miércoles, 11 de febrero de 2015

LA RAÍZ DE LA AMARGURA

   
  
La raíz de amargura es una de las mayores causas por la cual muchos creyentes están en miseria, enfermos, e incluso, apartados de la gracia del Señor. La amargura es más fuerte que la falta de perdón, ya que desarrolla raíces con ella, tales como: ira, enojo y maledicencia. Es una puerta abierta para que los espíritus inmundos atormenten a la persona.

«Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados». Hebreos 12.15 y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de Vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo». Efesios 4.30-32

¿Qué es la raíz de amargura?

   La amargura es una angustia del alma; es estar triste, desanimado y en desesperación; es sufrir una decepción y sentirse sin esperanza. Es cómo se siente el alma por circunstancias que nos sobrecogen y que no podemos cambiar; es tener una profunda tristeza reprimida.

   La amargura es un resentimiento que viene a ser el veneno del alma y va contaminando todo hasta que destruye la vida de Dios en nosotros. También, acaba los valores de la personalidad y al hombre en su totalidad.

   La amargura es la única contaminación que hace olvidar toda buena obra que Dios y las personas hayan hecho en nosotros. La raíz de amargura es el semillero fértil del enemigo, del cual él toma ventaja. Por eso, todo creyente debe vivir con un continuo espíritu de perdón. Si la amargura no se trata a tiempo, se va ir desarrollando en los siguientes niveles:
• Crece
• Se acumula
• Madura
   Como la amargura es un resentimiento que tiene raíces, éstas se van arraigando cada vez más en lo profundo del corazón del propio hombre. Crecen hasta ahogar el alma, ya que su crecimiento es interno.

   Después de que este ciclo pasa, se llega a convertir en un gran árbol. Los frutos de ese árbol serán: odio, resentimiento, ira y celos. La amargura fácilmente la vemos en los demás, pero se nos hace difícil identificarla en nosotros mismos.

¿Cuáles son las causas de la amargura?

1. Cuando se nos ha sido quitado algo o hemos perdido algo.
   Un buen ejemplo de esto fue Noemí cuando perdió a su esposo y a sus hijos. Siempre que algo grande o importante es quitado de nuestra vida, el enemigo enviará un espíritu de amargura. Noemí tenía raíces de amargura contra Dios porque pensaba que Dios le había quitado a su esposo y a sus hijos. Una de las razones por las cuales muchos creyentes tienen raíces de amargura es porque están inconformes con Dios. Es de hacer notar que, Dios es el autor de toda buena dádiva, El no es el autor de lo malo. La persona con raíz de amargura tiene la capacidad de vivir amargada toda la vida y siempre estar recordando y repitiendo lo que le hicieron y lo que le fue quitado.

«¿Habíais vosotras de esperarlos hasta que fuesen grandes? ¿Habíais de quedaros sin casar por amor a ellos? No, hijas mías; que mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehová ha salido contra mí». Rut 1.13

   Esaú perdió su progenitura, y cuando se dio cuenta de esto, le vino una gran amargura.  Génesis 27.34-40
2. Cuando tenemos circunstancias que no podemos cambiar.
   Cuando una persona se encuentra bajo una circunstancia que le sobrecoge y que no puede cambiar, le viene el desánimo, se angustia, se desespera y se siente sin esperanza. Ésos son los momentos en que se debe meditar en las promesas de Dios y en la esperanza que tenemos en Cristo. Cuando una persona está sometida por mucho tiempo a un problema difícil durante el cual no ve cambio alguno, está en peligro de abrir las puertas
a un espíritu de amargura si lo permite. La expresión típica de una persona amargada es:
"me doy por vencido porque no hay esperanza ni posibilidades de cambio".
3. Cuando alguien nos ha herido emocionalmente.
   Una de las razones por las cuales viene la amargura es por las heridas del pasado. Por tal razón, cuando viene una ofensa a nuestra vida, se debe perdonar inmediatamente y no permitir que el sol se ponga sobre el enojo. Las heridas deben ser sanadas lo más pronto posible. Recuerde el ciclo de las heridas emocionales: Ofensa • Falta de perdón • Resentimiento • Raíz de amargura • Odio • Cauterización de la conciencia

¿Cuáles son las indicaciones que muestran la raíz de amargura en una persona?

• La queja y la murmuración continua de las circunstancias de la vida y en contra de otras
personas.
«E hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua. Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara. Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿qué hemos de beber? Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo hechó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas; y allí los probó». Éxodo 15.22-25

* Todo el tiempo está airada y maldice de continuo. «Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería, y maledicencia, y toda malicia». Efesios 4.30, 31

   Siempre recuerda detalles, tales como: nombres, cosas, palabras y circunstancias que fueron hechas y dichas. La raíz de amargura se torna en un registro minucioso de todo.
El aislamiento. Toda persona con raíz de amargura se aísla porque tiene miedo a que la hieran más de lo que está.

¿Cuáles son las consecuencias de la raíz de amargura?

• Nos puede llevar a apartarnos de Cristo. La amargura tiene la capacidad de apartarnos de la fe, y esto es un riesgo que no se puede tomar.

«Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados». Hebreos 12.15

• Es la causante de muchas enfermedades físicas. Muchas de las enfermedades que las personas padecen en su cuerpo no son por razones realmente físicas, sino que están originadas en un alma enferma de amargura que exterioriza esto en un desbalance físico. Algunos ejemplos son: La artritis, las úlceras, el cáncer, el insomnio, la migraña y los dolores de espalda.

• La amargura nos encierra en una prisión.
«...porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que está». Hechos 8.23
Hoy día, muchos creyentes se sienten encerrados en prisiones financieras y en problemas de familia. Esto es por causa de la amargura que hay en el alma. La amargura hace olvidar todo lo bueno que hayamos recibido de Dios y de las personas. Es algo que nos cubre, nos ciega y no nos deja apreciar lo bueno de la gente. Esto es debido a que creemos que siempre estamos en lo correcto y que todo el mundo está equivocado.

¿Cómo nos deshacemos de la raíz de amargura?

• Sacando algo bueno de todo lo malo que nos haya sucedido.
«¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no admitió curación? ¿Serás para mí como cosa ilusoria, como aguas que no son estables? Por tanto, así dijo Jehová: Sí te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca, conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos». Jeremías 15.18,19

   Dios le dijo a Jeremías: Si miras lo bueno y lo precioso que yo voy a sacar de eso malo, tú saldrás de ese dolor; y aunque yo no te haya enviado este problema, yo puedo hacer algo precioso de esto para tu crecimiento, y convertir lo malo en una bendición.
Nunca será sanado de un dolor, de una circunstancia difícil, de una desesperación, de eso que le fue quitado, ni de esa herida que le hicieron, si no ve que, de eso negativo, Dios traerá una bendición. Dios tiene el poder y la autoridad para hacerlo.

* Tome la decisión de perdonar y de pedir perdón a Dios y a las personas que sabe que ha ofendido.

   Haga una lista de personas que le hayan herido o le hayan robado algo. Exprese su perdón en forma de confesión. Por favor, sea específico con cada palabra y circunstancia con la cual fue herido, y añada si le han quitado algo o hubo alguna situación que lo ha podido sobrecoger.

   Arrepiéntase por el pecado de juicio contra la persona que le hirió y contra Dios. Cuando hay falta de perdón y amargura en nuestra vida, juzgamos a las personas y eso se convierte en pecado, abriéndole así una puerta al enemigo.

   Repita esta oración: Padre, en el nombre de Jesús, yo renuncio a toda raíz de amargura en mi vida, y cancelo las consecuencias por haberla guardado en mi corazón. Repita: yo perdono a: por . Señor, te entrego todo mi dolor y la herida que fue abierta por esa causa.
Renuncio al derecho de vengarme, y por el contrario, bendigo a todos aquellos que me
hirieron. Señor, yo renuncio a toda raíz de amargura, ira, odio, rencor, maledicencia, celos y me declaro libre, en el nombre de Jesús. Amén.

   La amargura puede ser algo terrible para su vida. Aprenda a ser un perdonador y confíe en el Señor. Las circunstancias que no puede cambiar, Él las cambiara por usted. Si ha perdido algo, Él se lo devolverá de una manera u otra, pero no deje que una falta lo lleve hasta una raíz de amargura. Dios tiene planes muy lindos para usted. No se detenga, y continúe marchando siempre hacia adelante. Jesucristo está para ayudarlo. ¡Amén!
Bibliografia.
Guillermo Maldonado. Sanidad Interior y Liberación. Sexta edición 2006.

LA LIBERACIÓN ES EL PAN DE LOS HIJOS II

La liberación.

   El ministerio de la liberación ha sido mal entendido ¡por muchos creyentes, debido a que se han tocado muchos extremos en lo que respecta a este ministerio. Hay personas que ven demonios por todos lados, mientras que otros creyentes acreditan todo lo que sucede en sus vidas sólo a las manifestaciones de la carne.

¿Cuál es la diferencia entre una obra de la carne y una opresión del enemigo?

¿Qué es la carne? Es la vieja naturaleza adámica, el viejo hombre, la naturaleza carnal, ella describe la naturaleza que hemos heredado de Adán.

   Aunque el problema del pecado original es universal, muchas de las personas de esta raza caída han llegado a estar bajo el poder de los demonios. Si el ser humano no hubiese pecado, nunca hubiera sido vulnerable a la invasión de los demonios en su vida.

  Los científicos dicen esto: "Cuando un cuerpo saludable es atacado por células cancerosas, su sistema inmunológico las identifica y las ataca; como resultado, estas células cancerosas no pueden dañar el organismo". Eso mismo es lo que pasa con los demonios. Ellos siempre tratan de atacar a las personas, pero cuando la persona está saludable interiormente, el sistema inmunológico espiritual los identifica y los ataca; no pueden tomar control. Cuando la persona no está saludable emocional ni espiritualmente, es vulnerable al ataque de los demonios.

¿Carne o demonio?

   El remedio para vencer la carne es la crucifixión. Nuestro viejo hombre ha sido crucificado. El apóstol Pablo dijo que había sido crucificado con Jesús. A través de toda la Biblia, se nos enseña qué hacer con nuestra vieja naturaleza, con el hombre viejo, y esto es: negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguir a Cristo cada día.

«Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con El, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado». Romanos 6.6 "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo Vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a si mismo por mí». Gálatas 2.20

Remedio contra los demonios

   Hay algunos creyentes que han ayunado, orado, atado, reprendido, clamado y no han obtenido ningún resultado. Han crucificado la carne, pero todavía ¡dentro de ellos tienen deseos compulsivos que los llevan a hacer lo malo. Es algo que está fuera de su control, en su mente, en su cuerpo, en sus emociones y en sus áreas sexuales. El remedio contra los demonios es expulsarlos y echarlos fuera. Pero como a muchos se les ha enseñado, que ningún creyente puede estar influenciado por el diablo y que cuando recibe a Cristo en ese mismo momento es libre de todo, siguen por mucho tiempo arrastrando cosas del pasado que los controla y los oprime.

  Hay creyentes tratando de crucificar los deseos provocados por los demonios, cuando más bien, deberían expulsarlos. Otros están tratando de echar demonios fuera cuando, en realidad, es un problema de la carne.

  El remedio para vencer la carne o el viejo hombre es la crucifixión y el remedio para vencer los demonios es expulsarlos y echarlos fuera.
 ¿Puede un creyente estar poseído? Por supuesto que un creyente "no" puede estar poseído por demonios, ya que el Espíritu Santo vive dentro de la persona y el maligno no la puede tocar (el Espíritu Santo no puede cohabitar con un demonio). Pero sí, la palabra del Señor habla que un creyente puede darle lugar al enemigo con sus acciones.
«Ni deis lugar al diablo». Efesios 4.27

  Cuando un creyente camina en obediencia al Señor y no le da lugar al enemigo, éste no puede hacer nada en su contra. Ahora, si la persona cede un poco de su terreno para que él opere, le está dando un derecho legal. Él no tiene poseída nuestra vida, pero tiene un pequeño rincón de ella. Desde ese terreno, controla y envía deseos lujuriosos, pasiones desordenadas, envidias, que oprimen al creyente trayéndole depresión.

Pactos directos e indirectos

   En muchas ocasiones, se han hecho pactos con el enemigo, tales como: votos secretos de la masonería, Rosa Cruz, promesas y votos a imágenes, practicando así la idolatría, la magia, la santería, "vodoo", meditación trascendental y yoga. Debido a que nunca hemos renunciado a esos pactos y prácticas que son del enemigo, el demonio sigue con el derecho legal en nuestras vidas.

   Ningún creyente puede estar poseído, pero sí puede ser oprimido o influenciado por espíritus inmundos y esto ocurre cuando les hemos abierto las puertas y les hemos dado derecho legal para influenciar nuestro diario vivir.

   Cuando hablamos de posesión, nos referimos a adueñase de alguien en espíritu, alma y cuerpo; es estar completamente controlado por demonios. Esto aplica a los inconversos; sin embargo, la opresión implica influencia para los creyentes. Vemos, por ejemplo, cómo fue influenciado Pedro en un instante. Su pensamiento fue cargado de compasión en la carne para que Cristo no sufriera la muerte de cruz. Detrás de ese espíritu de compasión, estaba Satanás tratando de disuadir a Jesús para que desistiera de ir a la cruz. A Pedro, aún no se le habían abierto los ojos espirituales para entender la obra gloriosa del Cordero de Dios; por tal motivo, razonó y reaccionó según sus instintos naturales. De ahí en adelante, Satanás le ciega el entendimiento a tal punto que llega a negar tres veces consecutivas a Cristo. Sólo es libre de esa influencia cuando Cristo lo mira con compasión y el Espíritu Santo le da convicción de pecado y arrepentimiento. Y dice la Palabra que lloró amargamente.

   El enemigo puede influenciar y oprimir la mente de un creyente. Por eso, la Palabra nos exhorta a orar en el espíritu para no caer en tentación. ¡Cerrémosle las puertas de nuestra mente y de nuestro corazón al enemigo!

Algunas señales de una opresión demoníaca en una persona:

1. La persona se siente seducida. Los demonios persuaden a las personas para hacer lo malo. Todos hemos experimentado esto. Cuando la gente dice: "ni me di cuenta a qué hora lo hice, ni vi el peligro", esto nos muestra que fue seducido por una influencia. Si usted se encontrara una cartera con dinero, inmediatamente, va a escuchar una voz que le va a decir: "llévatela, nadie va a saber; otros harían lo mismo". Le seduce hacer el mal de una manera astuta.

2. La persona ha ayunado y ha orado sin obtener resultados. A menudo, vemos creyentes que le dicen: "he orado, he ayunado, he reprendido, he ido a consejería, he ido al sicólogo, he atado y desatado, he clamado, pero hay algo que es más fuerte que yo, que me lleva a pecar. Eso es una opresión diabólica, y esa persona necesita ser libre en el nombre de Jesús.

3. La persona se siente hostigada y acosada. Los demonios estudian sus movimientos y observan sus debilidades. Cuando piensa que tiene todo bajo control, en un momento de desánimo y de debilidad, viene el demonio y le prepara la trampa, le hostiga y le hace caer.
 La persona se siente torturada. «Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos... así, también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón». Mateo 18.34

4. Formas de tortura demoníaca en una persona:
 Física. Puede venir con aflicciones físicas, tales como: artritis, úlceras, parálisis, asma. No significa que todas estas enfermedades son demoníacas, pero algunas veces son el producto de la obra de demonios, que han encontrado su puerta abierta en la falta de perdón.
Espiritual. Puede ser una acusación de culpabilidad porque cometió un pecado muy fuerte, como un asesinato o un aborto. Si a una persona le ocurre esto, no es otra cosa que un espíritu de culpabilidad continuo en su mente.

5. La persona desarrolla un deseo compulsivo.
   Ninguna palabra es más clara para describir la actividad demoníaca en una persona que la palabra "compulsivo". Por lo general, detrás de un deseo compulsivo se encuentra un demonio obrando. Usualmente, las personas dicen: "tengo un deseo compulsivo de fumar, de tomar alcohol, drogas, de tener sexo todo el tiempo, de comer, de robar". Hay muchas personas que dicen: "yo trato de dejar esto, pero hay algo que me empuja a hacerlo y no puedo parar". Éstas son señales de que está operando una influencia demoníaca.

6. La persona se siente esclavizada. Vamos a tomar un ejemplo acerca de sexo: Supongamos que usted comete un pecado sexual y se arrepiente de verdad, con todo su corazón. Usted sabe que Dios le perdonó y le justificó, pero después de todo usted todavía siente deseos intensos de volver a hacerlo. ¿Por qué? Porque hay una influencia demoníaca. Así mismo, en otras áreas, los demonios causan adicciones de todo tipo. Esa persona tiene que confesar lo que le sucede, a un siervo de Dios y estar continuamente bajo supervisión espiritual para gozar de una vida plena y victoriosa en Cristo.

7. La persona siente ataques físicos. Los demonios causan ciertos ataques físicos como, por ejemplo, cansancio. Hay un demonio que causa que la gente siempre esté cansada, tanto al levantarse, como al acostarse; siempre está cansada. No pueden leer la Biblia ni orar porque están cansadas. Otro ataque físico de los demonios son los problemas no naturales para dormir. Hay personas que van a orar y a leer la Biblia, pero se duermen, sin embargo, miran la televisión y no les sucede lo mismo. Hay personas que duermen hasta 12 y 16 horas y usan el sueño como un escape a sus problemas. Esto es causado por un espíritu de depresión; no se quieren encontrar con la realidad.

Áreas que son afectadas por los demonios

  Vimos en capítulos anteriores, que el hombre está compuesto de espíritu, alma y cuerpo.    El espíritu nació de nuevo y el Espíritu Santo vive dentro del creyente, pero el alma necesita ser liberada. Es en el alma donde están la mayor parte de los problemas de los creyentes y es allí donde Dios necesita liberarnos de las influencias del enemigo.
Las áreas afectadas son:
• Las emociones. Los espíritus vienen y hacen daño en el área de las emociones, tales como: rechazo, ira, odio, contienda, los cuales moran en el corazón del hombre.

• El cuerpo. Hay espíritus inmundos que habitan en ciertas partes del cuerpo; por ejemplo, los espíritus sexuales se alojan en el abdomen, en los ojos y en la espalda.
«...y había allí una mujer que desde hacía dieciocho  años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada y en ninguna manera se podía enderezar. 12 Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: -Mujer, eres libre de tu enfermedad. 13Puso las manos sobre ella, y ella se enderezó al momento y glorificaba a Dios».Lucas 13.11-13

• La lengua. Los malos pensamientos salen del corazón, y de la abundancia del corazón, habla la boca.
«Generación de vívoras! ¿ Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del
corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado». Mateo 12.34-37
   Hay personas que viven hablando negativamente; con su lengua critican, murmuran y todo el tiempo se están quejando. Dios nos exhorta a que usemos un lenguaje de alabanza y que con nuestra boca siempre confesemos su Palabra.

• El apetito. Hay ciertos espíritus que afectan el área del apetito. Éstas son las personas que comen demasiado o que pierden el apetito con mucha facilidad. Un ejemplo de esto es la anorexia que está de moda en muchos niveles de nuestra sociedad y muchas personas han muerto por esta causa.

• El sexo. Los espíritus de lascivia, adulterio, homosexualismo y fornicación buscan tener control sobre la vida de muchas personas. Tenemos que recordar que ellos no vienen solos; siempre trabajan en cadena y detrás de uno vienen otros.
Bibliografia.
Guillermo Maldonado. Sanidad Interior y Liberación. Sexta edición 2006.

martes, 10 de febrero de 2015

LA LIBERACIÓN ES EL PAN DE LOS HIJOS

   Una mujer cananea vino desesperada a pedir liberación para su hija que estaba siendo atormentada por un demonio. Como era filistea, es decir gentil, no estaba incluida en el pacto de Dios dado a los hijos de Israel.

   Ella le salió al encuentro a Jesús como si fuese israelita y usó palabras y términos de pacto que a ella no le pertenecían, hablándole de esta manera: "Señor, hijo de David, ten misericordia de mí". Pero Jesús no le respondió palabra alguna. Los discípulos le pedían con insistencia que la despidiera, mas Jesús con mucha calma dijo dos cosas importantes: "No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel". Él se estaba refiriendo al pueblo de Israel, que era el único que tenía pacto con Dios. Sólo los israelitas poseían los derechos legales junto con las bendiciones del pacto, tales como: salud, liberación, salvación, protección y provisión.

   Lo segundo que Jesús dijo fue: "No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos". ¿A qué se estaba refiriendo Jesús? A que los únicos que tenían derecho a las bendiciones del pacto eran los hijos. ¿Qué es lo que buscaba esta mujer para su hija? Liberación. Esta mujer no gozaba de las bendiciones porque no era israelita. Los gentiles eran considerados "perros" en aquel tiempo. En otras palabras, Jesús sabía que los hijos de Abraham se sentaban a la mesa a comer de las bendiciones de Dios, mientras que a los gentiles no les era permitido acercarse.

«Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea que había salido de aquella región comenzó a gritar y a decirle: - ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces, acercándose sus discípulos, le rogaron diciendo: — Despídela, pues viene gritando detrás de nosotros. Él, respondiendo, dijo: — No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: — ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: - No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perros. Ella dijo: — Sí, Señor, pero aun los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces, respondiendo Jesús, dijo: — ¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora». Mateo 15.21-28

  La mujer reconoce el privilegio y la prioridad de Israel, pero aún así, apela a la misericordia incondicional de Jesús para sanar a su hija poseída. Jesús le dijo: "no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos". Esto quiere decir que la liberación primero es para los hijos y después para los de afuera (no creyentes).

   En el plan de Dios, el evangelio debía ser presentado, primeramente, al pueblo del antiguo pacto, debido al llamado que éste había recibido. Agrupar a Israel debía preceder a preparar la reunión de los gentiles. La mujer arrebata las bendiciones de la futura Iglesia por fe. Y desde ese mismo instante, su hija queda totalmente sana.

   Un tiempo después, Jesucristo pagó en la cruz del Calvario todo lo que no estaba incluido en ese pacto. Pagó para darnos todo lo que el hombre necesita. Él | usó esta expresión: "consumado es", que significa: "acabada está la obra". Ahora, todo aquel que en Él crea, puede gozar de salvación, liberación, perdón de pecados, provisión divina, protección y vida eterna.
 
 La liberación nos pertenece a nosotros los hijos de Dios que hemos nacido de nuevo. Él pagó por todos nuestros pecados, rebeliones, maldiciones generacionales, rechazo y más. De todo esto, surge una pregunta: ¿por qué los creyentes necesitan liberación si Jesucristo nos redimió de todo?

   Recuerde, el Espíritu de Dios vino a morar en nosotros, pero todavía en nuestra alma y en nuestro cuerpo hay influencias del pasado. Para que el Espíritu Santo more a plenitud en nosotros, tenemos que limpiar la casa. Esas influencias del pasado pueden ser los pactos directos e indirectos hechos con el enemigo; necesitamos romper con las maldiciones generacionales que se arrastran en nuestra línea sanguínea para ser totalmente libres. Algunas veces, la liberación en las personas es instantánea, pero en otras, es progresiva; por lo tanto persevere, ya que esa liberación es suya por herencia.

   Muchos creyentes saben en teoría que son libres, pero todavía no se han apropiado de este conocimiento para gozar de una libertad total. Después de Su muerte y resurrección, Jesús nos hizo renacer en una esperanza de vida nueva. Ahora, todo aquel que quiera, puede comer gratuitamente de la mesa y gozar de todas las bendiciones, porque nos ha hecho hijos e hijas de Dios por la fe en Él.

La liberación es un misterio.

   Hay muchos misterios en la Biblia, pero hay uno que las personas tienen mayor dificultad para entender: el misterio de la liberación. ¿Por qué muchos pastores y ministros no entienden el misterio ni el ministerio de la liberación? Si todos leemos la misma Biblia, ¿por qué hay ministros que aún critican y se oponen a este ministerio? La razón es muy simple.    El ministerio de echar fuera demonios y de liberar es un misterio que sólo se puede entender por medio de la revelación del Espíritu Santo.

«El hipócrita con la boca daña a su prójimo; mas los justos son librados con la sabiduría». Proverbios 11.9

   Si queremos ver principados y potestades derribados en los aires, tenemos que echar fuera demonios aquí en la tierra. Hay gente que quiere entrar en guerra espiritual en la ciudad y en los aires sin primero echar fuera los demonios de las personas. Cuando esto se haga, los principados en los aires serán afectados. Dios está levantando un ejército que echa fuera demonios en todo el mundo.

   En Mateo, cuando Jesús envió a los doce, lo primero que les dio fue autoridad para echar fuera demonios.

«Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aún los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo, he aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. En aquella misma hora, Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar». Lucas 10.17-22

«Entonces llamando a sus doce discípulos les dio autoridad sobre los espíritus inmundos». Mateo 10.1

   La liberación fue una de las partes importantes dentro piel ministerio de Jesucristo. Si usted lo analiza detalladamente, encontrará que el ministerio de la liberación que Cristo estableció en el Nuevo Testamento o nuevo pacto, lo diferencia a Él, de todos los siervos del Antiguo Testamento, o antiguo pacto.

   En el Antiguo Testamento, vemos cómo Dios levantó grandes profetas, tales como: Elias, que hizo descender lluvia y fuego del cielo; o Moisés, que abrió el Mar Rojo. Pero nunca se había visto un hombre de Dios echando fuera demonios. El más cercano y parecido a la liberación fue el caso de David que cuando alababa a Dios y tocaba su arpa, el espíritu inmundo que atormentaba a Saúl lo dejaba temporalmente.

El ministerio de la liberación. 

   Es el Hijo de Dios quien introduce la liberación y comienza su ministerio echando fuera demonios y liberando los cautivos. Ya el profeta Isaías había profetizado acerca del ministerio del Mesías que sería ungido para libertar a los cautivos y abrir las cárceles a los presos.

«El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel». Isaías 61.1

   Esto era algo nuevo que las personas nunca habían visto, y por eso se decían: "¿Qué cosa nueva es ésta?" "¿Con qué autoridad y poder echa fuera demonios?" "¿Por qué llegaron estas señales con Jesús?" Porque Él comenzó a predicar el reino de Dios. Éste era un mensaje para el nuevo pacto que nunca antes se había predicado.

   Cuando el reino de Dios llega a un lugar específico, trae una confrontación directa con el reino de las tinieblas. Ahí se confrontan los poderes satánicos con el poder de Dios y sobre esa región comienza la liberación de las opresiones de Satanás.

«Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios». Mateo 12.28

Jesús dice en este texto que echar fuera demonios es una señal de que el reino de Dios ha llegado, y que también, es la señal más visible de que el reino de Dios ha venido a la vida de una persona.

   Dios tiene un reino y Él quiere traer más que salvación a los que en Él creen; desea traer su reino a nosotros. Grandes influencias demoníacas que han estado gobernando en ciertas áreas por generaciones tienen que ceder cuando llega el reino de Dios. Tanto en familias como en individuos, encontramos maldiciones generacionales que tienen que romperse. Maldiciones de pobreza, de brujería, de divorcio; y de todas ellas, Cristo vino a liberarnos.
Cuando usted recibe a Jesús en su corazón como Salvador, el reino de Dios comienza a confrontar los espíritus del reino de las tinieblas que hay en su vida y usted comienza a recibir la revelación del evangelio. Esto es un misterio para muchos y locura para los que se pierden.

«En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños». Lucas 10.21

   Los discípulos regresaron contentos de predicar la palabra porque las señales les habían seguido y, además, se gozaban porque los demonios se sujetaban en el nombre de Jesús. En todo esto, Jesús se regocijó en el espíritu y oró en gratitud a su Padre: "Te alabo porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos y las has revelado a los niños".
¿Quiénes son los niños? La palabra niño significa uno que no es calificado ni especializado; es inexperto, "uno que es humilde para recibir instrucción". Éstos son los únicos que entienden: los que son humildes y mansos para recibir la instrucción, que no se creen expertos ni calificados para el Reino. A estos que son sencillos, Dios les revela Sus misterios, Sus maravillas y la obra de Sus manos.

¿Por qué Dios esconde estas cosas de las personas?.

    La primera razón es porque ellas no quieren recibir la revelación. Dios no les deja ver ni les revela cosa alguna porque ellas no quieren recibirlo. Dios revela sus misterios y su Palabra a aquellos que tienen hambre y sed de ella. El Señor no tira las perlas a los cerdos. Por eso, cuando Jesús enseñaba a sus discípulos, lo hacía con parábolas. La razón por la cual enseñaba de esta manera era para que los fariseos y religiosos de aquel tiempo no entendieran, ya que en sus corazones había dureza para recibir la verdadera revelación de Jesús.

«Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos». Mateo 13.13-15

   Muchas veces, Dios esconde cosas de las personas por causa del espíritu de orgullo y de soberbia que hay en ellos. Una de las maneras como Dios juzga el espíritu de orgullo es a través de la ceguera espiritual. Hay personas que creen que saben mucho, tienen muchos diplomas, experiencia y consideran que ellos lo saben todo, y I como resultado, Dios los ciega con "ceguera espiritual". No entienden la liberación porque es un misterio. Dios le dijo a Isaías: «Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis». Isaías 6.9, 10

¿Por qué Dios enviaría profetas a su pueblo Israel si ellos no los iban a entender ni a oír? Porque el juicio de Dios estaba en contra la dureza de sus corazones y de su testarudez. Muchas personas no verán los ministerios de Dios si no se humillan como niños ante Su presencia.

La liberación es un ministerio de Jesús.

   La señal de Jesús para indicar que el Reino de Dios había llegado fue el ministerio de la liberación, echando fuera demonios. En Mateo 12.30, Jesús dice algo importante:
«El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama». Mateo 12.30

  Muchas veces, hemos usado este verso para evangelizar diciéndole a las personas: "¿estás con Jesús o en contra de Jesús? Pero, en el contexto de este versículo, Jesús se está refiriendo al ministerio de echar fuera demonios.

  Hay cristianos que creen en los ministerios de la predicación, la enseñanza, la sanidad y los milagros; pero cuando se toca el punto del ministerio de la liberación, se incomodan. Lo que Jesús está diciendo en el texto anterior es: si estás conmigo, no solamente tienes que estar en la predicación, en la sanidad, en la enseñanza, sino también en la liberación, que es uno de los ministerios que traje a los hombres, para la gloria de mi Padre.

   El ministerio de liberación expone todo aquello que está oculto dentro del corazón del hombre. Es un ministerio que opera bajo el discernimiento del espíritu, más que en cualquier otro ministerio. Si a usted no le gusta este ministerio es porque hay un problema en su corazón. Eso no significa que usted no sea salvo y que no vaya al cielo; usted sí va al cielo. El tema es que muchos ministros, aunque saben que el pueblo necesita liberación, no quieren tocar este tópico. De la manera como usted responda a la palabra de Dios, se revela lo que hay en su corazón.

   Jesús siempre tuvo el ministerio de liberación, porque Él fue ungido por su Padre para libertar a los cautivos. Él espera que usted y yo creamos en todo lo que el regalo de la salvación conlleva: la sanidad interior y física, los milagros, la prosperidad y muchos regalos más. Es un paquete completo.

   Muchas personas no quieren predicar ni hablar de liberación porque es la parte más controversial del ministerio de Jesús. Pero Jesús dijo: si no estás conmigo en este ministerio, estás contra mí. Si estás conmigo hasta el final, ésta será la prueba: que creas y prediques bajo el poder del ministerio de la liberación.

   Si usted puede echar fuera demonios, no tendrá problemas en hacer cualquier otra cosa para Dios.
Bibliografia.
Guillermo Maldonado. Sanidad Interior y Liberación. Sexta edición 2006.

lunes, 2 de febrero de 2015

LA FALTA DE PERDÒN

 

Actualmente, uno de los mayores problemas del cuerpo de Cristo, es la falta de perdón lo cual,  trae como consecuencia, que los creyentes heridos, a su vez, hieran a otros. La falta de perdón es una puerta abierta al enemigo para destruir nuestra vida espiritual, emocional y física.
¿Qué es perdonar?
   Perdonar es liberar o dejar ir a una persona que nos ha ofendido. Es soltar a la persona que nos causó daño, es cancelar una deuda pendiente que alguien tiene con uno; es tomar la decisión de perdonar como un acto de voluntad y no basado en emociones. <Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas». Mateo 18.35
¿Qué no es perdonar?
   Esforzarse por olvidar lo que pasó, negar la ofensa recibida, pretender que el tiempo borre lo ocurrido, Ignorar lo que pasó y tratar de olvidar, o simplemente disculpando al ofensor. No perdonar es decir:"te perdono", pero sin haber perdonado de todo corazón. El perdonar no es una alternativa, sino un mandato del Señor.
«Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial». Mateo 6.14
La falta de perdón es una carnada del enemigo.
«Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar, ¡Ay del mundo por los tropiezos!. Porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!» Mateo 18.6, 7
   Jesucristo habló de que era necesario que las ofensas vinieran. La palabra ofensa es una palabra muy especial y proviene del griego "skándalon" que significa trampa o carnada. Esta palabra fue utilizada en la antigüedad para describir lo que era un vástago curvado, una vara flexible con una carnada que se usaba para cazar animales.
   En otras palabras, cada vez que alguien le ofende o le hiere, le está tendiendo una trampa o una carnada del enemigo para que se amargue y pierda su bendición. Nosotros los creyentes debemos aprender a cubrir las ofensas, y esto se logra, por medio del amor. El amor cubre multitud de pecados. Recuerde que, cuando se siente ofendido, no necesariamente el problema es la otra persona, sino usted mismo. ¿Cuál es la raíz de la
ofensa? ...la inseguridad y la inmadurez. Esto causa que los individuos se ofendan fácilmente y todo lo tomen de forma personal.
Las consecuencias de no perdonar
* Es desobediencia a Dios.
   El perdón es un acto de nuestra voluntad. Decidimos perdonar porque es un mandato de Dios. Si no perdonamos, no seremos perdonados.
«Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados. 14Él anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, y la quitó de en medio clavándola en la cruz». Colosenses 2.13, 14
* El enemigo toma ventaja en nuestra vida.
   La falta de perdón es una puerta abierta al enemigo, que destruye nuestro hogar, nuestras finanzas, nuestra salud y otros.
«...porque ¿quién de entre los hombres conoce las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios». 1 Corintios 2.11
«...ni deis lugar al diablo». Efesios 4.27
«Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores». Mateo 6.12
   Muchas personas no saben perdonar porque ellos mismos no han perdonado su pasado. Por eso, es necesario entender que Dios perdona al que se arrepiente.
• Nuestras oraciones son estorbadas.
   La falta de perdón corta la comunión con Dios y su presencia no fluye en nosotros.
«Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas». Marcos 11.25
Jesús nos exhorta a dejar lo que hacemos para arreglar primero nuestras cuentas pendientes con la persona que nos ofendió.
• Dios no recibe nuestras ofrendas.
   Toda ofrenda a Dios es un sacrificio vivo, y Dios no puede recibir un sacrificio que viene de un corazón con falta de perdón. Esto viene a ser abominable delante de sus ojos. Algunos creyentes se preguntan por qué no prosperan si siempre diezman y ofrendan. Analice su vida y verifique si hay falta de perdón en contra de alguien.
«Por tanto, si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti...» Mateo 5.23
* Dios nos entregará a los verdugos (demonios).
   La falta de perdón es uno de los mayores atrayentes para los demonios. Cada vez que los demonios le recuerden lo que la persona ofensora le hizo, lo harán para torturar su mente. En el idioma griego, la palabra verdugos significa "atormentadores", que no son otra cosa que los demonios. Si Dios le entrega a ellos, Él es el único que puede librarle. No se deje torturar más, ahora que usted conoce el plan del enemigo, sencillamente, no lo acepte, use su autoridad en Cristo Jesús.
«Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas». Mateo 18.35
La fe es anulada.
   Es imposible creer a Dios cuando estamos heridos. De una sola fuente no puede fluir fe y resentimiento al mismo tiempo. Por mucho que se esfuerce, crea la Palabra o la confiese, su corazón no puede actuar en fe. La falta de perdón bloquea su corazón y no le deja creer.
El amor será anulado.
   La falta de perdón corta el fluir del amor de Dios en nosotros; no se puede amar y odiar al mismo tiempo. Por eso, en una relación, si no se sanan las heridas, no fluirá el amor de Dios en su plenitud. Algunas veces, usted escucha decir a ciertos cónyuges: "ya no le amo más", y no es que no le ama, sino que le ha herido tanto que esa falta de perdón cubre el amor que le pueda tener. La persona que no perdona siempre será un perdedor, y las mayores heridas no se las causará a otras personas sino a sí mismo.
Dios no nos perdona
   Si no perdonamos a aquellos que nos ofenden, tampoco Dios nos perdonará. El Señor nos lleva contra la pared a tal grado que si no perdonamos, Él tampoco nos perdona. Dios nos puede pasar algunas faltas, especialmente cuando somos inmaduros, pero Él nunca nos deja pasar la falta de perdón.
«En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños». Mateo 11.25
Niveles de consecuencias si no perdonamos
   La falta de perdón nos lleva al resentimiento. Éste, a su vez, nos lleva a las raíces de amargura y al odio, produciendo una cauterización de la conciencia.
¿Cómo perdonar y olvidar?
   Dios perdona y olvida. Dios tiene la capacidad de poder borrar de su memoria las cosas del pasado, pero nosotros los humanos no tenemos esa capacidad; por esa razón, Dios tiene que lidiar con nuestro corazón. Sí, podemos recordar lo que nos han hecho, pero si hemos perdonado de verdad, ya no nos causará dolor. Olvidar para nosotros significa no dar importancia a lo sucedido.
Pasos para perdonar
1. Tome una decisión de perdonar con todo su corazón.
   Recuerde que si usted espera sentir algo para perdonar, nunca lo va sentir. El perdón no se basa en sentimientos, sino en un compromiso de obedecer a Dios y a su Palabra.
«Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas». Mateo 18.35
2. Haga una lista de personas y cosas que lo han herido durante toda su vida.
3. Arrepiéntase por guardar esta falta de perdón en su corazón y por el pecado de juicio.
La palabra de Dios nos ordena desechar todo resentimiento, amargura, odio y reconocer la falta de perdón hacia otros.
4. Exprese su perdón en forma verbal.
«Confesaos vuestras ofensas unos a otros y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho». Santiago 5.16
5. Renuncie a todo espíritu de resentimiento, amargura, odio y falta de perdón.
Confiese su perdón a cada una de las personas, especificando las razones por las cuales tiene que perdonarlos.
Usted puede y debe perdonar. Hágalo repitiendo en voz alta y con todo su corazón:
"Señor: Yo perdono a (nombre de la persona). Le perdono por: (nombre aquí detalladamente todas las heridas y el dolor que le causaron y cómo le hicieron sentirse)".
Después de haber perdonado a cada persona, por cada recuerdo doloroso, por cada herida recibida, entonces termine con esto:
"Señor: Yo te entrego a todas estas personas y mi derecho a buscar venganza contra ellos. Opto por no aferrarme a mi amargura ni a mi enojo. Te pido, Espíritu Santo, que sanes mis emociones dañadas. Te lo pido en el nombre de Jesús. ¡Amén!"

Algunas preguntas acerca del perdón:

1. ¿Cómo saber si hemos perdonado?
   Cuando al recordar lo que nos hicieron, ya no nos duele más. Recordamos, pero ya no hay dolor en nosotros.
2. ¿Qué hay que hacer con aquellos que no aceptan nuestro perdón?
   Una vez que le hayamos pedido perdón, de ahí en adelante, si la persona no quiere perdonar, ya es problema entre ella y Dios. Lo único que se puede hacer es orar.
3. ¿Qué hacer con aquellos que nos ofenden constantemente?
   Perdonarlos todas las veces que sea necesario. Jesús dijo: "70 veces siete". Luego, debemos tratar
Bibliografia.
Guillermo Maldonado. Sanidad Interior y Liberación. Sexta edición 2006.

domingo, 1 de febrero de 2015

SANIDAD INTERIOR

   
   Algunos creyentes no se han apropiado de la obra completa redentora de Jesucristo en la cruz del Calvario. Esto incluye: salvación, liberación, sanidad interior y sanidad física.
«El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos...». Lucas 4.18
 Lamentablemente, cuando se habla de sanidad interior, se cree que tiene que ver con sicología y eso no es cierto.
¿Qué es sanidad interior?
   Es el proceso mediante el cual una persona es liberada y sanada de heridas y de traumas del pasado producidas por otras personas o hechos. Estas heridas : un las que le impiden disfrutar la vida abundante en Cristo. Esto implica una transformación y una renovación de nuestra alma, voluntad, emociones y mente por medio de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo.
¿Qué no es sanidad interior?
   La Sanidad Interior no es recordar y abrir todo nuestro pasado o nuestros pecados. No tiene que ver con la sicología del mundo. Es confesar y ser sanado de heridas pasadas.
Jesús pagó por completo
   La obra de Jesús en la cruz del Calvario ofrece mucho más que el perdón de pecados; también, ofrece el pago por completo del ser integral: espíritu, alma y cuerpo. Si hay creyentes que todavía no andan en completa libertad, es porque no se han apropiado de la obra completa de nuestro Señor. Veamos qué nos dice 2 Corintios 5.17.
«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas». Las personas creen que una vez que reciben a Cristo, ya se terminaron todos los problemas y que todo es hecho nuevo. La pregunta es: ¿en qué parte de su ser total fue hecho todo nuevo? Fue en el espíritu; el alma y el cuerpo siguen siendo los mismos.
   Después que recibió a Jesús, ¿ha tenido los mismos malos pensamientos que antes? ¿Se ha airado? ¿Ha pecado contra Dios? Claro que sí. Pero el Espíritu Santo comienza a sanarle de heridas del pasado, por medio de la palabra de Dios. En este proceso, es importante diferenciar entre los pecados que han causado las heridas del pasado y los pecados después de conocer a Cristo para una sanidad interior efectiva
   La palabra de Dios nos habla que Jesús pagó para liberar nuestro ser total: espíritu, alma y cuerpo. Recuerde que Él le liberó del pecado original. Cristo, siendo el segundo Adán, lo hizo realidad. La sangre de Jesucristo es efectiva y poderosa para limpiar los pecados cometidos a diario.
   La sanidad interior es para sanar los traumas del pasado, y el presente se tiene que vivir sin pecado porque sin santidad nadie verá al Señor. Pablo se dio cuenta que dentro de él estaba el mal, pero eso no tiene nada que ver con la sanidad interior.
"Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos». Lucas 4.18
   La palabra quebrantar significa: romper, separar con violencia las partes de un todo; en el caso de un corazón, es uno que un corazón que está hecho pedazos por causa de las heridas. Jesús vino al mundo para tomar cada pedazo de su corazón y todo aquello de su vida que está roto para ponerlo junto y sanar toda herida, rechazo, amargura, falta de perdón, culpabilidad y lo que sea que esté afectando su vida de forma negativa.
¿Por qué los creyentes necesitan sanidad interior?
    Hay muchos creyentes que han nacido de nuevo, irán al cielo, son hijos de Dios y el Espíritu Santo vive en ellos. Sin embargo, siguen atados al pasado y a las heridas recibidas; continúan atados a vicios y son víctimas de la depresión, dejándose dominar por sentimientos de rechazo, complejos de inferioridad, ataduras sexuales, temores, inseguridades, y además, arrastran maldiciones generacionales; por esa razón, necesitan recibir la sanidad interior y la liberación.
La importancia de enfrentar la verdad
«Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: -Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Juan 8.31, 32
   Cuando intenta esconderse detrás de la puerta del dolor (las emociones heridas), va a tener que regresar a través de la misma puerta para adquirir su libertad. ¿Se está escondiendo porque la verdad es muy dolorosa? Cada área a liberar va a requerir enfrentar o ver una verdad, la cual siempre trae dolor con ella; pero recuerde que ésa es su salida a la libertad integral de su ser.
¿Cuál es el propósito de la sanidad interior?
   La sanidad interior está relacionada con la persona y su pasado. En la vida emocional, no hay tiempo ni espacio. Lo que afectó a la persona en el pasado, haya sido en su niñez o en su vida adulta, tiene vigencia en el presente. Hay un dicho en el mundo que dice que el tiempo borra las heridas, pero eso es una mentira porque Jesús es el único que vino a sanar los corazones quebrantados. Jesucristo pagó, por completo, por aquellos que vienen con heridas del pasado. Él les sana y les da una libertad completa.
«¿Quién ha creído a nuestro anuncio y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, como raíz de tierra seca. No hay hermosura en él, ni esplendor; lo veremos, mas sin atractivo alguno para que lo apreciemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en sufrimiento; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, ¡pero nosotros lo tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios! Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados». Isaías 53.1-5
   Las distintas etapas de nuestras vidas, en las cuales podemos recibir heridas, son las siguientes:
   En la edad prenatal, en la niñez, en la adolescencia, en la edad adulta y en la etapa matrimonial.
   La palabra de Dios nos enseña en el libro de Génesis 3.15 lo siguiente: «Y pondré enemistad entre tu simiente y la simiente suya, ésta te herirá en la cabeza y tú Ir herirás en el calcañar».
   El deseo del enemigo es herir a las personas de todas las formas y en todas las etapas de su vida. Él lo Intentó con el Señor Jesucristo y lo intenta con cada uno de nosotros día tras día, sin descansar.
   Todos hemos sido heridos en alguna etapa de nuestra vida y hemos entendido que, al venir a Jesús, todas las heridas no se sanarán por sí solas. Esto implica que hay que pasar por un proceso llamado sanidad interior y liberación, por medio del cual Dios nos restaura de las cosas del pasado.
   No podemos esperar que el tiempo borre las heridas, porque eso no sucederá. Solamente la sanidad interior, por medio de la Palabra y la unción del Espíritu Santo, nos hará libres. ¡Amén!

Bibliografia.
Guillermo Maldonado. Sanidad Interior y Liberación. Sexta edición 2006.