares que influyen en nosotros para que pequemos. Si voluntariamente nos exponemos a situaciones que nos tientan y nos hacen pecar, entonces nuestro arrepentimiento no era genuino. Necesitamos comprometernos a separarnos de lo que Dios llama malo e injusto. Y debemos permitir que la sangre de Jesús, la cual Él derramó en la cruz, rompa las cadenas de pecado e inequidad que obstruyen nuestra vida espiritual – tal como las arterias obstruidas obstaculizan el flujo de sangre de una persona -, para que podamos ser verdaderamente libres de pecado.

  Tomar la decisión de dejar atrás el pecado, no significa que nunca más experimentemos tentaciones o pensamientos pecaminosos, o que no cometeremos un pecado jamás en nuestras vidas. Más bien, significas que ya no deseamos pecar más, y que el pecado ya no sigue siendo un hábito para nosotros. En la biblia, cuando Jesús perdonaba y sanaba a las personas, algunas veces les decía, “no peques mas” Juan 5.14 o “deja tu vida de pecado”        Juan 8.11. Tenemos que dejar nuestro estilo de vida de pecado, y desear vivir para Dios, haciendo lo que le complace a Él.

3-. Recibir el perdón de Dios a través de la fe en Cristo.
   Si nos arrepentimos y hacemos a  Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, la maldición del pecado se rompe en nuestras vidas, y el juicio de muerte espiritual ya no pesa más sobre nosotros ¡Somos libres! La culpa y la recriminación ya no pueden amenazarnos más, y la siguiente verdad aplica para nosotros:
Por tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos en Cristo Jesús, pues por medio de Él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. Romanos 8.1-2

   Una vez que usted se ha arrepentido, confesado sus pecados, y aceptado el sacrificio de Jesús para liberarlo de su naturaleza pecaminosa, no siga ya esclavizado por los recuerdos de sus errores y faltas del pasado. ¡Su cautiverio ha terminado! La libertad en Jesucristo le permite edificar una vida de bendiciones y una herencia de libertad para sus descendientes y todos aquellos que heredarán las consecuencias de sus decisiones.

   Dios quiere que tengamos convicción de nuestros pecados para que acudamos a Él y nos arrepintamos. Él no quiere que experimentemos continuamente la culpa la vergüenza y condenación, que sólo hacen que queramos huir de Él. De nuevo, cada vez que usted peque, inmediatamente confiese sus pecados a Dios, pídale perdón, reciba Su perdón a través de Cristo, y renueve su compromiso de dejar el pecado y vivir por el espíritu.

   Las escrituras nos aseguran que, “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! 2Corintios 5.17 En Jesús, usted tiene una naturaleza completamente nueva. “se han quitado el ropaje de la vieja naturaleza con sus vicios, y se han puesto el de la nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a imagen de su creador” Colosenses 3.9-10nvi.

4-. Creer en el evangelio de Cristo.
   Recuerde que Jesús dijo, “Arrepiéntanse y crean en el evangelio” Marcos 1.15 No solamente es necesario experimentar convicción y remordimiento, confesar y arrepentirnos de nuestros pecados, sino también creer activamente en el evangelio. El evangelio es la buena nueva de la llegada del reino de Dios a la tierra, el cual nos libera del pecado y la muerte. El creer, completa nuestra transformación, y nos restituye a Dios.

   ¡Crea en el evangelio! Usted no tiene que estar controlado por el pecado, esclavizado por acciones y actitudes erróneas. Permita que Dios le perdone y cambie su vida, tal y como la hizo con Fátima García, un ama de casa de República Dominicana: “Mi encuentro con Jesús vino en un tiempo crucial para mí. Me sentía vacía, sola emocionalmente, y sin apoyo espiritual. Tenía muchos problemas en mi matrimonio y tuve que divorciarme de mi esposo. Además, estaba triste por el recién fallecimiento de mi padre, y todo se veía gris para mí. Caí en una profunda depresión y fui hospitalizada. Le pedí a Dios que me llevara para estar con mi papá. Ya no quería vivir más. Mi depresión era tan fuerte que estuve en coma por seis horas. Cuando desperté, pensé en mis hijos y en mi mamá y supe que debía vivir por su bien.

   “Mi depresión había causado otras complicaciones físicas – presión alta y problemas con la glándula tiroides -. Los doctores dijeron que necesitaría medicamentos por el resto de mi vida. Cuando una amiga se enteró de la condición en que me encontraba me invito al Ministerio del Rey Jesús. Yo no quería ir, pero ella insistió así que decidí ir y busca de Dios.

   “Cuando oí el mensaje del Pastor, sentí una paz inmensa. ¡Finalmente había encontrado a Jesús! Sentí un arrepentimiento profundo por haber vivido separada de Él, y decidí entregarle mí destrozada vida a Él, para que la transformara. Seguí asistiendo a la iglesia, y poco a poco, empecé a darme cuenta que mi vida estaba tomando una dirección completamente nueva. Las oraciones comenzaron a provocar una gran transformación. El Señor ha seguido bendiciéndome y he aprendido a orar, por mis hijos y mi familia. Después de un tiempo, los doctores me dijeron que ya no necesitaba medicamentos así que dejé de tomarlos. Jesús me ha enseñado a llevar la relación con mis hijos, y tengo una mejor relación con mi ex esposo”.

   Muchos huyen de la verdad de Jesucristo porque no quieren ser confrontados con sus pecados. Pero Jesucristo no puede recibirse a media. Dios, en Su bondad, ha estado allanando el camino para que usted regrese a Él, si usted reconoce sus pecados, acepta el perdón de Jesús, deja su estilo de vida de pecado, y cree en el evangelio del reino, recibirá a Jesús y la vida eterna que sólo Él puede dar. Usted tendrá una naturaleza completamente nueva – una que es como la misma naturaleza de Dios -. Se reconciliará con su Creador, tal como si nunca hubiese pecado.

   Este proceso no necesita ser complicado. Solo requiere una simple oración en voz alta:
Padre Celestial, reconozco que soy un pecador y que mi pecado me separa de Ti. Creó que Jesús murió en la cruz por mí y que fue resucitado de entre los muertos. Confieso con mi boca que Jesús es el Señor. Me arrepiento de todos mis pecados y rompo toda conexión que haya establecido – voluntaria o involuntariamente – con el pecado y con el diablo. Jesús, te pido que entres a mi corazón y transforme mi vida. Rechazo todos los pensamientos y comportamiento que no reflejan la Naturaleza de Dios, y te pido que me ayudes a caminar en Tus caminos, conforme a tu gracia y poder, a través del Espíritu Santo. ¡Amén!

¿Por qué creer en Jesús? Porque Él lo ha salvado de una naturaleza pecaminosa y le ha conseguido ser perdonado por todos los pecados que alguna vez usted cometió, y ha puesto a su disposición ¡una vida nueva y una relación eterna con Dios el Padre!

AYUDE A ALIVIAR EL DOLOR Y SUFRIMIENTO.
   Ahora que sea reconciliado con Dios, pídale a Jesús diariamente que lo use para divulgar y expandir el reino de sanidad, liberación y justicia de Dios en nuestro mundo. Lucas 4.18 Tenemos una promesa confiable de parte de Dios, por la cual, cuando la plenitud de su reino venga, “Él les enjuagara toda lagrima de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir. Apocalipsis 21.4 
Guillermo Maldonado. ¿Por qué creer en Jesús? Poder. Primera edición.2015. Editorial Ministerio internacional El Rey Jesús. Paginas 60 - 67

domingo, 28 de julio de 2019

¿POR QUÉ HAY DOLOR Y SUFRIMIENTO EN EL MUNDO? Parte III

6-. EL PECADO LLEVA A LA MUERTE.
   Muchos que incurren en pecado no creen que estos acarreen algunas consecuencias. Sin embargo, las Escrituras establecen claramente que “la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Jesús, nuestro señor.” Romanos 6.23. Debido a que el pecado afecta todas las áreas de nuestras vidas, esta “muerte” puede no ser exclusivamente espiritual o física; en ocasiones puede ser también emocional, relacional, y así sucesivamente.

7-.EL PECADO ACARREA CASTIGO Y CONSECUENCIAS ETERNAS.
   Dios debe castigar el pecado con el fin de ser fiel a Su naturaleza y al carácter original del mundo que Él creó. Dios es bondad total; Él es santo (puro). Si queremos conocer la perspectiva de Dios respecto al pecado, simplemente debemos mirar la cruz y ver el castigo que Él desató sobre Su propio hijo cuando Jesús cargó todos nuestros pecados sobre Sí mismo y pagó por ellos en representación nuestra.

   O recibimos a Jesús como el suficiente sustituto por nuestros pecados, o enfrentaremos el castigo por nuestras faltas. Muchas veces sufrimos  diversos efectos negativos en nuestras vidas como consecuencia de pecar. Sin embargo, el castigo final por todas nuestras ofensas lo recibiremos en nuestra próxima vida, en forma de juicio y separación eterna de Dios. “Vi también a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Se abrieron unos libros, y luego otro, que es el libro de la vida. Los muertos fueron juzgados según lo que habían hecho, conforme a lo que estaba escrito en los libros”. Apocalipsis 20.12.

   Todo lo que hacemos en esta vida queda registrado en el cielo, y cuando muramos, seremos juzgados en relación a nuestras acciones. No hay manera de escapar del juicio de Dios por el pecado, excepto por la provisión de Jesucristo. Su sacrificio cubre nuestros pecados, y Dios dice  que no lo recordará ya más”. Hebreos 8.12

   Más los pecados  que no han sido perdonados serán expuestos. Lucas 8.17
   La buena noticia es que cuando recibimos a Jesús y su provisión expiatoria a través de la cruz. ¡Su naturaleza y bondad son acreditadas a nosotros! Conocemos el gozo y la paz de ser totalmente perdonados  y limpiados de todo lo que hemos hecho mal. Esto es lo que significa para nosotros ser “justos”. Vivir en verdadera rectitud no significa adoptar  la actitud arrogante de “Yo soy más santo que tu”. Significa recibir la naturaleza de Jesús mismo -  y ésta se convierte en nuestra posición delante de Dios -. Ya no tenemos que tener el castigo por nuestros pecados. Jesús ha pagado el precio de ese castigo por nosotros. Mientras estemos aún vivos, tenemos la capacidad de recibir salvación en Jesús. Pero después que ocurre la muerte física, ya no hay más oportunidad para hacerlo. “Y así como está establecido que los seres humanos mueran una sola vez, y después venga el juicio”. Hebreos 9.27. Su oportunidad es aquí y ahora.

LA SOLUCIÓN PARA EL PECADO.
   El pecado nos separa de Dios y distorsiona Su imagen en nosotros, porque todo pecado es opuesto a su carácter. La naturaleza pecaminosa, así como los actos individuales de pecado, atrapan en muerte espiritual a aquellos que aún no han recibido a Jesús. Es más, cuando aquellos que han nacido de nuevo pecan, todavía “contristan”. Efesio 4.30, al Espíritu Santo o “apagan” 1 Tesalonicenses 5.19 la vida del Espíritu Santo en ellos, y por lo tanto necesitan ser lavados de sus pecados 1Juan1.9, 2.1

   Jesús entregó su vida para liberarnos de la esclavitud del pecado. Así que, ¿cómo recibimos lo que Él ha hecho por nosotros? Recuerde que Jesús dijo, “el tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”. Marcos 1.15

   La solución para el pecado es el arrepentimiento. El arrepentimiento nos permite entrar en el Reino de Dios, el cual se caracteriza, no por dolor y sufrimiento sino por “justicia, paz, gozo en el Espíritu Santo”. Romanos 14.17

¿QUÉ ES EL ARREPENTIMIENTO?
   Sin duda, muchas personas están insatisfechas o incómodas con sus vidas y quieren cambiar, pero no saben cómo arrepentirse. Una de las razones, es que hay confusión generalizada de lo que realmente significa arrepentimiento. Muchos lo asocian a una respuesta emocional, como llorar o sentirse culpables. Otros piensan que significa hacer varios actos de penitencia para expiar los pecados cometidos, tales como donación a organizaciones de caridad, o negarse a sí mismo ciertos placeres o gustos. Sin embargo, el verdadero arrepentimiento no es una respuesta emocional – aunque el arrepentimiento puede ir acompañado de emociones – y no puede alcanzarse realizando actos de penitencia.

   La palabra griega que se traduce como “arrepentimiento” en el Nuevo Testamento indica la convicción sobre la propia culpa, y significa “un cambio de decisión”. Una palabra relacionada significa “pensar de manera diferente”. Así que, después que un individuo se da cuenta de su condición espiritual de pecado, se arrepiente tomando la decisión de cambiar su mentalidad y sus actitudes incorrectas hacia Dios y hacia sí mismo; y además se compromete a hacer un cambio en su comportamiento. Reconoce que a causa de su naturaleza y actos pecaminosos, su vida está en el camino hacia la destrucción, y que ya no quiere estar más en ese camino.

   El arrepentimiento ha sido descrito a menudo como, un giro de 180 grados para ir en dirección opuesta – alejándose de las actitudes pecaminosas, acciones inmorales y el egocentrismo -, acercándose al carácter, caminos y propósitos de Dios. Involucra la decisión de permitir que nuestra vida sea gobernada por Dios sin reservas; es estar dispuesto a seguirlo y obedecerlo de ahora en adelante.

   A menos que nos arrepintamos, no podremos experimentar la provisión de Cristo para nosotros a través de la cruz, ni recibir el Espíritu de Dios. Y esto es crucial: sólo a través de la gracia y el poder que recibimos del Espíritu de Dios podemos manifestar la naturaleza de Dios, vivir de acuerdo a sus caminos, y heredar la vida eterna en el cielo.

   Cuando una persona se arrepiente genuinamente, su conducta y estilo de vida se va alineando cada vez más con el Reino de Dios y sus prioridades. Tales cambios sin la evidencia del trabajo del Espíritu Santo en la vida del individuo, para acercarlo hacia Dios y permitirle vivir una vida recta. “Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa” Gálatas 5.16

   Aprendemos lo que le agrada a Dios leyendo Su Palabra y pidiéndole que nos enseñe y nos dirija a través del Espíritu Santo.
Guillermo Maldonado. ¿Por qué creer en Jesús? Poder. Primera edición.2015. Editorial Ministerio internacional El Rey Jesús. Paginas 56 - 60

domingo, 21 de julio de 2019

¿POR QUÉ HAY DOLOR Y SUFRIMIENTO EN EL MUNDO? Parte II


TODO SER HUMANO NACE CON UNA NATURALEZA PECAMINOSA.
   Algunas personas creen que porque no cometen pecados “graves”, son personas buenas que no deberían ser calificadas como “pecadores”. Más la biblia declara que, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3.23). La naturaleza de pecado está presente  en todos los seres humanos; nacimos con ella, y la heredamos a través de la caída de la humanidad. Entonces, el pecado es algo que nos aqueja a todos, sin excepción. Y el pecado no está limitado a actos extremos, tales como involucrarse en actos repetidos de obvia inmoralidad o como matar a alguien.

   Muchas personas religiosas siguen siendo pecadoras por el hecho de que se someten sólo externamente  a ciertas reglas morales. Debido a que no se dan cuenta que necesitan rendir sus vidas a Dios, no entienden ni reflejan su verdadera naturaleza. Permanecen el rebelión contra Él, porque nunca han tomado la decisión apartarse de sus actividades egocéntricas para abrazar Sus caminos. Como ya hemos visto, incluso una persona  religiosa puede enfocarse en hacer cosas que piensa que le agradan a Dios, mientras omite la necesidad vital de recibir a Jesús y su sacrificio. 
  
   No hay nadie en la tierra que no haya albergado alguna vez un motivo egoísta en su corazón, o que haya tenido un pensamiento malo en contra de otra persona o que haya dicho algún tipo de mentira. Estas son pruebas suficientes de que el pecado habita en todos nosotros. Es imposible que alguien se abstenga de cometer pecado. Todos necesitamos recibir a Jesús y apoyarnos en el Espíritu de Dios.

   Algunos, cuando culpan a Dios por las cosas malas que ocurren en el mundo, asumen la posición de víctimas, y olvidan asumir la responsabilidad por su propia condición de pecado. Trágicamente, hay multitud de víctimas inocentes de muchas clases de abuso, explotación y crueldad en nuestro mundo. Esas personas necesitan de nuestra compasión, y debemos buscar justicia en su nombre. Como dice la conocida frase, el pecado incita “la inhumanidad del hombre hacia el hombre”. Sin embargo, estoy hablando de aquellos que tratan a Dios como Si él fuera el culpable y ellos no tuvieran culpa alguna. No se ven así mismo necesitando Su ayuda y salvación. No ven el problema del pecado en sus propias vidas.

   Además, gran parte de la psicología y psiquiatría moderna, así como las políticas y leyes de algunas naciones, no reconocen la realidad del pecado. En cambio, se refieren a varios tipos de actitudes y comportamientos pecaminosos con otros términos, como “estilos de vida alternativos” o el “derecho a elegir”. O argumentan otras razones antes la conducta pecaminosa   de la gente, tales como “enfermedad” o “productos del medio”, tales factores pueden contribuir al problema, pero no son su raíz o causa.

CONSECUENCIAS DEL PECADO.
   No podemos acabar con el patrón destructivo de maldad y muerte en nuestro mundo sino lidiamos con la raíz del problema. Cuando entendamos lo que es el pecado, cómo daña nuestras vidas y por que destruye el mundo, valoraremos el sacrificio que Jesucristo hizo en la cruz y en el inmenso poder que Él desató a nuestro favor por medio  de su resurrección.
   El pecado ofende  a Dios, y su peor consecuencia es que causa la separación entre Él y nosotros.
1-. EL PECADO, A LA FINAL, NO SATISFACE.
   Muchas personas pecan mientras persiguen el placer y la satisfacción en sus vidas, en un esfuerzo por llenar el vacío espiritual que hay en sus corazones. Sin embargo, algunos nunca experimentan placer en su pecado; por el contrario, se sienten vacíos mientras pecan y después de pecar. Y aunque algunos disfrutan el pecado cuando comienzan a practicarlo, pronto descubren que el placer les dura poco. Después que pasa la satisfacción inicial, a menudo la culpa y la vergüenza se establecen. El pecado nunca puede satisfacer el vacío que genera la falta de relación con Dios, o la necesidad de salvación que los seres humanos cargan dentro de ellos.

2-. EL PECADO HIERE A QUIEN LO COMETE.
   Cuando las personas pecan, quienes resultan más heridos son ellos mismos; porque no sólo tienen que lidiar con las consecuencias de sus transgresiones, sino que además continúan alineándose a sí mismo con la muerte espiritual. “Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo.. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos”. Isaías 57.20-21. En verdad no hay paz para el hombre o la mujer que vive separado de Dios y su voluntad, imposibilitados de escapar de la esclavitud del pecado.

3-. EL PECADO HIERE A OTRAS PERSONAS.
  Los pecados de las personas afectan a aquellos que están a su alrededor, incluyendo- y a menudo especialmente- a sus seres queridos. Usualmente, las personas pecan por razones egoístas. Cuando piensan en involucrarse en una relación pecaminosa, por lo general no consideran- o no les importa- los efectos que su acción tiene sobre otros. Por ejemplo, cuando un hombre casado comete adulterio, puede que piense solamente en el placer inmediato de esa relación, no en la forma cómo impactará a su esposa e hijos y/o a la mujer involucrada. Las secuelas del adulterio y el divorcio pueden ser, daño espiritual, mental y emocional, de larga duración así como dificultades financieras y otros problemas en las vidas de quienes son impactados por estos.

4-. EL PECADO CONDUCE A MENUDO A MÁS- Y PEORES- PECADOS.
   Debido a que el pecado produce solamente satisfacción temporal, algunos buscan duplicar ese placer o sentimiento momentáneo, una y otra vez, cometiendo otros actos de pecado, creando un círculo vicioso que puede ser muy difícil de romper. Aun más, el cometer un pecado puede despertar un apetito mayor por éste, haciendo que la persona se degenere hasta que su comportamiento finalmente lo destruye.

5-. EL PECADO ESCLAVIZA.
   Cuando cometemos un pecado, éste se convierte en nuestro amo. El pecado no nos sirve a nosotros; nosotros le servimos a él. “¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia”. Romanos 6.16. “Es más, adicionalmente a nuestros propios pecados, cargamos “pecados generacionales” en nuestra línea sanguínea que heredamos como consecuencia de los pecados de nuestros padres, abuelos y otros ancestros.

   Nosotros no escogimos esa herencia, pero ahí está, como una pesada carga sobre nosotros, y causa problemas inexplicables y fracasos en nuestras vidas. Por ejemplo, si usted observa la línea familiar de un alcohólico, frecuentemente descubrirá que uno de los padres, o un abuelo, tío u otros parientes también fueron alcohólicos.

   Yo creo que cuando la biblia menciona iniquidad, por lo general se está refiriendo al pecado generacional. Deuteronomio 5.8-9. No hay absolutamente nada que usted personalmente pueda hacer para deshacerse de la iniquidad. No existe otro ser humano, o una religión, avance médico o descubrimiento científico que pueda liberarlo de ella. Sólo Jesús puede hacerlo. Y, a menos que lidie con ella, se transmitirá o transferirá a sus futuras generaciones.
 Guillermo Maldonado. ¿Por qué creer en Jesús? Poder. Primera edición.2015. Editorial Ministerio internacional El Rey Jesús. Paginas 52 - 56