viernes, 14 de septiembre de 2018

COMO APROPIARSE DEL PODER DE DIOS. Parte I

   Uno de los grandes problemas de la iglesia de Cristo, es que el pueblo no sabe apropiarse del poder sobrenatural. A veces, tiene la teoría pero no la practica; ósea, no sabe poner en acción ese poder y operarlo en la necesidad de la gente. Hay medios o maneras de apropiarse del poder divino, los cuales necesitamos conocer para ser capaces de traer el poder sobrenatural de Dios a esta generación y establecer su reino a la tierra. Por lo general, dentro de la iglesia, la gente siempre está buscando un toque físico para creer que Dios obró. Pero la imposición de manos no es el único método que Dios tiene para desatar su poder. Para apropiarse del poder hay diferentes formas, veamos algunas de ellas.


1-. La relación, compañerismo y comunión íntima con Dios.

   Nuestra relación personal con el Señor es el lugar desde donde operamos, caminamos y vivimos en esta tierra; de esa relación depende todo lo que somos y hacemos. Todo en Dios comienza o es producto de esa relación; la cual es presente, personal y continúa. Allí es donde conocemos al Padre, donde recibimos el poder de Su Espíritu y donde aprendemos a vivir o practicar sus principios. Por eso el cristianismo no es una religión, es una relación viva con un Dios vivo.


   La palabra “Poder” es la traducción del vocablo griego dúnamis, que significa “capacidad o habilidad por virtud de una relación”. También significa “poder para operar milagros, el cual viene de una relación” Por eso Jesucristo les anunció a sus discípulos“pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigo en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1.8). Note que este anuncio no fue para las multitudes, ni para los religiosos del templo, sino para aquellos que tenían una relación con Él, que lo seguían, lo amaban y lo obedecían. Nuestra relación con Él está establecida en la obediencia, el temor de Dios, el temor, la comunicación, la oración diaria, cuya base fundamental es un pacto de compromiso.


   “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva muchos frutos; porque separados de mí nada podéis hacer (Juan 15.5) Cristo vino a enseñar una teología relacional, no organizacional; porque el Reino de Dios está estructurado en las relaciones personales entre un Padre y sus hijos. El Reino no se trata de una organización ni de una jerarquización impersonal de funciones mecánicas; allí la ley suprema es tener una relación personal con el Dios todopoderoso, con nuestro Padre Celestial.


   La relación, el compañerismo y la comunión con Dios:


   -. Producen la entrada o afluencia de poder.


   -. Generan poder.

   En nuestra relación continua con Dios habrá una entrada o flujo de poder hacia nuestro interior, que después va a generar el poder para hacer todo aquello que Dios nos mandó hacer. Yo vivo y experimento está verdad a diario, cada vez que estoy en oración, adoración y comunión íntima con él siento que mis depósitos espirituales se llenan del poder que entra por obra de mi relación con un Padre lleno de poder creativo. En otras palabras, Dios hace un depósito en mi espíritu, lo cual genera en mí un poder para predicar, enseñar, sanar los enfermos, echar fuera demonios, y más. “Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3.20) Yo fui llamado a traer su poder sobrenatural a esta generación, y puedo sentir cuando ese poder que Él deposita a diario en mí fluye hacia afuera y es transmitido a las personas en necesidad de sanidad, de liberación, de revelación, etcétera. Entonces, está es una manera de apropiarse de ese poder sobrenatural.


   El poder sin intimidad produce poco placer y, al final, termina en la carne. La gente busca el poder, desea el poder, pero no una relación con Dios. El poder que opera en usted es de acuerdo  a la relación con Dios. El poder sin una relación es sectarismo. No busque el poder ¡busque una relación con Dios! Y a través de esa relación, Él hará depósitos de poder en su espíritu para cumplir su voluntad en la tierra.


2-. El ayuno y la oración.

   Jesucristo tenía una vida donde esta práctica era regular; por eso sabía que expulsar cierto género de demonios demanda ayuno y oración. Por eso dijo: “pero este género no sale sino con oración y ayuno” (Mateo 17.21). Yo puedo hablar de mi propia experiencia porque esta práctica es mi estilo de vida; ofrezco a Dios periódicamente tiempos de ayuno, y la oración es algo diario. El poder que se genera a través de esto es palpable. Cada vez que termino un tiempo corto o largo de ayuno y oración y después voy a predicar, enseñar o ministrar, los milagros toman lugar más rápido y en mayor cantidad. Las sanidades ocurren instantáneamente, las personas demonizadas son libres, se desata un mayor peso de poder sobrenatural para milagros creativos y maravillas. Es claro que eso ocurre debido a que en ese tiempo de ayuno y oración Dios deposita un mayor nivel de poder en mí. Éste es el patrón de Cristo: Él se apartaba a orar por un tiempo y cuando regresaba, venía el poder de Dios. “más él se apartaba a lugares desiertos, y oraba… y el poder del Señor estaba con él para sanar” (Lucas 5.16-17)


   El ayuno y la oración nos liberan de la propia realidad mundana y egoísta, porque hacen que el mundo espiritual se haga vivo en usted. También puede hacer lo demoniaco real o más perceptible. La oración nos lleva más allá de las leyes naturales; esto causa que transcendamos nuestra realidad natural, nuestros problemas y circunstancias. Sea un problema matrimonial, un mal reporte médico, desempleo o desastre financiero, todas son situaciones que pierden poder cuando oramos y ayunamos. Y no es que neguemos nuestra realidad, sino que la comenzamos a ver desde la perspectiva de Dios, donde no hay nada imposible; donde la solución ya fue provista. Nos damos cuenta de que solo son hechos temporales. Cuando usted no ora, está preocupado porque sus problemas son su única realidad; pero cuando ora, crea depósitos de poder que lo llevarán a vencer en toda circunstancia y a desatar el poder de Dios que vence al mundo. En la oración, usted se apropia de la obra de Cristo en la cruz y de todo lo que fue ya hecho a su favor. Entonces, el ayuno y la oración no son una opción, sino un mandato; y deben ser la marca de un discípulo de Cristo.


   El ayuno y la oración afinan nuestra percepción espiritual (Mateo 16. 16 – 18); por ese medio, morimos a la carne y comenzamos a ver, oír y percibir claramente en el ámbito espiritual. Así, resulta más sencillo percibir el corazón de Dios porque hay menos carne que nos impida ver y percibir el mundo espiritual. El ayuno no le dice a la carne: “Cállate. Ya no te voy a oír. Tú no me vas a  mandar; no eres mi señor, sino mi servidor”.

   El hombre más puro que haya vivido sobre la faz de la tierra, Jesús, tuvo que ayunar y orar para ver , percibir y oír en Su espíritu lo que sucedía en el mundo del que había venido. Sin embargo, Su Iglesia hoy no ve la necesidad de orar y ayunar; ésa es la razón  por la cual carece de poder. ¿Cuándo fue la última vez que usted vio un ciego ver, un sordo oír y un paralítico caminar? ¿Cúando fue la última vez que vio una sanidad, un milagro, un demonio salir? Es tiempo de ayunar y orar como lo hacían Cristo y la Iglesia primitiva para que los depósitos de poder de Dios aumenten en su interior y fluyan hacia afuera cuando vaya a hablar, enseñar, ministrar o compartir la vida de Cristo con los demás.
Guillermo Maldonado. Poder y autoridad para destruir las obras del diablo. Primera edición.Octubre2015. Editorial Ministerio internacional El Rey Jesús. Paginas 74 - 78

martes, 21 de agosto de 2018

BASES PARA OPERAR LEGALMENTE. Parte III

LAS CONSECUENCIAS DE REVELARSE CONTRA LA AUTORIDAD.

   Moisés había sacado al pueblo de Israel de Egipto por el poder de Dios y Su autoridad delegada; pero una vez en el desierto, había quienes creían que sabían más que el libertador que Dios había levantado. Aprovechan cada oportunidad para desafiar la autoridad de Moisés. 

   Llegó un momento que la rebelión llegó a su punto máximo y, liderados por Coré, quisieron quitar a Moisés del liderazgo. Pero Dios respaldó su autoridad delegada sobre su siervo y “abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré, y a todos sus bienes” (Números 16.32).


   Tanto en este mundo natural como el ámbito espiritual, todo lo que hacemos tiene consecuencias, ya sea para bien o para mal. Por la ley de la siembra y la cosecha, entendemos que todo aquello que sembremos será lo que cosechemos. Así también, si nos rebelamos contra la autoridad y/o utilizamos el poder de Dios ilegalmente, tendremos consecuencias. “De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos” (Romanos 13.2). La palabra “condenación” es sinónima de maldición; es decir, resistir la autoridad de Dios y sus autoridades delegadas acarrean y abre la puerta para la maldición. Si recordamos, ser maldito significa estar “empoderado para fracasar”. Eso explica la condición de muchos creyentes hoy en día, que en lugar de prosperar en todo, los vemos siempre igual y también peor. En un estado de rebelión contra el pastor, el esposo y el jefe… se encuentran en maldición, sin acceso al favor de Dios. Si nos rebelamos contra la autoridad, ¡Dios no nos bendice!


   Resistir al apóstol, al pastor, al evangelista, al maestro o al profeta puesto por Dios es resistir a Dios; resistir al esposo en el hogar es resistir a Dios mismo; y lo mismo sucede cuando los hijos resisten a los padres. En el momento en que se resiste una autoridad puesta por Dios se activa una maldición. ¿Por qué la gente tiene problemas para someterse a la autoridad?

1-. A veces, se pierde de vista lo que esa persona carga de parte de Dios.

2-. La gente se familiariza con ella como ser humano porque conoce sus faltas.

3-. No entiende que la cabeza siempre es escogida y señalada por Dios.

4-. Ha sido herida por una persona en autoridad, por abuso de autoridad o malas experiencias. Cuando usted ve a una persona en eminencia como igual o menos que usted o se enfoca en sus debilidades, se le hace difícil someterse y recibir algo de su manto de autoridad, unción y poder dados por Dios.


OPERAR EL PODER EN REBELIÓN CONTRA LA AUTORIDAD, ES BRUJERÍA.


   “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7.22-23). La mayoría de esta gente puede profetizar, hacer milagros. Señor significa “dueño y amo” pero Jesús dice que no los conoció. “conocer” significa “tener intimidad”. Esta gente usaba el poder sin revelación; porque sin estar sujeto a autoridad y sin una genuina relación con la fuente de poder, toda operación sobrenatural es ilegal. Como consecuencia, seremos desechados por el mismo Jesús. Los milagros vienen de una relación con Dios y de estar sometidos al señorío de Cristo. Esté seguro de operar el poder de Dios en relación con Él y bajo su señorío.


   A menudo, vemos líderes o pastores de iglesia en miseria, que sus congregaciones no son bendecidas, hay desorden y pecado, nadie prospera y parecen vivir más en maldición que en bendición. Cuando indagamos en los motivos, encontramos líderes que no tienen relación con Dios, pecado, mentiras y rebelión contra la autoridad. Entonces, sabemos por qué el enemigo ha podido destruir lo que podría ser una iglesia próspera en Dios. Si éste es su caso, necesita arrepentirse de su rebelión contra la autoridad, renovar su relación con Dios y posponer el orden divino de toda área.


   No hace mucho, hice un viaje a Tierra Santa junto a un grupo de hijos espirituales y creyentes de distintas iglesias hijas de varios países. Al llegar a la tumba de Jesús, comencé a enseñar acerca del poder de la resurrección. Entonces, el poder de Dios se manifestó para sanar; así que declaré milagros y profeticé que la gente allí presente se comenzaría a mover en el poder de la resurrección al volver a sus países. Entre la gente, se hallaba Patricia Martínez, que había llegado desde México, en la que Dios hizo una obra tremenda y sobrenatural. Su testimonio es el siguiente: “Fui a un viaje a Israel con el apóstol Guillermo Maldonado. Cuando llegamos a la tumba de Jesús, el apóstol nos dijo que sentía que el Espíritu Santo quería hacer sanidades. Yo pasé al frente porque los médicos me habían detectado un tumor en la silla turca del cerebro; me habían dicho que solo podía ser removido con una cirugía, pero que está era de muy alto riesgo. Incluso, después de la cirugía, mis posibilidades de salir bien eran escasas. El apóstol oró y nos dijo que comprobáramos clínicamente la sanidad. Yo arrebaté con fe mi sanidad y, de regreso a mi país, me hice todos los estudios y clínicamente puedo comprobar que el tumor había desaparecido. ¡Ya no existe! ¡Desapareció totalmente! Nunca hice un tratamiento ni cirugía ¡Fue el poder de Dios que me sano! Pero ahí no terminó todo. El apóstol nos dijo: “ustedes serán de bendición para su nación y para los enfermos. Al regresar a México, comencé a moverme en esa autoridad delegada para operar lo sobrenatural de Dios. Yo soy enfermera en el área pediátrica, con bebés neonatos; son bebés prematuros que pesan 3-4 libras y que tienen poca posibilidad de vida. Desde que regrese de Israel he estado orando por los bebés que llegan a mi área, y todos se han sanados y desarrollados perfectamente. Cada una ha salido de los hospitales completamente sanos sin secuelas. Las personas no pueden creer que esos bebés hayan nacidos prematuros. Luego, me enteré de que mi directora estaba hospitalizada; fui a verla, le predique de Cristo y ella lo recibió de corazón, y oré por su salud. Ella sufría de apnea, que son paros respiratorios, que pueden causar serios daños cerebrales debido a la falta de oxígeno. Después de la oración, toda enfermedad se fue de su cuerpo y salió del hospital sana y salva, ¡Para la gloria de Cristo!”
Guillermo Maldonado. Poder y autoridad para destruir las obras del diablo. Primera edición.Octubre2015. Editorial Ministerio internacional El Rey Jesús. Paginas 70 - 73