sábado, 8 de junio de 2019

¿POR QUÉ HAY DOLOR Y SUFRIMIENTO EN EL MUNDO? Parte I


   Una pregunta que la gente se hace con frecuencia es: “Si Dios es tan bueno y poderoso, ¿por qué existe el mal y el sufrimiento en el mundo? Se preguntan, ¿por qué tenemos que soportar tantas tribulaciones en la vida? ¿por qué Dios permite que la gente experimente hogares destruidos y drogadicción; accidentes, enfermedades y muerte prematura; violaciones, esclavitud, conflictos raciales, genocidio, guerras y otras formas de violencia; desastres naturales como terremotos, tsunamis y tornados; y miseria humana, como el hambre y la pobreza?

   Como miembro de la raza humana, debemos reconocer que la raíz de toda aflicción y las terribles cosas que ocurren en nuestra vida y en el mundo es un problema llamado “pecado” y sus consecuencias de largo alcance.

   Muchos consideran que la palabra pecado es un concepto religioso anticuado. Pero, ¿Qué es el pecado? Si es real, ¿Cómo se volvió parte de nuestro mundo? Para responder estas preguntas, necesitamos explorar el origen de la humanidad.

EL COMIENZO DE LA HUMANIDAD.

   Nuestro mundo fue diseñado para ser una expresión de nuestro Creador y de Su carácter, no para estar lleno de dolor y sufrimiento. Cuando Dios formó la tierra, hizo primero el ambiente físico, incluyendo las plantas, los peces, las aves y todo lo demás animales y los llamó “buenos”. (Génesis 1. 1-25). Después hizo a los seres humanos para ser como Él, de Su misma esencia: “Y Dios creó al ser humano a Su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó”(Génesis 1.27). Dios no creó seres pecaminosos; los hizo a su propia imagen, como un reflejo de Su amor, bondad, poder, integridad, creatividad y otros atributos. Después de crear a los seres humanos, Dios declaró que todo lo que había hecho “muy bueno”, un mundo sin mal (Génesis 1.31).

   Un rasgo esencial de nuestra creación a imagen de Dios es que somos seres espirituales. Las escrituras nos dicen que, “Dios es espíritu” (Juan 4.24) , y cada ser humano tiene un espíritu eterno. Cada persona también tiene un alma – mente, voluntad y emociones – y un cuerpo,, que le permite interactuar con el mundo físico.

   Adicionalmente, Dios les concedió a los seres humanos el libre albedrió – incluyendo la habilidad para escoger entre lo bueno y lo malo - . Nuestro creador no deseaba “robots” que hicieran automáticamente lo que Él quisiera. Por el contrario, Él deseaba seres que entendieran y apreciaran su propia naturaleza y que, por su propia voluntad, escogieran vivir de acuerdo a esa naturaleza. Aún más, creó a la humanidad para que estuviera unidad espiritualmente con Él, produciendo una relación profunda y cercana.

LA “CAIDA” DE LA HUMANIDAD.

   Al comienzo, el primer hombre y la primera mujer vivieron en armonía con Dios. Sin embargo después, haciendo uso de su libre albedrió, fueron en contra del único requisito que Dios les había puesto – una condición establecida para su propia protección y bienestar -, pese a Dios les había advertido que el resultado sería la muerte (Génesis 2.17).

   ¿Porqué los primeros seres humanos escogieron desafiar a Dios? Ellos tomaron esa decisión después de haber sido seducidos por el enemigo de Dios, Satanás, también llamado el diablo, o Lucifer. Satanás fue creado como un ser angelical. No obstante, debido a que intentó usurpar el trono de Dios, fue expulsado de la presencia de Dios, junto con otros seres angélicos que se unieron en su rebelión (Isaías 14.12-13) Deseando dañar a Dios, Satanás plantó una idea similar de rebeldía en las mentes de los primeros seres humanos. Les dijo que si ignoraban las instrucciones de Dios no morirían, sino que “serían como Dios, conociendo el bien y el mal” (Génesis 3 .5) En realidad, lo que les estaba diciendo es que no necesitaban a Dios para vivir y prosperar.

   Desgraciadamente, sucumbieron antes la sugerencia de vivir independientes  de Dios, y conscientemente siguieron su propia agenda. No se dieron cuenta que sus vidas mismas dependían de permanecer conectados a su Creador y a su naturaleza. Su decisión es conocida a menudo como “la caída” de la humanidad, porque los seres humanos pasaron de un alto estado donde tenían la naturaleza de Dios y reflejaban Su imagen, a un estado bajo en el cual poseían una naturaleza pecaminosa y exhibían una imagen distorsionada de Él. Ese estado humano alterado es el origen del mal y el dolor en nuestro mundo. Los primero seres humanos fueron engañados por Satanás. Ellos si murieron como consecuencia de su desobediencia a Dios. Primero, experimentaron la muerte espiritual, en la que fueron separados de Dios, incluyendo Su gloria y la totalidad de su naturaleza. Segundo, sus cuerpos comenzaron a deteriorarse poco a poco, y finalmente experimentaron la muerte.

   Además, a través de sus hijos, transmitieron esos dos legados desastrosos – el espiritual y el físico- a toda la raza humana. Como dicen las Escrituras: “Por medio de un solo hombre,  el pecado entró al mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron” (Romanos 5.12).

   Por causa de nuestro pecado, nuestros cuerpos físicos están ahora sujeto a las limitaciones del tiempo, el envejecimiento y finalmente la muerte. Todavía más, aun cuando nuestros espíritus son eternos, están muertos para Dios, separados de Su vida –a menos que sean transformados a través de la fe, mediante la muerte y resurrección de Jesús- . Es por eso que Jesús dijo que debemos “Nacer de nuevo” (Juan 3 .27). Nuestros espíritus deben volver a nacer para que una vez más podamos reflejar la naturaleza de Dios.

¿QUÉ ES PECADO?

   Pecar significa violar las leyes y mandamientos de Dios. Es vivir sin ley y rebeldía contra la Palabra de Dios. Otros términos para el pecado son: transgresión e inequidad. Pecado es todo aquello que no esté alineado a nuestro Creador y Sus caminos.

   El pecado se manifiesta de varias formas. Lo vemos en las persona que quieren gobernar sus propias vidas, tomando sus propias decisiones independientemente de Dios y Sus caminos, tal como lo hicieron los primeros seres humanos. Lo vemos en las personas que tratan de “ganar” la aprobación de Dios o de ganar la entrada al cielo según sus propios términos. Lo vemos en la gente que pelea activamente contra las leyes de Dios y Sus mandamientos, convirtiéndose en su propia autoridad y determinando sus propios estándares de lo que está bien y lo que está mal. Lo vemos incluso en personas que saben hacer el bien y no lo hacen (Santiago 4.17).

   En Su palabra, Dios nos da muchos ejemplos de pecado, que incluyen “los ojos que se enaltecen, la lengua que miente, las manos que derraman sangre inocente, el corazón que hace planes perversos, los pies que corren presurosos a hacer el mal, el falso testigo que esparce mentiras y el que siembra discordia entre hermanos(Proverbios6.17-19). Ciertos comportamientos   que Dios llama pecados  pueden parecer normales y legítimos para nosotros, pues son aceptables en nuestra sociedad. Sin embargo, eso no cambia como se siente Dios al respecto, y no altera nuestra responsabilidad por ellos.

   Si queremos estar en el reino de Dios, debemos reflejar la naturaleza de Dios. Es por eso que la escritura dice, por ejemplo:
¡No se dejen engañar! Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los pervertidos sexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. (1Corintios 6. 9-10).

   Las Escrituras enumeran otro comportamiento corrupto que las personas cometen debido a su naturaleza pecaminosa incluyendo: “idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios (Gálatas 5.20-21)

   Cuando las personas no reciben a Jesús, están separas de Dios, así como o entienden Sus caminos. Por esta razón constantemente caen en error y negligencia al no hacer lo que es bueno y justo, lo que le traerá paz a sus vidas. El transgredir de continuo la naturaleza de Dios mantiene al pueblo separado de su Creador, y tal separación resultará siempre en la muerte espiritual y física. “Luego, cuando el deseo a concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1.15). No hay pecado que, practicado de continuo, no resulte en muerte. Independientemente de cómo las personas categoricen el pecado, si no le dan la espalda, su final sin duda será desastroso.
Guillermo Maldonado. ¿Por qué creer en Jesús? Poder. Primera edición.2015. Editorial Ministerio internacional El Rey Jesús. Paginas 47 - 52

domingo, 17 de marzo de 2019

¿RELIGIÓN O RELACIÓN?.Parte III

5-. Los seguidores de una religión aceptan un sistema de creencias; los seguidores de Jesús entran en un reino.
   Los que se unen a una religión en particular aceptan las enseñanzas y principios que constituyen su sistema de creencias. Sin embargo, cuando recibimos a Jesús, no sólo entramos en acuerdo con las enseñanzas y principios de Jesús. También entramos en un ámbito eterno de vida llamado “El Reino de Dios”. En el capítulo anterior, analizamos el intercambio que Jesús tuvo con Pilatos, durante el cual Jesús le dijo: “Mi reino no es de este mundo”. Aquí se refería al Reino de Dios.

   Por medio de Jesús entramos al Reino de Dios –la manifestación de Su gobierno celestial y Su soberanía en la tierra -. El vocablo griego para “reino” es basileia, que significa “realeza”, “gobierno”, “ámbito”, “soberanía” o “poder real”. Viene de la raíz basileus, que transmite la idea de “fundamento de poder”.

   Jesús dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios (Juan 3.3). Cuando nacemos de nuevo, el reino de Dios es establecido en nosotros y podemos “verlo” con ojos espirituales. Jesús dijo: “El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros”(Lucas 17.20-21). El reino de Dios no es un dominio político sino un ámbito del Espíritu. Primero debe vivir en nosotros por medio de la presencia de Dios para que después se pueda manifestar externamente por medio de nuestras vidas y podamos comenzar a experimentar la llenura de vida que Él quiere que tengamos. Esta es la diferencia entre seguir principios religiosos y experimentar la vida verdadera.

   Juan Guzmán, un ex jugador de beisbol, creía en Dios y alcanzó éxito en su carrera, pero tenía un vacío en su vida. Sin embargo, cuando le entregó su vida a Dios y entró en la llenura de su reino experimentó una transformación impresionante. Esta es su historia:

  “Nací en República dominicana en un humilde hogar construido de palmas y piso de tierra. Allí crecí con mis padres y cuatro hermanos. Nuestra pobreza era tal que los cuatro hermanos dormíamos en una solo cama. A los trece años, decidí dejarlo todo atrás para buscar un futuro en el béisbol. Después de mucho esfuerzo, fui firmado como jugador de béisbol profesional, en la posición de lanzador. Cuando me preparaba para viajar a los Estados Unidos, mi madre me regalo una biblia exhortándome  a que la leyera en tiempos difíciles. Leer la biblia se convirtió en un hábito para mí.

   Un día me sentí muy enojado porque había estado cuatro años en las ligas menores sin ser llamado para jugar en las grandes ligas debido a mi incapacidad para controlar mis lanzamientos. Sin embargo, mientras leía la biblia, aprendí del pacto que Dios hizo con Abraham (Romanos 4.13-25) y decidí hacer también un pacto con Dios. Le pedí al Señor que me permitiera jugar en las Grandes Ligas y, a cambio, le serviría el resto de mi vida.”

“Al día siguiente, inexplicablemente algo cambió en mí. Antes sentía temor y preocupación, pero ahora estaba en paz. Cuando me dieron la oportunidad de jugar, lo hice tan bien que rápidamente fui promocionado a las grandes ligas. Termine ganando diez juegos consecutivo igualando el récord de los mejores lanzadores de mi equipo. Estuve entre los tres candidatos para el premio Cy Young. Fui el primer lanzador en la historia del beisbol en lazar en un juego de la serie mundial fuera de los Estados Unidos. Gane dos series mundiales consecutivas (1992 y 1993 con los Toronto Blue Jays).¡Hice historia!

   “Años después, Dios me recordó del pacto. Aunque estaba financieramente estable (dueño de bienes raíces, inversiones y negocios en los estados Unidos, Canadá y mi país nativo) habían áreas en mi vida que todavía estaban vacías y que yo no podía llenar. Varias veces había confesado a Jesús como mi Señor y Salvador (cuando veía predicadores en la televisión o cuando asistía a reuniones en la capilla de béisbol), pero lo había hecho sólo para quedar bien en frente de otros. Creía en Dios y ayudaba a los pobres y a los necesitados, pero también era un mujeriego atado a la inmoralidad sexual. Me había convencido a mí mismo de estar bien, porque según yo, no le hacía daño a nadie.

   “Entonces decidí limpiar mi vida. Verdaderamente me entregué al Señor y Él comenzó a cambiarme. En años previos estuve casado con el beisbol; me había dedicado 100 por ciento al deporte. Entonces, comencé a orarle a Dios, pidiendo por una esposa; alguien perfecta para mi vida, y Él escucho mi oración. También me liberó de la pornografía, depresión, idolatría, temor decepción, arrogancia, enojo, amargura y falta de perdón. Cambio mi carácter. He aprendido a ser mentor, a ser mejor líder, a tener mayor integridad y a ser más responsable y organizado. Hasta he aprendido a manejar mis finanzas y a cuidar de mi esposa, hijos y hogar. El vacío en mí desapareció, y hoy puedo decir que soy un hombre feliz”

¿ESTÁ USTED EN EL REINO DE DIOS?.

   Dios es el gobernante supremo del universo, incluyendo nuestro mundo, y quiere que seamos participantes activos de su reino, experimentándolo y expandiéndolo en la tierra. “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en el habitan” (Salmos 24.1).

   El problema con el “cristianismo religioso” (no el cristianismo genuino) es que a las personas que lo han experimentado o practicado, sólo se les ha presentado un Cristo “místico” o “histórico”, que además es inalcanzable y que no se relaciona con ellos personalmente. Como resultado, muchos se han convertido en escépticos en todo lo concerniente a Dios y Jesús; por tanto, no pueden experimentar la vida que él les quiere dar. Muchas personas en nuestro mundo se sienten deprimidos, desorientados y perdidos, porque no le encuentran sentido a su existencia. A menudo se desesperan porque quieren tener una vida satisfactoria y con propósito; es tal su consternación que algunos llegan al suicidio.

   Sin embargo, el reino de Dios es una realidad eterna que puede transformar cualquier situación. El reino trae todo lo que cada ser humano necesita: salvación, sanidad, liberación, propósito y prosperidad. Todo esto debe ser experimentado hoy, y debe ser aplicado a cualquier circunstancia que podamos estar pasando.

   Las religiones del mundo no nos pueden dar vida verdadera porque no la tienen. Sólo Jesús, el que resucitó, la puede dar. Nuestra parte consiste en recibirlo en nuestras vidas. La siguiente es la historia de Sandeep J. Khobragade, un hombre de negocios de la india que creía en dioses hindúes, pero cuando necesito un milagro, encontró que sólo Jesús se lo podía conceder.

   “A los 14 años, mi tío me introdujo a la inmoralidad sexual. Esto me llenó de miedo y me llevó a aislarme de mis amigos y familiares. No pude compartir con nadie lo que me había pasado, ni siquiera a mis padres. Me sentía atrapado y desamparado. El tiempo paso, pero por mucho que traté, no pude dejar esa vida de inmoralidad. Busque una solución en ídolos  y astrólogo. Pase tres años estudiando astrología, leyendo horóscopo, y usando rocas astrológicas, mantras y rituales, pero nada funcionó. La astrología proveyó un diagnóstico al problema, pero no me ofreció solución alguna.

   “Mientras tanto, una crisis en el negocio familiar me llevó a los Estados Unidos en busca de nuevas oportunidades. Allí, Jesús comenzó a revelarse por medio de circunstancias y personas una y otra vez. Era un hindú devoto y huía de los cristianos, pero seguía buscando la verdad y una salida. Por un año, oré a Saibaba (un dios hindú), pero no recibí respuesta. Fue entonces que me encontré con un amigo de mi niñez, en la India, que era cristiano. Dios lo usó para revelarme a Jesús. Cuando reconocí que Jesús es la verdad y que su amor me sigue, comencé a llorar y le entregué mi vida. Lo único que se, es que cuando clamé a Dios, Jesús apareció y me liberó de la inmoralidad sexual e idolatría. Hoy, sé que Jesús es el camino, la verdad y la vida. Por su gracia soy bendecido y estoy felizmente casado con una mujer maravillosa, y juntos le servimos”.

   Jesús vino a la tierra a cambiar los corazones y vidas de los seres humanos. Comenzó a llamar a los discípulos uno por uno. Transformó sus corazones, mentalidad y estilo de vida por medio de una relación personal con Él. No les hizo falsas promesas ni los forzó  a creer. Fue un ejemplo, y demostró el poder, justicia, gracia y misericordia de Dios. Mientras sus discípulos eran inspirados por su vida y enseñanzas, ellos comenzaban a anhelar ser más como Él. Hoy en día, Jesús nos llama a ser sus discípulos, sin importar quienes somos o cuan difíciles son nuestras circunstancias. Él quiere transformarnos, de manera que podamos llegar a ser todo lo que Dios nuestro creador tiene destinado que seamos.

   Jesús nos ofrece el reino de Dios –no una religión – Él les dijo a sus discípulos, “no temáis manada pequeña, porque a nuestro padre le ha placido daros el reino” (Lucas 12.32), “y buscad el Reino de Dios”(Lucas 12.31).

   También le enseño a la gente, “el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1.15)

   ¿Ha estado solamente siguiendo las reglas y rituales de una religión, o tiene usted una relación con el Cristo vivo? Él entregó hasta la última gota de sangre en la cruz por el amor a la humanidad, y está llamando a la gente de todas las naciones, razas, religiones y condiciones sociales en el mundo, a que vayamos hacia Él.

   Querido amigo, creer en Jesús vivo y recibirlo puede ser costoso para usted. Algunos seguidores de Jesús han sido rechazados por su familia o perseguidos por su comunidad o gobierno. En algunos casos les ha costado la vida. Sin embargo, hay muchos seguidores de otras religiones que están dispuestos a morir por algo que no tiene poder para transformarlos ni para darles vida eterna. Mi pregunta es ¿Está dispuesto a sufrir o a entregar su vida por lo que es real y verdadero?

   Saulo de Tarso se convirtió en creyente de Jesús, fue rechazado por muchos en su cultura. Pero a causa de que su corazón y su vida habían sido transformados, pudo declarar confiadamente:

   Aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque está leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas (2Corintios 4. 16-18)

   ¿Por qué creer en Jesús? Porque Él le ofrece vida eterna y real.

   La siguiente oración le puede ayudar a encontrar las palabras adecuadas para aceptar la invitación de Jesús de ir hacia Él. No tiene que decir estas palabras exactamente como están escritas. Puede decir la oración en sus propias palabras, siempre y cuando hable con Dios con un corazón sincero y con el deseo de vivir para Él. No se está uniendo a una religión, sino que está entrando en el reino de Dios y comenzando una relación eterna con el Jesús vivo.

Amado Padre Celestial creo que Jesús murió por mí en la cruz y que fue resucitado de entre los muertos. Confieso que Él es mi Señor y mi Salvador. Me arrepiento de todas las cosas malas que he pensado, dicho y hecho. Me aparto de ellas, de manera que puedo volver hacia Ti y a todo lo que tú quieres para mi vida. Te doy gracias porque prometiste entrar a mi corazón y transformarle. Gracias porque ahora “he nacido de nuevo” y he entrado en Tú reino. Úsame Señor para expandir tu reino en la tierra. ¡Amén!
   Ahora que ha orado para recibir a Jesús, busque a un grupo de creyentes que siguen a Jesús resucitado, al que vive y hoy sigue transformando vidas, sanando y haciendo milagros. Pídale a Dios que intervenga en sus circunstancias y confíe que Él le traerá sanidad y liberación, de la misma forma como las que experimentaron las personas cuyas historias usted ha estado sigiendo anteriormente. Lea y estudie la Biblia, pidiéndole al Espíritu Santo de Dios que le ayude a creer en el entendimiento de lo que significa vivir una vida con Jesús, que no sea "religiosa" sino que esté ¡llena de Su vitalidad, amor y poder!
Guillermo Maldonado. ¿Por qué creer en Jesús? Poder. Primera edición.2015. Editorial Ministerio internacional El Rey Jesús. Paginas 40 - 46

domingo, 10 de marzo de 2019

¿RELIGIÓN O RELACIÓN?. Parte II


    Debemos tener algo muy en claro, hacer buenas obras no nos conduce a ganar la vida eterna. Dios nos da vida eterna cuando creemos y recibimos a Jesús, quién, como lo hemos visto, es “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14.6). Tampoco, las buenas obras nos dan la habilidad para resolver nuestras necesidades humanas más profundas ni nuestras situaciones imposibles – tales como problemas y enfermedades incurables - . Sólo Jesús resucitado puede vencer todo por medio de su poder sobrenatural.

   Joshua López tiene una maestría en coreografía y además es chef. Él se vio en una situación imposible y su vida es un testimonio de la compasión y poder del Cristo vivo:

“Crecí en el evangelio. Sin embargo, a los 12 años, dejé los caminos del Señor porque no podía entender por qué Dios no me sanaba de dislexia ni me protegió de ser abusado sexualmente. Entré en la prostitución, trabajé haciendo  estriptis en bares, me metí en pactos satánicos y hasta frecuente varías religiones. Después de intentarlo todo terminé no creyendo ni en el bien ni en el mal. En 1982, sufrí una sobredosis de drogas y vi mi espíritu separarse de mi cuerpo. Clamé a Dios diciéndole que si me liberaba le serviría por el resto de mi vida. En ese instante, sentí mi espíritu regresar al cuerpo, aunque quedé catatónico por varias horas y todos los que me rodeaban pensaban que estaba muerto. En mi estado inconsciente percibí que “fuego” de Dios había caído sobre mí, dándome la convicción de que era libre de la adicción al bazuco (crack) y la heroína.

“Busque a Dios a mi manera, pero pronto regresé a la prostitución y me separe de todos los que creían en Él. Tiempo después, unos exámenes médicos revelaron que tenía SIDA y me dieron sólo 6 meses de vida. Sufría de dolor de espalda, manchas negras en la piel y fatiga que dificultaba mi caminar. Busqué a Dios en oración sin ir a la iglesia y sin decirle a nadie lo que me sucedía.

   Seis meses después, todavía estaba vivo y comencé a ir a la iglesia, donde me quede por cuatro años y donde crecí espiritualmente; hasta el día que el Señor me envió al Ministerio El Rey Jesús. Allí encontré mi identidad en Cristo y recibí liberación en las áreas de adicción, abuso sexual, rechazo, cautividad espiritual y más.

   Cuando había perdido toda esperanza de casarme, Dios me bendijo con una esposa y ya llevamos varios años de casado y tenemos dos hermosas hijas. Mi esposa es una mujer llena de fe que siempre creyó en mi sanidad, la cual fue progresiva, tal como mi fe. Le doy gracias de Dios por su fidelidad y amor, por mi familia y por mis pastores que siempre creyeron en mí”.

   El Poder de Jesús sigue salvando, sanando y liberando hoy a la gente de todas las naciones de la tierra, porque Él fue levantado de entre los muertos y continúa ministrándonos, ¡Él vive!

3-. Los fundadores de las religiones ya no están presentes con sus seguidores en la tierra, pero Jesús si está con seguidores.
   Una vez más, los fundadores de las diversas religiones están muertos o algún día  morirán. Después de su muerte, ya no tendrán contacto con sus seguidores. Sin embargo, Jesús les prometió a todos quienes lo reciben, sin importar en qué siglo de la historia humana vivan: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28.20).

¿Cómo Jesús continúa estando con sus seguidores, incluso hoy? Él dijo que viviría dentro de ellos: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros… El que me ama, mi palabra guardará; y mi padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”(Juan 14.18,23). Jesús también prometió que el Espíritu de Dios viviría en todos los que creen en él, para ser su consejero y ayuda idónea: “Y yo rogaré al padre, y os dará otro consolador, para que esté con vosotros para siempre: el espíritu de verdad (Juan 14.16-17).

   El Padre, Hijo y Espíritu Santo –el dios trino- reside en nosotros cuando creemos en Jesús y lo recibimos como nuestro Señor y Salvador. Está realidad nos da acceso al ámbito espiritual en el cual Dios dice que todas nuestras necesidades son suplidas y donde todo es posible (Filipenses 4.19, Marcos 9.23). Jesús continúa sanando y haciendo milagros hoy en las vidas de aquellos que creen en Él; y Él siempre está con ellos.

4-. Los seguidores de una religión se “unen”, más los seguidores de Jesús renacen espiritualmente.
   Otra diferencia entre los diversos sistemas religiosos y los que creen en Jesús es la forma cómo la gente se une a una religión y se relaciona con los otros miembros de ese grupo, si los comparamos con la forma cómo la gente recibe a Jesús y se hace una con Él y con sus hermanos en la fe. Mucha gente se hace miembro de una religión porque sigue una tradición de familia o de reza y/o una tradición cultural de la comunidad o país donde vive. Un individuo puede hacerse miembro de una religión de varias maneras. Por ejemplo, puede nacer de padres que ya están en ese sistema de creencias; puede pasar por algún ritual o simplemente declarar su intención de hacerse miembro de esa comunidad religiosa.

   A veces la gente siente que no tiene otra opción que formar parte de una religión en particular. Es más, a veces hasta su familia o sociedad esperan que lo haga; así que sufren la presión de conformarse. En ciertas sociedades, si una persona no acepta la religión de su comunidad tendrá que enfrentar consecuencias severas tales como: rechazo, pérdida de libertad y aun perder la vida. Hasta cierto punto, esto explica la fuerza y el crecimiento de algunas religiones. Pero cuando un individuo verdaderamente acepta la invitación de Jesús para ir con Él, esa persona no recibe a Jesús por medio de su trasfondo familiar o de su comunidad, sus lazos culturales o raciales. Tampoco lo hace sólo por estar de acuerdo con las enseñanzas de Jesús y Sus principios. Y no lo puede hacer por medio de alguna coacción externa. Por el contrario, recibe a Jesús por un nuevo nacimiento espiritual, una experiencia que se llama “nacer de Dios” o “nacer de nuevo”. Las Escrituras dice:

Más a todos los que le recibieron (a Jesús), a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios (Juan 1.12-13 NVI).

(Jesús dijo), “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3.3).

   Nacemos de nuevo cuando hacemos el compromiso personal de creer en Jesús y recibirlo como nuestro único Señor y Salvador de nuestras vidas. A diferencia de algunas religiones, la voluntad del individuo es esencial en este proceso; aunque el renacer espiritual sólo se puede llevar a cabo por Dios y no por el individuo.

   Además, aunque una persona se una a una religión y comparta creencias comunes con otras personas de dicha religión, no existe nada que conecte a esa persona con otros en el grupo. Lo mismo podemos decir de cualquier grupo donde sus miembros están de acuerdo con ciertas ideas y creencias.

   Por otro lado, cuando un individuo recibe a Jesús, y nace de nuevo, se une espiritualmente con Jesús y con otros que también lo han recibido. Ese individuo se relaciona de forma profunda y eterna con otros creyentes –no sólo de forma social, intelectual o emocional -. Por consiguiente, esa asociación espiritual no es externa ni opcional. Jesús le dijo a sus seguidores lo siguiente acerca de su relación con Él:

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar frutos por sí mismo, sino permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y Yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer (Juan 15. 4-5).

   En lo que concierne a las relaciones entre creyentes, las escrituras dicen: “Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”(Romanos 12.5). Hablando de sus seguidores, Jesús oró a Dios Padre: “Para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, para que sean perfectos en unidad”(Juan 17.22-23). Todos los que creen en Jesús están unidos o son “uno” con Dios y con otros. Jesús se refirió a aquellos que creen en Él como Su “iglesia”(Mateo 16.18). Este término no apunta a una religión, iglesia o denominación específica, sino a la unidad espiritual de los seguidores de Jesús.
Guillermo Maldonado. ¿Por qué creer en Jesús? Poder. Primera edición.2015. Editorial Ministerio internacional El Rey Jesús. Paginas 35 - 40